La edad de oro de la tecnología (II)

La tecnología que cambiará nuestras vidas está en camino. Nanofármacos, aviones robot o dispositivos inteligentes para resolver asesinatos son algunos de los avances ya en desarrollo. Como héroes anónimos, las tecnologías que tienen impacto en nuestras vidas a menudo son desconocidas. Por eso, es importante recordar que están ahí y que su desarrollo permite avanzar en el abordaje de problemas que afectan a áreas tan diversas como el medio ambiente o la salud.

A nadie le sorprenderá que gran parte de los esfuerzos investigadores se centren en el área sanitaria. “La salud es la base de la felicidad” dice la conocida frase, que Richard Kivel, fundador de Rhapsody Biologics, pronunció recientemente durante la segunda jornada de la conferencia EmTech Spain, organizada por Technology Review en español. “El mundo farmacológico cambia continuamente y las compañías farmacéuticas tienen que cambiar también, porque no se puede ir en contra del mercado” proseguía Kivel, expresidente del foro de emprendedores del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT Enterprise Forum).

El inversor cree que las empresas del futuro se están gestando del laboratorio al mercado y que “los científicos e investigadores no tienen por qué dejar el mundo académico para formar una compañía y atraer a inversores y patrocinadores”. Además, asegura que, debido los despidos masivos que la crisis ha provocado en grandes multinacionales, son las pequeñas empresas de biotecnología las que están creando la próxima generación de fármacos.

En la misma línea, Javier García Martínez, profesor y director del Laboratorio de Nanotecnología Molecular de la Universidad de Alicante, aseguró que “la mayoría de la investigación española en nanotecnología se hace en universidades” y que “hay que crear el ecosistema adecuado para que los investigadores se consoliden en nuevas empresas”. García Martínez, también cofundador de la empresa Rive Technology (con sede en Estados Unidos), fue crítico con ellos: “Muchos investigadores en nanotecnología están más preocupados por seguir publicando artículos científicos que por crear empresas en este área”, aseguró el nanotecnólogo.

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El futuro comercial de la nanotecnología es algo de lo que se ha lleva discutiendo mucho tiempo. Hay muchos proyectos con gran potencial en investigación pero parecen no ver la luz del mercado. Esto se debe, según Tim Harper, fundador de ‘Científica’ e inversor en tecnologías emergentes (entrevistado hace escasos días en Technology Review en español), a que trabajar con nanotecnologías lleva mucho tiempo y dinero. Sin embargo, Harper asegura que “utilizar nanopartículas es mucho más económico y rentable de lo que se cree”. Lo sabe bien por su trabajo como asesor de Gobiernos en materia de estrategia tecnológica.

Este experto sostiene que hay que superar el hecho de que hoy día se invierta “cada vez menos capital en las etapas tempranas del desarrollo tecnológico” porque “la nanotecnología será tan importante en la biociencia como lo fueron los polímeros y los semiconductores en el siglo XX”. Entre los avances que esta tecnología ha permitido, el experto destaca el paso adelante que ha supuesto poder procesar los materiales que se encuentran en la naturaleza, entre otras cosas parar gestionar bien los cada vez más escasos recursos naturales y garantizar la sostenibilidad.

Otro de los principales potenciales de la nanotecnología es el desarrollo de nanofármacos que ataquen directamente al foco de la enfermedad sin efectos secundarios. Esta nueva generación de medicamentos está ya en estudio en numerosos laboratorios, que se centran fundamentalmente en su aplicación contra el cáncer. La utilidad de la nanomedicina para esta enfermedad es de gran relevancia, puesto que podría proveer una alternativa a la quimioterapia que logre destruir las células tumorales sin causar daños en el resto del cuerpo.

De fármacos inteligentes a robots inteligentes. ¿Hasta dónde podrán llegar? ¿Se parecerán cada vez más a los humanos? En opinión de Khalid Al-Ali, director ejecutivo de asociaciones con la NASA en la Universidad de California, aunque “no es necesario humanizar a los robots”, hacerlo facilitaría su uso en tanto que, psicológicamente, lograría que la persona que lo utilice “se sienta más cómoda”.

El hecho de que un robot sea más o menos “humano” es solo apariencia y no está relacionado con su inteligencia. De hecho, según Al-Ali, “los robots ya son muy inteligentes”. Pueden entender bromas y anécdotas o incluso a ganar a un campeón mundial de ajedrez como Gari Kaspárov. Y, además de inteligentes, los hay que vuelan y aterrizan autónomamente, y son el futuro de la robótica según Al-Ali.

Pese a lo que pueda pensarse, estos aviones robot no los crean científicos de bata blanca.“Sólo se requieren prototipos y muchos los desarrollan estudiantes”, afirma el también fundador de varias empresas de robótica avanzada, que ha trabajado en proyectos clave en aeronáutica aeroespacial, aviónica inteligente, vehículos planetarios y robots para misiones de exploración lunar.

Además de las aplicaciones espaciales y de otras más domésticas, los robots inteligentes también sirven para buscar armas o incuso pruebas de asesinato. De hecho, como Al-Ali contó en EmTech Spain, en Estados Unidos “un robot ha conseguido por primera vez meter en chirona a un asesino, y gratis”. Para desarrollar utilidades como esta, este experto cree necesario que Gobiernos y empresas apoyen el desarrollo de la robótica, “ya que todos nos podemos beneficiar de ella”.

El mensaje de Al-Ali coincide con el del resto de los expertos que han participado en los diferentes paneles de EmTech Spain. Si se puede extraer una conclusión clara de los mensajes de todos ellos, es la necesidad de potenciar la comercialización de la tecnología y el paso del laboratorio al mercado. Esto implica  aumentar la inversión en tecnologías con resultados a largo plazo, a priori no tan atrayentes para el capital riesgo, y a menudo más complejas de justificar para los poderes públicos, pero cuyos potenciales logros multiplicarían ingresos y beneficios económicos y sociales. Como dice Harper “la tecnología trasforma la sociedad y tenemos las herramientas necesarias para hacerlo; sólo hay que utilizarlas con inteligencia”.

 

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