Tu gato no destroza el sofá por capricho: la razón real detrás de los arañazos y cómo evitarlo sin castigos

Publicado el: 13 de enero de 2026 a las 15:30
Síguenos
Primer plano de un gato atigrado de ojos azules en interior, mirando a cámara

¿Has vuelto a encontrar el sofá lleno de marcas y a tu gato tan tranquilo, como si nada? Antes de pensar que lo hace “para fastidiar”, conviene recordar algo básico, rascar es una necesidad natural para los felinos.

En libertad los gatos usan troncos y superficies rugosas para afilarse las uñas, estirar la espalda y dejar señales visibles y de olor para otros animales. Clavar las garras y tirar hacia atrás mantiene las uñas sanas. Estudios de comportamiento recuerdan que el rascado sirve para renovar la capa externa de la uña, marcar territorio con feromonas de las almohadillas y liberar tensión. No rascan “por maldad”, rascan porque su cuerpo y su forma de comunicarse se lo piden.



El problema llega cuando el único “tronco” disponible es tu sofá o el papel pintado del pasillo. Los gatos de interior no tienen rocas ni árboles a mano, así que buscan la alternativa más parecida, muebles estables, con textura agradable y situados en zonas de paso.

Un equipo internacional de especialistas en comportamiento felino ha analizado recientemente a 1.211 gatos que vivían en hogares para entender mejor qué factores aumentan el rascado sobre muebles y paredes. La autora principal, la veterinaria Yasemin Salgirli Demirbas, resume así los resultados, “ciertos factores como la presencia de niños en casa, la personalidad del gato y su nivel de actividad influyen claramente en cuánto rasca”. El estudio, publicado en 2024 en la revista “Frontiers in Veterinary Science”, también sugiere que los castigos y las broncas constantes no solo no ayudan, pueden aumentar el estrés y empeorar la conducta.



Hay un dato especialmente útil para cualquier sofá en peligro. La investigación vio que la ubicación de los rascadores marca la diferencia, los postes situados en zonas que el gato recorre a menudo o cerca de sus lugares favoritos de descanso se usan mucho más y ayudan a desviar las uñas lejos de los muebles delicados. Las guías veterinarias recuerdan además que el rascador debe ser estable, lo bastante alto para que el animal pueda estirarse por completo y con una textura atractiva, como sisal o cartón duro.

La primera regla para proteger el sofá es clara, no pegues, no grites y no persigas a tu gato cuando araña. Funciona mejor una mezcla de alternativas apetecibles y pequeños obstáculos en los puntos “prohibidos”. Puedes colocar el rascador pegado al mueble que está destrozando o junto a la zona donde duerme la siesta, que es cuando suele estirarse y rascar. Después puedes complicarle un poco la vida a las uñas en las zonas delicadas, moviendo el sofá, colocando delante una estantería o una maceta o cubriendo la parte dañada con fundas. Algunas personas usan cinta adhesiva de doble cara porque la sensación pegajosa en las almohadillas les resulta muy desagradable. La idea no es asustar al gato, sino enviarle un mensaje suave, “aquí no compensa rascar”.

El otro pilar es reforzar lo que sí te interesa. Cada vez que tu gato use el rascador, aprovecha para darle una pequeña golosina, una caricia extra o unos segundos de juego con su juguete favorito. Esa combinación de rascador bien colocado y recompensa rápida hace que el animal entienda que ese es su sitio ideal para clavar las uñas. Si el rascado va unido a aburrimiento, añadir sesiones cortas de juego y ofrecer estanterías altas y ventanas desde las que mirar la calle reduce el estrés y con él los arañazos en el sofá.

Gestionar bien el comportamiento de rascado no solo protege la tapicería. El propio estudio advierte de que cuando los daños se acumulan y el conflicto en casa se enquista, algunas personas llegan a plantearse medidas extremas como el abandono o la desungulación, prácticas muy cuestionadas por los veterinarios por su impacto en el bienestar del animal. Si entendemos que el sofá roto es en realidad una señal de que el gato necesita recursos mejor adaptados, podemos evitar decisiones drásticas, reducir residuos de muebles que acaban en la basura y mejorar la convivencia humano felina. Al final un buen rascador, algo de paciencia y un entorno más enriquecido cuestan menos que reponer el salón entero.

El estudio científico en el que se basa esta información se ha publicado en la revista Frontiers in Veterinary Science.

Imagen autor

Adrián Villellas

Adrián Villellas es ingeniero informático y emprendedor en marketing digital y ad tech. Ha liderado proyectos de analítica, publicidad sostenible y nuevas soluciones de audiencia. Colabora además en iniciativas científicas ligadas a la astronomía y la observación espacial. Publica en medios de ciencia, tecnología y medioambiente, donde acerca temas complejos y avances innovadores a un público amplio.

Deja un comentario