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miércoles, febrero 1, 2023

Bonos de carbono pueden financiar cocinas mejoradas en México

Para consumir menos madera y abatir los problemas respiratorios que causa el humo de los fogones tradicionales, dos organizaciones no gubernamentales desarrollaron cocinas a leña eficientes en el municipio de Felipe Carrillo Puerto

Organizaciones ecologistas de México buscan que la implantación de cocinas a leña eficientes, que reducen la contaminación climática, se financie mediante la venta de bonos de carbono en los mercados voluntarios.

Para consumir menos madera y abatir los problemas respiratorios que causa el humo de los fogones tradicionales, dos organizaciones no gubernamentales desarrollaron cocinas a leña eficientes en el municipio de Felipe Carrillo Puerto, en el sudoriental estado de Quintana Roo.

«En la región, la mayor parte de familias rurales usan leña. Empezamos con una serie de talleres para saber qué tipo de estufas hay en el país», dijo a Tierramérica la coordinadora de ecoturismo y ecotecnias Dulce Magaña, de U’yo’olché (“retoño de árbol” en lengua maya), responsable de la iniciativa junto al Fondo Mexicano para la Conservación de la Naturaleza (FMCN).

U’yo’olché, fundada en 1999, se dedica al manejo forestal comunitario, el ecoturismo y el monitoreo de la biodiversidad en Quintana Roo y en los estados vecinos de Yucatán y Campeche.

El esfuerzo arrancó en 2006 con el reparto de cocinas Patsari, uno de los modelos más comunes en México, hecho de arcilla y cuya fabricación cuenta con subsidios federales y estaduales.

Pero la arcilla es escasa en la región. Entonces la organización hizo una adaptación técnica para elaborar el modelo Túumben K’óoben (fogón nuevo), echando mano a materiales locales: tierra blanca, jugo de nopal, cal y cáscara de elote.

El diseño básico es una estructura hueca de ladrillo y cemento, una cámara de combustión donde se coloca la leña, dos o tres fogones metálicos y una tubería para la salida del humo.

Ya se entregaron más de 2.000 cocinas mejoradas, la mitad de ellas con el nuevo modelo. Y el paquete incluye una olla solar.

Trece por ciento de los casi 117 millones de habitantes de este país usan leña para cocinar. Se estima que el consumo de esa biomasa es de 2,5 kilogramos diarios por persona.

Y cada año se producen 4.000 muertes por enfermedades relacionadas con el humo en el hogar, según la Alianza Global para Estufas Limpias, una red de gobiernos, universidades, empresas y organizaciones no gubernamentales.

Con «la entrega y capacitación en el uso de ollas solares y estufas ahorradoras, se ha logrado reducir el consumo de leña en comunidades rurales del país», dijo a Tierramérica el director general del FMCN, Lorenzo de Rosenzweig.

Se consume menos madera y se elimina el humo, también se reducen los riesgos de accidentes, la economía familiar mejora, las mujeres disponen de más tiempo para otras actividades, como educación y trabajo, y todo eso repercute en que los derechos femeninos se fortalecen y se eleva la calidad de vida.

Además, Un fogón tradicional emite 7,14 toneladas de dióxido de carbono (CO2) por año, mientras una olla solar y una ecoestufa ahorran hasta cuatro toneladas en el mismo período, según FMCN.

«Los proyectos de cocinas pueden ser exitosos. Algunos han logrado un desarrollo estable. Los componentes cruciales son el modelo, que se adapte a las necesidades de los usuarios, la calidad de los materiales y el seguimiento a la adopción de la tecnología”, indicó a Tierramérica el gerente regional para las Américas de la fundación The Gold Standard, Iván Hernández, con sede en Ginebra.

Esa organización certifica proyectos de energía renovable, eficiencia energética, manejo de residuos y de bosques. En América Latina avaló 63 iniciativas. Nueve por ciento de ellas emitieron créditos equivalentes a entre 150.000 y 200.000 toneladas de CO2, dijo Hernández. México no cuenta con más de cuatro de esos proyectos.

Esos créditos se emiten para una actividad que demuestra una reducción concreta y medible de CO2. Los papeles se comercializan en el mercado. El comprador, a la vez que financia el proyecto limpio que le dio origen, demuestra con los bonos que ha contribuido al recorte global de gases que recalientan la atmósfera.

El esquema Utsil Naj (casa saludable para todos), un programa que ayuda a diversos actores de América Latina a acceder al mercado de carbono para difundir tecnologías apropiadas, acepta actividades como estufas ahorradoras, cocinas y calentadores solares, paneles fotovoltaicos e invernaderos y abarca también a Guatemala, El Salvador, Honduras y Perú.

Para los emprendimientos mexicanos los mercados voluntarios de carbono de Estados Unidos, Brasil, Chile, Australia o Japón pueden ser mejores alternativas que los obligatorios previstos en el Mecanismo de Desarrollo Limpio (MDL) del Protocolo de Kyoto.

Ese acuerdo, vigente desde 2005 y extendido a 2020, permite a las naciones industriales que están obligadas a abatir su contaminación climática, invertir en proyectos para reducir emisiones de gases invernadero en los países en desarrollo a fin de compensar las que no lograron recortar en su propio territorio.

A partir de este año, México solo puede comercializar bonos en Europa de proyectos registrados ante el MDL hasta 2012, así que los esquemas voluntarios pueden ser una buena opción.

“Con los bonos podemos obtener ingresos para dar mantenimiento o hacer acciones con mujeres, como acceder a otras técnicas, y dar seguimiento y monitoreo de las estufas”, previó Magaña.

U’yo’olché está por medir la adopción de esta técnica entre sus usuarias. Cada aparato cuesta unos 162 dólares. Mediante un microcrédito sin intereses, la compradora paga unos ocho dólares semanales o puede optar por pagar una parte y que una organización financie el resto, según Magaña.

El proyecto sería el segundo de cocinas mejoradas en el mundo con el sello The Gold Standard que negocia bonos en el mercado internacional, luego del peruano Qori Q’oncha, también presentado por Utsil Naj y que emite créditos por unas 100.000 toneladas de CO2.

“Los recursos serán reinvertidos para ampliar la cobertura y capacitar a líderes comunitarios. Una vez en marcha y con resultados se replicará con socios en otras regiones de México”, adelantó De Rosenzweig.

Hernández cree que “muchas regiones y países han tomado iniciativas individuales o bilaterales para un posible intercambio de reducción de emisiones. La combinación con mercados voluntarios va a ser clave en el desarrollo de estos nuevos mecanismos».

http://www.tierramerica.info/ – PNUMA – ECOticias.com

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