Bajo la frontera entre Nevada y Oregón se esconde algo más que un paisaje desértico. Geólogos han confirmado que la caldera volcánica de McDermitt alberga la mayor acumulación de litio conocida en la Tierra, un tesoro mineral valorado en unos 413.000 millones de euros que puede reordenar el mapa de la energía limpia.
Detrás de la batería del móvil, del coche eléctrico y de esa factura de la luz está un metal ligero que casi nunca vemos. El vehículos eléctricos, el almacenamiento de renovables y buena parte de la electrónica diaria.
Según un estudio en la revista Science Advances de 2023, los sedimentos de este antiguo supervolcán podrían albergar entre 20 y 40 millones de toneladas de litio in situ. Son cifras comparables o incluso superiores a las del Salar de Uyuni en Bolivia, que se sitúan en torno a 10,2 millones de toneladas. De momento son estimaciones geológicas, no reservas listas para explotar.
La clave no es solo cuánto litio hay, sino cómo está concentrado. Las arcillas de McDermitt alcanzan niveles muy poco habituales. El propio trabajo describe arcillas de illita con entre 1,3 y 2,4 por ciento de litio en peso, frente a menos del 0,4 por ciento típico en otros depósitos de arcillas. En la práctica esto significa más metal por cada palada de arcilla y menos roca estéril que mover.
¿Cómo se ha formado algo así? El origen se remonta a hace unos 16 millones de años. Una erupción gigantesca expulsó alrededor de 1.000 kilómetros cúbicos de magma y dejó una caldera de unos 40 por 30 kilómetros que más tarde se llenó de un lago. El agua alcalina del lago deshizo las cenizas volcánicas y formó arcillas con litio, que después fueron aún más enriquecidas por fluidos hidrotermales vinculados a un resurgimiento del magma en la zona de Thacker Pass.
Las proyecciones de mercado citadas por los autores hablan de una demanda cercana al millón de toneladas de litio para 2040, unas ocho veces más que la producción de 2022. Para la industria un depósito masivo, poco profundo y con buenas leyes promete menos camiones moviendo roca, menos energía por tonelada producida y cadenas de suministro más cortas hacia las fábricas de baterías de Norteamérica.
Estados Unidos depende hoy de importaciones desde Sudamérica, China y otros países para alimentar sus fábricas. Un yacimiento de este tamaño, situado además cerca de polos industriales, podría darle un margen de maniobra importante. “Si se confirma su explotación a gran escala, este hallazgo puede convertir a Estados Unidos en un proveedor neto de litio y en un ancla para la transición energética, resume un geólogo del equipo.
Pero sobre el terreno la historia es bastante menos limpia. El proyecto de mina a cielo abierto en Thacker Pass se ha topado con fuerte oposición de comunidades indígenas y colectivos locales que ven la zona como paisaje sagrado y espacio de subsistencia. Hablan de “colonialismo verde” porque sienten que, en nombre del clima, se repiten viejas dinámicas de ocupación del territorio.
Desde el punto de vista ecológico los riesgos tampoco son menores. La extracción intensiva de arcillas puede degradar suelos, alterar acuíferos y movilizar metales pesados durante el procesado. Aunque este tipo de depósitos evita los enormes estanques de evaporación de los salares andinos y puede tener menores proporciones de residuos frente a roca útil, más limpio no significa inocuo.
Los tribunales federales estadounidenses han avalado parte de los permisos, pero los recursos legales y las protestas continúan. El resultado es un pulso que muestra hasta qué punto la licencia social puede ser tan determinante como la licencia minera.
¿Qué deberíamos exigir entonces a un proyecto que aspira a suministrar litio para la transición energética? Controles estrictos del agua, planes de restauración reales y no solo sobre el papel, trazabilidad ambiental creíble y acuerdos que repartan beneficios con el territorio. También transparencia en las relaciones con las comunidades y participación desde el diseño, no cuando las máquinas ya están trabajando.
En el fondo la caldera McDermitt se ha convertido en un laboratorio de algo más que geología. Es una prueba de fuego para saber si la economía verde puede alimentarse de minerales críticos sin repetir los errores del extractivismo clásico. El reloj del clima y el de los derechos ambientales y sociales corren a la vez, y conciliar ambos será la verdadera prueba de este supervolcán de litio.
El estudio científico original ha sido publicado en Science Advances.



















