El IBGM avanza en terapia génica para paliar el síndrome de Wiskott Aldrich (WAS)

El Instituto de Biología y Genética Molecular de Valladolid ha obtenido un proyecto de la Fundación Ramón Areces para ahondar en este tema

El síndrome de Wiskott Aldrich (WAS, por sus siglas en inglés) es una enfermedad de las conocidas como “raras”, con una incidencia estimada de 0’04 casos por cada 10.000 nacidos vivos. Se trata de una inmunodeficiencia hereditaria ligada al cromosoma X, el que portan las mujeres, consistente en una mutación en el gen que produce la proteína denominada WASP (por su relación con este síndrome), que se localiza en el citoplasma de las células sanguíneas. Como explica el investigador del Instituto de Biología y Genética Molecular (IBGM) de Valladolid Miguel Ángel de la Fuente, “han sido descritas más de 200 mutaciones de todo tipo” en este gen, con una estrecha relación entre el tipo de mutación y los síntomas clínicos que origina en el paciente.

 

“Dependiendo de la mutación la proteína puede estar ausente o disminuida en diferente grado. Son pacientes que contraen infecciones bacterianas y víricas desde niños y, cuando la proteína está ausente, el único tratamiento es el trasplante de médula ósea”, recuerda el investigador, quien llegó al IBGM en 2009 tras pasar casi 10 años trabajando en un laboratorio especializado en inmunodeficiencia primaria en Boston, Estados Unidos.

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A su llegada al Instituto vallisoletano, De la Fuente inició una línea de investigación dirigida a corregir las mutaciones en el gen que produce la proteína WASP en estos enfermos. “Habitualmente, en el trasplante de médula ósea lo que se hace es extraer del enfermo células madre hematopoyéticas. Ya ha habido varios ensayos con una terapia génica ‘aditiva’ en la que no tocas el gen que está mutado, sino que introduces un vector, que suele ser un virus, que porta la proteína para que se produzca normalmente”, detalla.

 

El principal problema de este tipo de tratamientos es que el virus “se integra al azar, no en un sitio controlado”, de forma que en algunos casos “se integra en lugares que originan que la célula acabe transformándose en tumoral”. Para evitar este efecto secundario, los investigadores tratan de poner a punto una técnica denominada “gene targeting” o manipulación génica dirigida. “Se trata de conseguir que, aportando exógenamente un ADN normal, ese segmento de ADN se intercambie con el mutado dentro de la célula por un proceso que se llama recombinación homóloga, de manera que, en vez de añadir un gen que se inserta al azar, lo que haces es sustituir un gen anormal por un gen normal, corrigiendo la mutación que existía. Esto es más factible cuando la mutación es pequeña”, agrega el experto.

 

Puesta a punto

 

El grupo de investigadores del IBGM empezó probando fibroblastos de enfermos con fibrosis quística. “Cultivamos los fibroblastos y creamos un virus llamado adenoasociado que contenía el segmento génico normal, que correspondía a la zona que estaba mutada en el enfermo. Infectamos estos fibroblastos con el virus y vimos que, aunque a muy baja frecuencia, lográbamos algunas células en las que la mutación se revertía”, explica De la Fuente, quien señala que el experimento tuvo como fin último conocer si con los medios del laboratorio se podía poner a punto la técnica y comprobar que funcionaba.

 

Entonces, “planteamos hacer lo mismo para una enfermedad que tuviera más interés, en este caso, esta en la que tenía más experiencia, el síndrome de Wiskott Aldrich”. En el trabajo los investigadores del IBGM colaboran con el laboratorio de Boston, que va a iniciar un ensayo clínico con algunos enfermos. “La idea es que nos puedan enviar fibroblastos de enfermos. Ellos realizarán un protocolo estándar en terapia génica con virus y lo que queremos es probar con nuestros vectores las células que nos envíen para intentar ver si se puede corregir la mutación”. En los últimos meses, una investigadora que ha realizado una estancia en el laboratorio del IBGM ha puesto a punto la producción de virus capaces de corregir mutaciones en el gen WAS localizadas entre los exones 1 y 6, donde son más frecuentes.


Aumentar la frecuencia

 

Ahora, a través de un proyecto financiado por la Fundación Areces, el grupo de investigación aplicará métodos para conseguir aumentar la frecuencia en que la recombinación homóloga ocurre. “En la actualidad, si utilizas un vector que no sea viral, la recombinación homóloga puede ocurrir, de forma natural, quizá una vez en una célula de cada millón, una frecuencia bajísima”. No obstante, se ha comprobado que el uso de estos vectores adenoasociados incrementa esta frecuencia entre el 0’1 y el 1 por ciento. “El incremento es grande pero a efectos prácticos no es suficiente, por lo que pretendemos usar métodos que consigan que esta frecuencia pueda aumentar”, avanza el investigador.

 

En concreto, se probarán tres métodos: drogas, proteínas de fusión y siRNAs (siglas del inglés small interfering RNA), “pequeños ARN que inhiben la transcripción de ciertos genes”. “En definitiva, se trata de intentar aumentar la frecuencia de ‘gene targeting’ o manipulación génica dirigida en células humanas primarias, como son los fibroblastos, usando vectores adenoasociados y métodos: o bien drogas, o bien proteínas de fusión, o bien pequeños ARN de interferencia”, resume De la Fuente.

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