Actualizar

lunes, febrero 6, 2023

La conservación de la naturaleza necesita incorporar el enfoque humano

Un estudio internacional liderado por el Instituto de Ciencia y Tecnología Ambientales de la Universidad Autónoma de Barcelona (ICTA-UAB) incide en la necesidad de aplicar un enfoque biocultural en los programas de conservación de la naturaleza. 

La conservación de la naturaleza necesita incorporar el enfoque humano. A la hora de decidir los aspectos de la naturaleza que hay que proteger, los científicos conservacionistas se han basado en criterios ecológicos que definen la vulnerabilidad y la resistencia de las especies. Sin embargo, cada vez es más necesario ampliar los criterios de conservación para incluir también aspectos de carácter humano.

Este nuevo artículo, liderado por la investigadora ICREA del ICTA-UAB Victoria Reyes-García, fue publicado en la revista Proceedings of the National Academy of Science (PNAS). En él sostiene que se requieren nuevos enfoques bioculturales que introduzcan formas para conectar a los seres humanos con otros elementos de la naturaleza con el fin de lograr su protección.

«Centrarse únicamente en criterios ecológicos no ha logrado frenar la crisis de biodiversidad», Afirma Victoria Reyes-García, quien explica que «esto, además, ha creado injusticias no intencionadas sobre los pueblos indígenas y las comunidades locales de todo el mundo».

Ampliar las miras

Para el equipo científico, un enfoque puramente ecológico, sin humanos, corre el riesgo de perpetuar las desigualdades existentes. Por ejemplo, las propuestas de salvaguardar entre el 30 % y el 50 % del planeta frente a la extracción o el desarrollo son buenas matemáticas de conservación. Pero «se encuentran con oposición, ya que podrían incrementar las repercusiones sociales negativas de las acciones de conservación. Y plantear riesgos inmediatos para las personas cuyo sustento depende directamente de la naturaleza», indican.

«La conservación está concebida para reducir o eliminar el impacto humano sobre las especies. Con el fin de darles un respiro para que se recuperen», señala Ben Halpern, coautor del estudio y director del Centro Nacional de Análisis y Síntesis Ecológicos (NCEAS) de la UC Santa Bárbara. «Sin embargo, si la adopción de esas medidas limita las relaciones de las personas con especies que definen su cultura y sus valores, la conservación no tendrá poder de atracción y, de hecho, podría perjudicar a dichas personas y su cultura».

Para ayudar a poner en práctica este enfoque biocultural, el equipo investigador recopiló la lista más completa hasta la fecha de especies de importancia cultural: 385 especies silvestres (en su mayoría plantas) que tienen un papel reconocido en el apoyo a la identidad cultural, ya que suelen ser la base de la cohesión religiosa, espiritual y social, y proporcionan un sentido común de lugar, propósito y pertenencia.

Marco y medida

La lista de especies forma parte de un marco y una medida propuestos –un «estado biocultural»– y combina información sobre el estado de conservación, tanto biológico como cultural, de distintos elementos de la naturaleza. La conservación de la naturaleza necesita incorporar el enfoque humano.

«Nos dimos cuenta de que las clasificaciones basadas en el grado de vulnerabilidad de las especies no tenían en cuenta su importancia cultural para las personas», afirma Sandra Díaz, investigadora del CONICET y de la Universidad Nacional de Córdoba. «Sin el reconocimiento y la protección de las relaciones locales con la naturaleza que sustentan a algunas poblaciones –a menudo indígenas– corremos el riesgo de perder una dimensión importante de la conservación», añade.

«Cuando se pierden las culturas que utilizan y valoran una especie animal o vegetal, se pierde también todo un conjunto de valores y conocimientos sobre esa especie, aunque el organismo en sí no se extinga. Nuestra relación con el mundo natural se empobrece», señala Díaz.

Según el equipo científico, reconocer las conexiones entre las personas y la naturaleza e incorporarlas en la toma de decisiones podría favorecer acciones basadas tanto en las prioridades de conservación ecológica como en los valores culturales, y también ajustadas a las prioridades de las comunidades locales. El estudio se centra en especies de importancia cultural y podría allanar el camino hacia mecanismos que permitan la adopción de enfoques bioculturales, algo que hasta ahora ha resultado difícil.

El momento justo

Este estudio se publica en un momento oportuno, justo cuando el Convenio sobre la Diversidad Biológica se prepara para la próxima serie de objetivos en materia de biodiversidad, como el Marco Mundial para la Biodiversidad pos-2020.

«A medida que la comunidad conservacionista busca cada vez más incluir diversas visiones del mundo, conocimientos y valores en la gestión y la restauración de la naturaleza, el marco y la métrica propuestos aquí ofrecen un mecanismo concreto que combina los puntos de vista locales sobre las especies que son culturalmente importantes con evaluaciones científicas del estado biológico y cultural de esas especies», explica Reyes-García.

«Juntos, proporcionan una forma viable de guiar las decisiones y materializar las acciones que mejoren las prácticas basadas en el territorio, como las de los pueblos indígenas, que han apoyado la conservación de los sistemas socioecológicos a largo plazo». Para mantener las especies de importancia cultural, según los autores, la sociedad necesitará una lista más completa del estado de conservación de estas especies y, en última instancia, prestar mayor apoyo a las culturas que las valoran.

Brecha

Según el coautor Rodrigo Cámara-Leret, de la Universidad de Zúrich, uno de los mensajes más importantes de este estudio es que las evaluaciones de conservación han pasado por alto una gran parte de las especies importantes para las culturas locales. Lo que pone de manifiesto la gran brecha de comunicación existente entre la población local y la comunidad académica, e incluso entre las ciencias naturales y las sociales.

«Para cerrar esta brecha y fomentar una conservación más equitativa, necesitamos promover un compromiso a más largo plazo con las comunidades locales para desarrollar asociaciones de conservación verdaderamente colaborativas», afirma. «Para que esto ocurra, cada vez hay más llamamientos para que las instituciones académicas recalibren su forma de evaluar el impacto.

Y para que las agencias de financiación asuman el reto de apoyar proyectos de investigación de mayor duración, pero muy eficaces en la generación de conocimientos y en el fomento de la conservación biocultural.» La conservación de la naturaleza necesita incorporar el enfoque humano.

ARTÍCULOS RELACIONADOS

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí

Otras noticias de interés