Una novedosa vacuna personalizada para luchar contra el cáncer de riñón

Esta sorprendente vacuna personalizada está permitiendo a pacientes con cáncer de riñón multiplicar hasta por tres sus expectativas de vida.

«Parece desproporcionado respecto a lo que se podría esperar de cualquier terapia comercial y más tiempo del que se espera que vivan pacientes que cumplen variables similares», explica el oncólogo del Instituto para el Cáncer Cedars-Sinai Samuel en Los Ángeles (EEUU), Robert Figlin, quien dirige el estudio.

Los hallazgos forman parte de la oleada de resultados positivos de una clase de tratamiento oncológico llamado inmunoterapia contra el cáncer. Muchas farmacéuticas, grandes y pequeñas, trabajan en tratamientos que incitan al sistema inmune a atacar al cáncer (ver «El resurgir de la inmunoterapia contra el cáncer»). Hay toda una variedad de métodos para activar las células inmunes. En algunos casos, como en este tratamiento experimental para el cáncer de riñón, los médicos entrenan a los leucocitos del paciente para detectar las células cancerígensa entre sus inofensivas vecinas.

Las denominadas vacunas contra el cáncer son productos disponibles comercialmente que enseñan a las células inmunes a atacar a células cancerígenas portadoras de una proteína concreta. Puesto que el cáncer tiene tendencia a mutar, estos tratamientos comerciales «pueden estar atacando algo que no existe en todos los pacientes», afirma el director ejecutivo de Argos Therapeutics, Jeff Abbey, cuya empresa de biotecnología ha desarrollado el tratamiento para el cáncer de riñón. Argos está siguiendo un enfoque más personalizado. «Creemos que la única forma de ganar es crear una inmunoterapia activa específica que capture todas las mutaciones», explica Abbey.

La terapia de Argos parte de un trozo del tumor extirpado durante la cirugía. Con ese trocito de material biológico, los científicos de la empresa extraen el ARN, el primo molecular del ADN, que representa todos los genes activos en las células tumorales. La colección de genes activos se convierte entonces en una vacuna para el sistema inmune del paciente. De dos a tres semanas después de la cirugía, los médicos recogen leucocitos del paciente en un proceso parecido a la donación de sangre. Esas células inmunes se envían a Argos, que las modifica con los genes del tumor y algunos químicos para que aprendan a atacar las mutaciones específicas de las células cancerígenas del paciente. A continuación las células avisan a otras células del sistema inmune para que ataquen al cáncer.

«Si somos capaces de demostrar que funciona, cambiará todo el planteamiento respecto a cómo generar respuestas inmunes al cáncer», afirma Figlin.

La demostración llegará si los 450 pacientes en un estudio aleatorio que está en marcha experimentan los beneficios observados en el ensayo más reducido, explica.

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