En las últimas noches, miles de vecinos del Área Metropolitana de Buenos Aires se han encontrado con un “bicho” marrón, grande y aplanado en balcones, patios y junto a las luces. No son cucarachas gigantes, ni una plaga urbana clásica. Son chinches de agua, insectos acuáticos de la familia Belostomatidae, empujados hacia la ciudad por una mezcla de calor extremo, humedad y lluvias intensas.
Por qué han aparecido de golpe en balcones y piletas
En condiciones normales, estas chinches viven en lagunas, arroyos, estanques y en zonas del Delta del Paraná. Allí cazan renacuajos, pequeños peces y otros invertebrados y ayudan a mantener a raya a especies oportunistas en los humedales.
Lo que está sucediendo ahora tiene nombre técnico en la propia administración porteña. Desde la Subsecretaría de Ambiente de la Ciudad hablan de una “explosión demográfica” ligada a varios días con mucha humedad y una seguidilla de lluvias en pleno verano austral. Esas condiciones favorecen que salgan adelante muchas más crías a la vez y que la población se dispare en poco tiempo.
Cuando los cuerpos de agua se recalientan o cambian de nivel, parte de estos insectos echa a volar buscando otros espejos de agua. La ciencia ya había descrito este comportamiento migratorio en los belostomátidos, muy capaces de abandonar la charca y recorrer buenas distancias.
El problema para los vecinos llega con las luces. Las chinches de agua vuelan de noche y se orientan con puntos luminosos. En una ciudad llena de LED en fachadas, carteles y ventanas, es fácil que terminen chocando contra un ventanal en un décimo piso o cayendo en una piscina doméstica en lugar de aterrizar en una laguna tranquila.
¿Son peligrosas para la salud?
La gran pregunta es obvia. ¿Hay que preocuparse por enfermedades o tóxicos? Según la Sociedad Entomológica Argentina y especialistas del CONICET, estas chinches no transmiten patógenos conocidos para las personas ni para las mascotas, a diferencia de mosquitos como Aedes aegypti o de las vinchucas.
Las autoridades ambientales de la ciudad insisten en la misma línea. Fuentes de la Subsecretaría de Ambiente citadas por la prensa porteña resumen que “no hay una invasión” y que se trata de insectos “inofensivos. Pueden picar, pero no son venenosos”.
La única molestia real es su mecanismo de defensa. Si se sienten atrapadas o alguien intenta agarrarlas, pueden morder con sus piezas bucales perforadoras. La descripción que repiten los expertos es clara. Eltece TV y otros medios recogen que la mordedura causa un dolor intenso, punzante, con inflamación local parecida o superior a una picadura fuerte de insecto, pero sin secuelas graves en personas sanas.
El insectólogo Guillermo Mariategui, de la Universidad Nacional de Lomas de Zamora, pide bajar la ansiedad. Explica que, si lo que está apareciendo en CABA son chinches de agua, “no hacen nada en cuanto a seguridad para el humano” y que solo “ocasionalmente en una pileta pueden llegar a picar sin efecto adverso”.
Como siempre, quien tenga alergias severas debe vigilar cualquier reacción exagerada y consultar al sistema sanitario, igual que haría ante la picadura de una abeja o una avispa.
Qué hacer en casa sin dañar el medio ambiente
Con el susto inicial, la reacción instintiva es buscar un aerosol. Sin embargo, los entomólogos y las propias autoridades recomiendan evitar los venenos domésticos. Estos insectos tienen un exoesqueleto duro y gran tamaño, por lo que muchos insecticidas de uso hogareño apenas les afectan y solo añaden sustancias químicas innecesarias al aire interior y al agua de desagüe.
Las pautas básicas pasan por lo sencillo. No tocarlas con la mano, ni siquiera con guantes finos. Para retirarlas se puede usar un cubo y una lámina rígida, o directamente barrerlas o aspirarlas en balcones y patios, como aconseja Mariategui. El propio especialista recuerda que se trata de un episodio pasajero y que “en muy poco tiempo desaparecerán”.
Cerrar mosquiteras, apagar o atenuar luces exteriores en noches muy calurosas y vaciar recipientes con agua estancada ayuda a reducir la cantidad de ejemplares que llegan a las viviendas. No tanto porque supongan un riesgo, sino para evitar encuentros incómodos a medianoche.
Un síntoma de clima extremo y humedales tensionados
Más allá de la anécdota de los “bichos en el balcón”, este tipo de explosiones de fauna nos recuerda que la frontera entre ciudad y naturaleza ya no es tan clara. Organismos ambientales y biólogos urbanos llevan tiempo advirtiendo de que las olas de calor, la humedad persistente y la alteración de los humedales periurbanos empujan a insectos, aves y otros animales a moverse, a menudo hacia zonas densamente pobladas.
En el caso de las chinches de agua, su presencia masiva en Buenos Aires no significa que “vengan de fuera”, sino que son habitantes habituales de la región que se hacen visibles cuando el clima y el estado de los cuerpos de agua se salen de lo normal.
La lectura ecológica es doble. Por un lado, estos insectos cumplen una función importante como depredadores en lagunas y arroyos. Por otro, su llegada a los balcones de media ciudad funciona como un pequeño aviso. Si el calor extremo, la humedad y la gestión del agua siguen desequilibrando los ecosistemas cercanos, veremos más episodios de fauna “desplazada” buscando hueco.
Mientras tanto, el mensaje práctico es claro. No es una plaga urbana clásica, no hay riesgo sanitario grave y la mejor respuesta pasa por la calma, la protección básica en casa y menos química innecesaria en el ambiente.
















