Medio centenar de miembros de Ecologistas en Acción han revisado la situación de las marismas sevillanas de Doñana. Constatando la urgencia en la adopción de actuaciones encaminadas a recuperar aportes hídricos a la marisma, si se quiere mantener Doñana con un mínimo de biodiversidad.

El Guadiamar era el río de Doñana, aportando hasta el 60% de las aguas que llegaban a las marismas del Parque Nacional. Sin embargo, las transformaciones para la puesta en cultivo de miles de hectáreas al norte del Espacio Natural, mermaron drásticamente sus aportes mediante la desconexión con el río del conocido como caño Guadiamar que llevaba aguas hasta el corazón de la marisma. Desde entonces, este caño se encuentra seco la mayor parte del año al recibir exclusivamente los aportes de agua de lluvia que caen sobre el mismo.

Año a año solo empeoran las cosas

La situación en los últimos años ha ido a peor, las merma en las lluvias y la sobreexplotación del acuífero, limitan aún más la presencia de aguas en la marisma; ya no bastan los 200 litros caídos en diciembre para revertir la situación de sequía extrema que se viene arrastrando desde hace años, sequía que no es meteorológica, sino debida a la derivación de aguas a actividades ajenas a la conservación del Espacio Natural.

Los cultivos dependientes de los riegos del acuífero no han hecho más que crecer, apareciendo cientos de hectáreas de cultivos leñosos, como almendros, de reciente implantación. Desecar marismas para plantar almendros y regarlos con el agua que inundaba el parque nacional de Doñana, es un buen ejemplo del despropósito y la incoherencia de la política agraria en el entorno de Doñana.

Se confirma así la imperiosa necesidad de recuperar aportes hídricos mediante una actuación ambiciosa que pase por la recuperación de los ecosistemas ligados a estos cauces, que no puede limitarse, por tanto, a canales de conducción de aguas, sino a la renaturalización del espacio para conseguir sí más agua, pero también de mejor calidad.

Y para que sirva para el desarrollo de dinámicas fluviales que amplíen las zonas inundables actualmente desecadas y que permitan entradas masivas en momentos de avenida que limpien de sedimentos la colmatada marisma actual, favoreciendo el libre intercambio con el río Guadalquivir.

¿Hay esperanza para una Doñana seca?

A modo de última esperanza aparece una referencia a esta restauración en el proyecto de plan hidrológico, en la última versión que conocemos se habla de la adquisición de terrenos con derechos para la recuperación de las masas de agua en la zona de Doñana, con una inversión previa de 100 millones de euros. Y una inversión total de 370 millones de euros para el denominado Programa Marco de Doñana, esperemos se usen con determinación y ambición con base en exclusivos criterios ecológicos.

Sin esta ambición, en las actuaciones de recuperación del Guadiamar como río de Doñana, que esperamos se reflejen cuando se concreten las medidas del Programa Marco sobre Doñana que ha anunciado la ministra de Transición Ecológica, Doñana estará condenada a su extinción como reservorio de buena parte de la biodiversidad europea. Lo que la ha hecho merecedora de las más estrictas figuras de protección. Doñana sigue seca.