Analizan un lago salado y encuentran un ser vivo que no debería estar ahí: la prueba que desafía lo que sabíamos

Publicado el: 6 de febrero de 2026 a las 15:29
Síguenos
Imagen microscópica del nematodo Diplolaimelloides woaabi hallado en el Gran Lago Salado de Utah.

Un lago casi cinco veces más salado que el océano, un fondo cubierto de estructuras de microbios y un animal diminuto que no debería estar ahí. Ese es el escenario del último hallazgo en el Gran Lago Salado, en Utah, donde un equipo de biólogos ha descrito una nueva especie de nematodo que solo vive allí y que se ha convertido en el tercer grupo animal capaz de soportar esas aguas extremas.

El gusano, de menos de milímetro y medio de longitud, ha sido bautizado como Diplolaimelloides woaabi. El nombre se eligió junto a la Northwestern Band of the Shoshone Nation y procede de la palabra indígena “wo’aabi”, que significa “gusano”, en reconocimiento a que el lago se asienta en sus tierras ancestrales.



Un ecosistema extremo que escondía más vida

Hasta hace muy poco los manuales sobre el Gran Lago Salado repetían la misma idea. En esas aguas hipersalinas solo viven artemias (los conocidos “gambusinos” o brine shrimp) y moscas de salmuera, base de alimento para millones de aves migratorias que paran allí en sus rutas. Con la llegada de D. woaabi, la lista de animales se amplía por fin.

El equipo liderado por la bióloga Julie Jung encontró los nematodos entre 2021 y 2022 al muestrear unas estructuras muy peculiares del fondo del lago, las microbialitas. Son montículos sólidos construidos por comunidades de microbios que pueden medir cerca de un metro de diámetro y que actúan como arrecifes en miniatura, refugio de bacterias y otros organismos.



En el sur del lago la salinidad ronda el quince por ciento y en el norte puede acercarse al treinta, valores que colocan al Gran Lago Salado entre los cuerpos de agua más salados del planeta. En estas condiciones la mayoría de los invertebrados se deshace en cuestión de minutos. Los nematodos del lago, en cambio, sobreviven semanas en agua de la misma salinidad, mientras que especies de laboratorio como Caenorhabditis elegans mueren casi al instante.

El nuevo gusano del lago y el misterio de su origen

Una vez en el laboratorio, los investigadores combinaron microscopía avanzada con análisis genéticos. El resultado fue claro. Las secuencias de ADN y la anatomía de machos y hembras encajaban con el género Diplolaimelloides, un grupo de nematodos que suele aparecer en zonas costeras marinas y aguas salobres, no en un lago interior a más de mil kilómetros del océano.

Además, los datos apuntan a que no hay una sola población. El equipo ha detectado al menos dos linajes diferenciados dentro de las muestras, y los autores hablan abiertamente de la posibilidad de que exista una segunda especie aún sin describir. El propio Michael Werner, coautor del trabajo, explica que “a simple vista es difícil distinguirlos, pero genéticamente se ven al menos dos poblaciones en el lago”.

¿Cómo ha llegado un nematodo típico de ambientes costeros a un lago salado en mitad de Norteamérica. Los científicos manejan dos explicaciones que suenan casi a ciencia ficción, pero que encajan con la geología y la biología de la zona. Una opción es que sean restos vivos de un antiguo mar interior que ocupaba esa región en tiempos del Cretácico y cuyos organismos quedaron atrapados cuando se levantó la meseta del Colorado. La otra hipótesis es que los gusanos viajaran pegados a las plumas de aves migratorias desde otros lagos salinos, quizá en Sudamérica.

Termómetro biológico de un lago en crisis

Más allá de la curiosidad, lo que importa a los gestores ambientales es qué puede decir este gusano sobre la salud del lago. Los nematodos son uno de los grupos animales más abundantes del planeta y se utilizan desde hace años como bioindicadores, porque su presencia, su diversidad y los lugares donde aparecen responden muy rápido a cambios de salinidad, contaminación o alteraciones del sedimento.

El Gran Lago Salado lleva décadas bajo presión por la combinación de derivaciones de agua para riego y consumo humano y una sequía prolongada. Estudios recientes alertan de que el nivel del agua ha caído hasta mínimos históricos y que más de la mitad de las microbialitas llegó a quedar al aire, secándose y perdiendo parte de la comunidad microbiana que sostenía la cadena trófica.

En este contexto, tener un animal tan sensible incrustado en esas estructuras actúa casi como un chivato biológico. Si las microbialitas empiezan a morir o la química del agua cambia de forma brusca, los nematodos serán de los primeros en notarlo. Como resume el nematólogo Byron Adams, cuando solo unos pocos organismos pueden aguantar en ambientes tan extremos, cualquier cambio en ellos se convierte en una señal clara de cómo de sano está el ecosistema.

Para la comunidad científica, Diplolaimelloides woaabi ofrece algo más. Es una pieza nueva en el rompecabezas de cómo se organizan las redes ecológicas en lagos salinos al borde del colapso y hasta dónde puede llegar la vida animal en términos de salinidad. Para los gestores y para las aves que dependen del lago, puede convertirse en un indicador temprano de peligro, algo así como el “canario en la mina” adaptado al siglo veintiuno.

El estudio completo en el que se describe esta nueva especie y se analiza su papel potencial como bioindicador se ha publicado en la revista Journal of Nematology.

Imagen autor

ECOticias.com El periódico verde

Equipo editorial de ECOticias.com (El Periódico Verde), integrado por periodistas especializados en información ambiental: naturaleza y biodiversidad, energías renovables, emisiones de CO₂, cambio climático, sostenibilidad, gestión de residuos y reciclaje, alimentación ecológica y hábitos de vida saludable.

Deja un comentario