La imagen mental típica de un arrecife suele ser la de corales de colores y peces tropicales brillantes. Pero ahora sabemos que, bajo la luz adecuada, buena parte de esos peces literalmente se encienden. Dos nuevos estudios acaban de demostrar que la biofluorescencia en peces es un rasgo muy antiguo, que apareció hace al menos 112 millones de años en las anguilas y que ha evolucionado de forma independiente más de cien veces, sobre todo en especies ligadas a los arrecifes de coral.
Qué es realmente la biofluorescencia
La biofluorescencia ocurre cuando un animal absorbe luz de alta energía, normalmente azul o ultravioleta, y la vuelve a emitir como luz de menor energía, es decir, verde, amarilla o roja. No es lo mismo que la bioluminiscencia, donde el organismo genera su propia luz. Aquí la luz viene del entorno y el pez actúa como un filtro vivo.
Traducido a algo cotidiano, con la iluminación normal de la superficie vemos un pez “normal”. Con un foco azul y unas gafas con filtro especial, ese mismo pez se convierte en un cartel de neón submarino.
Un mapa global de peces que brillan
El equipo liderado por Emily Carr, de la Escuela de Posgrado Richard Gilder y el Museo Americano de Historia Natural, ha revisado todos los peces óseos conocidos capaces de biofluorescencia, los llamados teleósteos. El resultado es un catálogo de 459 especies fluorescentes, repartidas en 87 familias y 34 órdenes, incluyendo 48 especies cuya biofluorescencia no se había descrito hasta ahora.
Según sus análisis, el primer linaje que incorporó esta capacidad fueron las anguilas verdaderas, hace unos 112 millones de años. Desde entonces, el rasgo ha aparecido y desaparecido muchas veces a lo largo del árbol evolutivo de los peces, con más de cien orígenes independientes.
Carr lo resume así, en una frase que va muy al grano. “Para comprender realmente por qué y cómo estas especies utilizan esta adaptación única, ya sea para camuflarse, depredar o reproducirse, necesitamos entender la historia evolutiva subyacente, así como el alcance de la biofluorescencia tal como existe actualmente”.
Arrecifes de coral, un “Times Square” de luz
El patrón más llamativo es dónde se concentran estos peces luminosos. Casi tres de cada cuatro especies fluorescentes viven en arrecifes de coral o muy cerca de ellos. El estudio muestra que, en estas especies arrecifales, la biofluorescencia evoluciona unas diez veces más rápido que en los peces que viven fuera de los arrecifes.
Los autores apuntan a que los arrecifes, con aguas claras y mucha luz azul que penetra en profundidad, ofrecen el escenario perfecto. La combinación de corales fluorescentes, estructuras complejas que crean sombras y peces con buena visión del color genera un auténtico “laboratorio de luz” bajo el agua, que algunos investigadores comparan con un pequeño Times Square del océano.
En un momento en que los arrecifes están bajo una presión enorme por el calentamiento del mar, la acidificación y los episodios masivos de blanqueamiento, entender estas interacciones visuales no es solo curiosidad científica. También ayuda a dimensionar qué perdemos cuando el arrecife se degrada, desde hábitats físicos hasta sistemas de comunicación y camuflaje muy finos que dependen de esa luz azul que se está alterando.
Mucho más que verde fosforito
El segundo trabajo, publicado en PLOS One, se centra en los colores concretos que emiten los peces. El equipo midió los espectros de emisión de decenas de especies, usando focos azules y filtros científicos, en ejemplares recogidos durante más de diez años en lugares como las Islas Salomón, Bahamas, Groenlandia o Tailandia.
Lo que han visto es que la paleta es mucho más rica de lo que se pensaba. En algunas familias hay al menos seis picos de emisión distintos, lo que implica combinaciones de colores muy variadas. John Sparks, coautor del estudio, lo interpreta así. “La notable variación que observamos en una amplia gama de estos peces fluorescentes podría significar que estos animales utilizan sistemas de señalización increíblemente diversos y elaborados basados en patrones de emisión fluorescente específicos de cada especie”.
En la práctica esto puede servir para varias cosas. Camuflarse sobre un fondo de coral que brilla de forma parecida, enviarse señales entre individuos de la misma especie sin que otros depredadores las vean bien o reconocer posibles parejas en un entorno donde muchas especies se parecen bajo la luz blanca. No es poca cosa.
Qué significa todo esto para el futuro de los océanos
Para el lector que mira todo esto desde la costa o desde el salón de casa, la pregunta lógica es qué cambia saber que los peces llevan más de cien millones de años jugando con la luz. Por un lado, estos resultados amplían el catálogo de biodiversidad “oculta”. Hay especies que parecen discretas a simple vista y que, bajo la iluminación adecuada, exhiben patrones que podrían ser clave para su comportamiento y su supervivencia.
Por otro lado, refuerzan un mensaje que se repite desde la comunidad científica. Proteger los arrecifes de coral, reduciendo las presiones que los están llevando al límite, significa también proteger estos sistemas de comunicación luminosa que tardaron millones de años en afinarse y que pueden desaparecer en cuestión de décadas si continúa la crisis climática.
El estudio original, titulado “Repeated and widespread evolution of biofluorescence in marine fishes”, se ha publicado en la revista Nature Communications. Además, el trabajo complementario “Marine fishes exhibit exceptional variation in biofluorescent emission spectra” está disponible en acceso abierto en PLOS One.



















