Altamira es posible que no se reabra

Aún así, ha advertido que ni si quiera el cierre de la cueva garantiza la «ausencia absoluta» de deterioro del arte paleolítico que alberga.

El director del Museo de Altamira, José Antonio Lasheras, ha afirmado este martes que aunque «todos desearíamos» que en un futuro se pudiera visitar la cueva de Altamira, incluso con limitaciones superiores a las existentes en la última apertura, nadie se alegraría del cierre definitivo de la misma, lo que es una opción «posible y probable».

   Aún así, ha advertido que ni si quiera el cierre de la cueva garantiza la «ausencia absoluta» de deterioro del arte paleolítico que alberga.

   Y ha enfatizado que ni aún las «máximas» medidas preventivas que se pudieran aplicar a las visitas a Altamira anularían todos los efectos negativos que se pueden estar produciendo incluso de forma natural.

   Lasheras se ha pronunciado así este martes durante la conferencia que ha impartido en un curso sobre Altamira de la Universidad de Cantabria (UC) que se celebra en la sede del Parlamento regional.

   El director del Museo Altamira ha explicado que si se llegara a acordar elaborar una propuesta técnica para una visita pública a la cueva, ésta debería ser «forzosamente reducida» en términos cuantitativos, sujeta a umbrales objetivos de alarma y riesgo, supervisada por un sistema de monitorización de registro ambiental y supeditada al control de estado permanente que realiza el museo desde 2002.

   Ha recordado que las entradas a la cueva siempre se han basado en la aplicación del conocimiento y del control del estado de conservación, sucediéndose visitas provisionales y cierres temporales, el último en 2002 que se prolonga hasta la actualidad.

   En este sentido, ha explicado que permanece cerrada porque para el Patronato de Altamira su apertura es un «riesgo inasumible», al tratarse de un «bien singular y de alto valor», en el que cualquier daño puede convertirse en un «gran daño». Al respecto, se ha referido a los riesgos microbiológicos, que suponen «una amenaza de daños serios» cuya corrección no garantiza ningún antídoto.

   Sin embargo, ha apuntado que el acceso ciudadano es el objetivo de la gestión de este bien y de la Ley de Patrimonio y que aún el Patronato no ha decidido si renunciar al mismo, de forma que el actual sigue siendo un cierre temporal.

   El necesario conocimiento concreto sobre el impacto de las personas en la cueva no se tiene actualmente en «grado suficiente» y se pretende un modelo que permita prever el futuro con la «esperanza» de concluir los efectos humanos para así cuantificar la presencia de visitantes adecuada con la conservación. Si fuese así «unos pocos ciudadanos al día, algunos días a la semana, algunas semanas al año» podrían visitar la cueva, ha comentado.

   En la apertura de 1982 la cueva fue visitada por 8.800 personas al año, que permanecieron en su interior 30 minutos (diez de ellos en la sala de polícromos).     REPERCUSIÓN EN EL TURISMO

   Por otro lado, Lasheras ha señalado que «los técnicos y científicos que trabajamos en el Museo de Altamira tenemos datos que nos hacen pensar que el efecto turístico que se atribuye a una apertura de las cuevas, o a su anuncio, es solo una suposición de la que no se conoce el fundamento».

   El ponente ha señalado que no se realizado ninguna evaluación sobre el impacto económico que supondría la reapertura de la cueva sobre el Producto Interior Bruto (PIB) regional.

   No obstante, ha explicado que, según unos datos de los que se ha hecho eco la prensa recientemente, «el consumo medio de un turista en España es unos 100 euros por persona al día; solo con ese dato, cabría atribuir al Museo de Altamira, al que dedica cada visitante media jornada de su estancia en Cantabria, diez millones de euros al año de aportación al PIB».

   De este modo, Lasheras ha explicado que, desde su punto de vista, «es posible reforzar el activo que el museo supone. Incrementar el valor de este producto cultural y ponerlo más y mejor al servicio de la industria y del turismo».

   Del mismo modo, Lasheras ha apuntado que el museo que dirige recibe una media de 250.000 personas al año desde hace más de una década; de estos, unos 200.000 no son residentes en la comunidad autónoma, y por tanto, en su opinión, «Altamira y el propio museo podrían ser usados, aún más de lo que se hace actualmente, como marca de Cantabria».

   Sin embargo, ha insistido en que esa misión no le corresponde solamente al museo, sino también a los responsables y agentes del sector turístico.

   El director de Altamira ha disertado sobre los diferentes regímenes de visita que ha tenido la cueva de Altamira a lo largo de la historia y ha aseverado que «en los años anteriores a la apertura del museo, la cueva no atrajo a más personas que el propio museo durante los siguientes y, en consecuencia, cabe pensar que su apertura reducida, como la que hubo en el periodo 1982-2002, no vendría acompañada de más visitantes a Cantabria ni al museo».

SERGIO SANCHEZ MORAL

   Sergio Sánchez Moral, investigador del Centro Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), también ha acudido este martes al Parlamento para ofrecer una conferencia sobre el estado actual de la cueva y de sus pinturas, basado en estudios realizados en los últimos años.

   El investigador ha afirmado que «el CSIC no puede entrar en el tema de gestión de la cueva, no puede decir si se cierra o se abre. Lo que nosotros estamos recomendando desde 1999 es que no es el momento de la reapertura». Sin embargo, Sánchez Moral no descarta que se pueda abrir de nuevo dentro de unos años.

   Asimismo, ha expuesto que, según estudios, «con el régimen de visitas que fue instalado en el año 82 se producía una corrosión del techo de unas 80 veces el impacto de lo que tendría un fenómeno natural».

   Durante su ponencia, también ha explicado que, tras el cierre de la cueva, el CSIC y el Ministerio de Cultura llegaron a un acuerdo para realizar unas investigaciones sobre unos organismos fotótrofos (efectúan fotosíntesis para obtener energía) que aparecieron en el interior de la cavidad, de las que se dedujeron que «el principal problema ya no era que el visitante provocase un incremento del CO2 o de la temperatura, sino el enorme desarrollo de dichas colonias bacterianas», a lo que ha añadido que «hay que seguir aprendiendo porque eso permite que, en un futuro, a lo mejor se tengan las herramientas para solucionar el problema que existe actualmente».

   La jornada ha concluido con una mesa redonda, moderada por el director del curso, el catedrático de Prehistoria de la Universidad de Cantabria César González Sáinz, en la que los diputados regionales Tamara González (PP), Javier López Marcano (PRC) y Cristina Pereda (PSOE) han debatido acerca de planteamientos sobre la difusión pública de la cueva de Altamira.

innovaticias.com – ep

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