Anna Luísa Beserra, la joven científica que ha creado un sistema para transformar agua sucia en potable con la ‘desinfección solar’: «Vi que la solución podía ser increíblemente sencilla»

Publicado el: 20 de febrero de 2026 a las 07:54
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Anna Luísa Beserra junto al sistema Aqualuz para desinfectar agua con energía solar en Brasil.

En un planeta donde más de 2 200 millones de personas siguen sin acceso a agua potable gestionada de forma segura, una parte de la respuesta llega desde una azotea de chapa en el nordeste de Brasil. Con solo 15 años, una estudiante de secundaria imaginó un dispositivo sencillo que usara el sol para desinfectar el agua de lluvia. Hoy Aqualuz es una realidad que ya utilizan de forma estable más de 10 000 personas y que alcanzó a 40 000 solo en 2024.

¿Qué significa esto para una familia que recoge el agua de lluvia en una cisterna al lado de casa y no se puede permitir garrafas embotelladas cada semana? En muchas zonas rurales del semiarido brasileño, más de un millón de personas dependen de depósitos de hormigón donde el agua se almacena durante meses y se contamina con bacterias y otros microorganismos. La diarrea ligada al agua insalubre sigue siendo una de las principales causas de muerte infantil en el mundo, por lo que cualquier avance en este frente tiene un impacto directo en la salud y en el bolsillo de las comunidades.



Cómo funciona Aqualuz en la práctica

Aqualuz se basa en una tecnología conocida y recomendada por la OMS, la desinfección solar del agua. El sistema extrae el agua de la cisterna hacia una bandeja poco profunda cubierta por una lámina transparente. Allí el líquido se expone a la radiación solar y al calor durante varias horas, lo suficiente para inactivar bacterias y otros patógenos sin necesidad de electricidad ni productos químicos.

Cuando el proceso termina, un pequeño indicador cambia de color y avisa de que el agua es segura para beber. En días soleados, la desinfección se logra en un intervalo aproximado de entre dos y seis horas, según la intensidad de la radiación y la temperatura del agua. El diseño está pensado para durar alrededor de 20 años y el coste estimado de tratar diez litros ronda unos dos céntimos de dólar, una cifra muy baja si se compara con el precio de las botellas en cualquier tienda rural.



La parte científica no se ha quedado atrás. Un estudio publicado en la revista AQUA evaluó el rendimiento de Aqualuz en condiciones reales del semiarido brasileño. Los autores comprobaron que exposiciones de entre dos y cuatro horas, con radiación solar moderada, bastaban para eliminar Escherichia coli en muestras de cisterna y que el sistema podía alcanzar reducciones de hasta mil veces en la concentración de la bacteria en un rango de una coma ocho a cinco coma seis horas, según el municipio.

De una idea adolescente a una red de soluciones solares

La creadora de Aqualuz suele resumir el origen del proyecto en un pensamiento sencillo. Si ella entendía de niña cómo funcionaba la desinfección solar, cualquiera podría aprenderlo. De ahí salió su frase de cabecera, «tengo que hacerlo realidad», que la llevó a transformar un trabajo escolar en una tecnología instalada ya en varios estados brasileños.

Con el tiempo fundó la empresa social SDW For All, que desarrolla soluciones de agua y saneamiento para zonas rurales. Además de Aqualuz, el equipo ha diseñado Aquasalina, que aprovecha la luz solar para desalinizar agua, Aquafilter, un sistema de filtración para comunidades de hasta cien personas, y Aquatorre, pensado para escuelas y lugares sin infraestructura hídrica.

Aquí aparece un matiz clave que la propia inventora repite a menudo. Al principio todo se apoyaba en artículos científicos y en laboratorio, pero las visitas al terreno le hicieron cambiar de enfoque. Conocer a madres que gastaban buena parte de sus ingresos en agua embotellada para evitar que sus hijos enfermaran le dejó claro que la tecnología solo funciona si se adapta al día a día de quienes la usan.

Comunidades protagonistas y un futuro que mira a otros continentes

Aqualuz no llega como un aparato que se instala y se olvida. El proyecto forma y contrata a técnicos locales que participan en la instalación, el mantenimiento y el seguimiento de los resultados, incluida la reducción de enfermedades transmitidas por el agua. Esa decisión convierte la tecnología en una herramienta compartida y no en algo impuesto desde fuera, y mejora las probabilidades de que se mantenga en el tiempo sin depender de visitas puntuales de equipos externos.

La iniciativa forma parte del programa Green Citizens de UNESCO, que visibiliza soluciones ciudadanas frente a retos como el cambio climático o la escasez de agua. La hoja de ruta pasa por llevar estas tecnologías a más comunidades de América Latina, África y Asia, en especial a regiones rurales donde la combinación de sequía y pobreza hace que cada gota cuenta.

No es una solución mágica ni sustituye a las redes de agua potable que muchos gobiernos siguen teniendo pendientes, pero muestra cómo la energía solar, aplicada con criterio y con participación local, puede aliviar en buena medida un problema tan básico como beber sin enfermar. En un contexto de crisis climática, ideas de este tipo apuntan a una transición hídrica más justa y resiliente, empezando por los que históricamente se han quedado al margen.

El reportaje completo y la entrevista con la inventora de Aqualuz han sido publicados en la página oficial de la UNESCO.

Imagen autor

Adrián Villellas

Adrián Villellas es ingeniero informático y emprendedor en marketing digital y ad tech. Ha liderado proyectos de analítica, publicidad sostenible y nuevas soluciones de audiencia. Colabora además en iniciativas científicas ligadas a la astronomía y la observación espacial. Publica en medios de ciencia, tecnología y medioambiente, donde acerca temas complejos y avances innovadores a un público amplio.

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