Científicos estadounidenses tratan con éxito a una niña con tuberculosis

La resistencia a los fármacos más conocidos contra la TB hacen que sea especialmente difícil tratar a cualquier persona, pero más aún a los niños, según destaca el equipo de Johns Hopkins, con sólo un puñado de casos de niños menores de 5 años descritos en la literatura médica mundial.

Especialistas del Centro Infantil Johns Hopkins, en Baltimore, Maryland, Estados Unidos, informan que han tratado y llevado a la remisión a una niña de 2 años, que ahora ya tiene 5 años, con una forma muy virulenta de la tuberculosis conocida como tuberculosis extremadamente resistente a los medicamentos (XDR TB). El caso, dicen los investigadores, proporciona el primer informe detallado de un pequeño de corta edad en Estados Unidos diagnosicado y tratado por XDR TB.

La resistencia a los fármacos más conocidos contra la TB hacen que sea especialmente difícil tratar a cualquier persona, pero más aún a los niños, según destaca el equipo de Johns Hopkins, con sólo un puñado de casos de niños menores de 5 años descritos en la literatura médica mundial. A pesar del éxito, los científicos dicen que el caso de esta niña pone de relieve la naturaleza cambiante de la forma de una bacteria cada vez más resistente a los medicamentos y los graves desafíos de vigilar y tratar la tuberculosis pediátrica.

«Estamos encantados de que nuestro paciente vaya tan bien –dice el pediatra y experto en TB del Centro Infantil Johns Hopkins Sanjay Jain–. Pero al mismo tiempo, se trata de una llamada de atención a la realidad de la tuberculosis». En un artículo sobre el caso, publicado en la edición digital de este lunes de ‘The Lancet Infectious Diseases’, el equipo describe los obstáculos a los que se enfrentaron durante todo el tratamiento de la niña junto con varias «perlas» de la sabiduría clínica recogidas de la terapia.

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Se estima que ‘Mycobacterium tuberculosis’, la bacteria responsable de la tuberculosis, causa cerca de diez millones de nuevos casos de la enfermedad de la tuberculosis en todo el mundo cada año, con rápida propagación cepas resistentes a las terapias con medicamentos. Los expertos calculan que un millón de niños desarrollan TB cada año, pero el número real puede ser mayor por la dificultad de confirmar el diagnóstico en un niño.

«La tuberculosis resistente a los medicamentos es una enfermedad de enormes proporciones para diagnosticar y tratar en cualquier persona, pero en un niño, es infinitamente más», afirma Nicole Salazar-Austin, coautor del informe e investigador en enfermedades infecciosas pediátricas en la Escuela de Medicina de la Universidad Johns Hopkins.

Las principales dificultades en este caso, como detallan Jain y sus colegas, surgieron de la falta de herramientas de diagnóstico rápidas y fiables para detectar y realizar un seguimiento de las formas de la enfermedad resistentes a los medicamentos, la falta de marcadores fiables para ayudar a monitorear la respuesta al tratamiento farmacológica y la carencia de formulaciones pediátricas de fármacos que se adapten a las necesidades fisiológicas y metabólicas de los niños.

Los niños con TB albergan muchas menos bacterias de la tuberculosis en sus cuerpos que los adultos, según Jain, lo que puede hacer que los resultados de las pruebas iniciales no sean concluyentes, generan una lectura de falsos negativos y den lugar a importantes retrasos en el diagnóstico. El diagnóstico puede ser complicado incluso por las técnicas de laboratorio poco fiables que pueden tardar semanas en obtener resultados definitivos.

La niña tratada por estos expertos fue llevada al Hospital Johns Hopkins para la evaluación de una fiebre implacable y un malestar a su regreso de India, donde ella y un hermano pasaron tres meses. Una batería inicial de pruebas, incluyendo una muestra de la garganta y de la orina y análisis de sangre, no mostró evidencia de infección, pero una radiografía de tórax reveló una mancha sospechosa en un pulmón, proporcionando una pista reveladora.

Pediatras Johns Hopkins realizaron entonces una aspiración gástrica, un procedimiento para recuperar el moco ingerido en el intestino. La prueba es de uso frecuente en los niños pequeños porque no pueden expulsar suficientes mocos desde lo profundo dentro de los pulmones –el epicentro de la enfermedad– para adquirir una muestra de prueba.

A pesar de que los resultados de las pruebas iniciales salieron negativos, los pediatras Johns Hopkins siguieron su corazonada y continuaron adelante con el tratamiento preventivo de la tuberculosis de todos modos. «Los resultados preliminares de las pruebas son muy poco confiables y este caso proporciona una ilustración perfecta de la necesidad de técnicas más rápidas y más confiables», alerta Jain.

De hecho, cuatro semanas después de la muestra inicial, los resultados sugirieron la existencia de la enfermedad de la TB. Los síntomas de la niña mejoraron rápidamente con el tratamiento estándar de la TB, pero una nueva radiografía reveló signos de inflamación pulmonar persistente, lo que subraya la idea de que los síntomas clínicos en niños con TB pueden ser engañosos, subraya Jain.

Repetidas pruebas de laboratorio mostraron en última instancia que la niña apdecía XDR TB. En total, la identificación concluyente de la tuberculosis resistente a los medicamentos costó 12 semanas, tiempo durante el cual la patología empeoró, con el regreso de la fiebre. Una tomografía computarizada reveló empeoramiento de la inflamación pulmonar y otro hallazgo más preocupante: manchas que muestran que el tejido pulmonar se estaba muriendo.

Los médicos iniciaron un nuevo tratamiento combinado con cinco fármacos más vitamina B6, pero se enfrentaron a otro obstáculo: la inexistencia de una manera rápida y confiable de monitorizar cómo las bacterias respondían al cóctel farmacológico. Las pruebas de laboratorio podrían llevar semanas y los síntomas clínicos serían un mal indicador de la respuesta al tratamiento, según el equipo, por lo que optaron por combinar la técnica de la TC y PET para rastrear el comportamiento de la tuberculosis en tiempo real.

Usando una adaptación de baja radiación de la técnica de imágenes para niños, Jain y sus colegas realizaron tomografías computarizadas repetidas durante más de seis meses, averiguando rápidamente el progreso de la enfermedad. «En ausencia de biomarcadores fiables para la tuberculosis pediátrica, la necesidad de lecturas rápidas sobre la respuesta al tratamiento y los peligros del fracaso del tratamiento, vimos que una tomografía computarizada era la mejor opción», relata Jain.

El enfoque de imagen, según Jain, desafió el dogma clínico que las pruebas de imagen siempre se quedan atrás de los síntomas físicos, ya que en este caso, lamejoría de los síntomas se produjo semanas después de que las tomografías computarizadas sugirieran la disminución de la inflamación pulmonar y recuentos bacterianos más bajos.

Dada la buena salud general de la niña y el hecho de que su enfermedad está en remisión completa, el equipo de Johns Hopkins dice que es poco fiable una reactivación de la infección, pero continuarán siguiendo a la pequeña durante otros dos años más o menos. Todos los miembros de la familia, entre ellos su hermano, permanecen sin infección.

 

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