Gerardo Wadel posee una larga y rica trayectoria de actividad académica y de reflexión profunda sobre la sostenibilidad y la edificación, que incluye el análisis de ciclo de vida de los edificios, el impacto ambiental de los materiales, el ciclo del agua en el edificación, la eficiencia energética y el cierre de los ciclos de materiales.
Desde 2012 dirige el área de investigación y desarrollo y calidad de la empresa La Casa por el Tejado, especializada en la extensión vertical de edificios, una actividad que en los próximos años podría cambiar en buena medida el paisaje urbano en las alturas. Pero como Wadel explica en esta entrevista, hay mucho más que estética en esta actividad innovadora.
¿Cuál es el origen de la empresa La Casa por el Tejado y cómo y cuándo surgió su idea motriz?
Se trata de una idea surgida de la experiencia del despacho de arquitectos Tesgat, que el fundador y gerente de La Casa por el Tejado, Joan Artés, comparte con Oriol Cugat. En los años previos a la creación de la empresa, este estudio había desarrollado proyectos de áticos en Barcelona y Palma de Mallorca, de los cuales uno de los más conocidos es Paseo de Gracia 100. La visión sistemática, es decir, la que engloba visión de ciudad, proceso completo, sistema constructivo y modelo de negocio, se desarrolla en la empresa actual
¿Cómo se podría describir el tipo de vivienda que se instala? ¿Cuáles serían sus rasgos más importantes?
Nosotros decimos que hacemos casas en altura, es decir trasladamos conceptos como vistas anchas, luz natural, derecho al sol, presencia de verde, aire libre, terrazas y patios, en el centro de la ciudad, donde habitualmente no están. No se trata de pisos, son áticos que completan y mejoran los edificios donde se instalan. Los completan, igualando alturas con los vecinos y aportando una ‘quinta fachada’ habitualmente olvidada. Los mejoran, ya que en cada intervención se renuevan fachadas, se instalan ascensores, se rehabilitan patios, etc.
¿Hay dificultades de tipo legal-jurídico para este tipo de instalaciones o esta cuestión está resuelta?
No hay dificultades, pero sí un proceso laborioso. Empezamos por detectar la edificabilidad vacante en la parte superior de las fincas de áreas del Eixample (En Barcelona hay 1.800 detectadas y registradas en una base de datos propia), quienes son sus propietarios, las posibilidades que presentan según la normativa urbanística y de edificación. Adquirimos, a un propietario o a una comunidad de vecinos, el derecho de vuelo o ‘solar en altura’. A partir de aquí formulamos un proyecto arquitectónico que debe ser aprobado por el ayuntamiento.
¿Qué puede ganar una finca acogiendo una de estas realizaciones?
La adquisición del derecho de vuelo aporta mejoras al edificio y a los vecinos, que reciben una parte del dinero directamente. La parte dedicada a obras permite acciones como la prolongación o instalación de ascensor, la rehabilitación de fachadas, patios y zonas comunes, la renovación de instalaciones colectivas, la incorporación de una cubierta verde, la mejora en la protección de incendios, la eliminación de barreras arquitectónicas, etc. Los edificios se ponen al día, pasan las inspecciones técnicas, y reducen el gasto energético.
¿Cómo se garantiza que la finca en la que se instala la nueva vivienda no tendrá problemas en relación al peso añadido?
El proyecto constructivo, tanto en la finca existente como la parte que crece verticalmente, está desarrollado por técnicos competentes, cumple la normativa de seguridad estructural y es verificado por la autoridad municipal. Se utiliza un sistema constructivo industrializado muy ligero y se refuerzan las estructuras. Habitualmente se saca más peso del que se añade, por ejemplo elementos constructivos innecesarios, o se pone un poco más de peso de lo que se aporta, demostrando que el edificio y el subsuelo lo soportan.
¿Cuál es el proceso habitual de trabajo que lleva de la identificación de un posible lugar para una intervención hasta su materialización?
Se empieza por detectar, caminando por la ciudad, edificios que presenten un potencial de extensión vertical, que no hayan llegado a la altura y el número de plantas que la normativa permite. Se verifica que este volumen de posible sobreelevación exista, que no hayan impedimentos legales o técnicos. Se identifica a los propietarios, se estudia la finca y se hace una preevaluación sobre qué y cómo se puede construir. Se realizan reuniones con la propiedad única o la comunidad de copropietarios. Y se inicia un proceso de negociación.
¿Ha sido difícil vender esta idea en el mercado? ¿Qué recibimiento ha tenido su propuesta entre propietarios y comunidades de vecinos?
Hubo una buena acogida desde el principio: la innovación y la creación de actividad económica en el sector de la construcción siempre despierta interés. Naturalmente, había gente que decía que eso de construir sobre construido era bastante difícil e improbable. Con cinco obras, ocho licencias de obra en curso y quince derechos de vuelo en adquisición para construir el 2015, ha quedado claro que se puede y que es bueno para todos. Las comunidades de vecinos tardan en ponerse de acuerdo, es natural, pero ahora es mucho más sencillo que al principio.
¿Desde este punto de vista hay mucho potencial en las ciudades de nuestro país para extender este modelo de negocio?
Sí, la base de datos de La Casa por el Tejado registra actualmente, básicamente en las ciudades de Barcelona, Madrid, Pamplona, Bilbao y San Sebastián, unas 2.500 fincas con edificabilidad vacante en áreas centrales. Un millón de metros cuadrados, unos 9.000 viviendas estándar, unos 35.000 habitantes potenciales. Y sólo con la exploración hecha hasta ahora, en unos barrios de unas ciudades. Naturalmente, no todo es construible pero esto hace pensar que, con población estabilizada, podríamos dejar de extender nuestras ciudades.
Su apuesta es por la construcción industrializada. ¿Cuáles son sus ventajas?
Por un lado, la ligereza y la rapidez, que se reducen a la tercera parte respecto de la construcción convencional. Peso adecuado, obras que duran y molestan menos. Por otro, una calidad constructiva y unas condiciones de trabajo, para los operarios, superiores. El trabajo en el taller hace posible estas mejoras. Pero, quizás, la parte más importante es la que está por llegar: la evolución del sistema constructivo, empleando materiales con menos energía de fabricación, reciclados, naturales, reutilizables.
Teniendo en cuenta el ecosistema urbano, qué efectos puede tener esta reinvención de las cubiertas?
La cubierta de los edificios se mantiene, pero sube de nivel. Tanto si es colectiva como si es privada, la intervención de La Casa por el Tejado permite rediseñarla, sacar los elementos abandonados, reordenar las instalaciones y aportar una nueva superficie verde que absorbe polvo, retiene y libera agua de lluvia , da cobijo a especies vegetales y animales pequeños, se integra en corredores o áreas verdes a escala urbana y reduce el calor acumulado en la masa de los edificios, eso que llamamos efecto isla de calor ‘que es propio de las ciudades.
Históricamente las ciudades se han diseñado a nivel cero y a nivel subterráneo pero las cubiertas y azoteas se han desarrollado sin control. ¿Veremos un urbanismo de las alturas en las próximas décadas?
Sí, y no sólo por nuestras intervenciones. Hay movimiento en este sentido por parte de administraciones públicas, colectivos sociales, vecinos y comunidades, profesionales de la edificación, etc., que impulsa cambios en nuestros tejados, ahora mismo desaprovechados, abandonados o colonizados por instalaciones. Comienza un cambio de uso de las cubiertas para alojar actividades sociales de los vecinos, espacios comunitarios exteriores, huertos urbanos, superficies vegetales, captación de energía renovable. Tenemos un buen clima, las cubiertas nos esperan.
De forma sintética, ¿cuáles son los beneficios de extender verticalmente los edificios, especialmente para la gente?
Los vecinos del edificio ven mejorar su casa y reciben dinero. Mejora la vida cotidiana. Los habitantes del barrio ven como se rehabilita una fachada, se igualan las alturas de los edificios, desaparecen medianeras desnudas, aumenta el verde. Mejora su hábitat. La gente de la ciudad dispone de una alternativa de vida, la casa en altura, que evita la marcha a las urbanizaciones lejanas, con el tiempo y el coste de los desplazamientos. Aprovechamos infraestructuras, no ocupamos más territorio, reducimos impactos ambientales.
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