Un nuevo estudio revela qué frutas y verduras están llenando tu cuerpo de pesticidas sin que lo sepas

Publicado el: 21 de enero de 2026 a las 18:46
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Variedad de frutas y verduras frescas analizadas por su contenido en residuos de pesticidas según un estudio científico de 2025

Las frutas y verduras son la base de una dieta saludable, pero no todas dejan la misma huella química en el organismo. Un nuevo estudio del Grupo de Trabajo Ambiental de Estados Unidos (EWG, por sus siglas en inglés) y varias instituciones académicas ha comprobado que quienes comen más productos con altos residuos de pesticidas acumulan en gran medida más pesticidas en la orina que quienes se decantan por variedades más “limpias”.

La investigación se apoya en la misma base oficial que utiliza la conocida guía de EWG con sus listas “Dirty Dozen” y “Clean Fifteen”, que cada año clasifican las frutas y verduras con más y menos contaminación por pesticidas. Espinacas, fresas o col rizada vuelven a aparecer entre los productos con más residuos, mientras que piña, maíz dulce, aguacate, papaya, cebolla o sandía se sitúan en el grupo con menos restos detectables.



Para muchos consumidores la pregunta surge sola. ¿Significa esto que hay que dejar de comer ciertas frutas o verduras? Los propios autores y el EWG insisten en que no. Recuerdan que una alimentación rica en vegetales, sean ecológicos o convencionales, sigue siendo clave para la salud y que la guía pretende ayudar a reducir la exposición, no asustar a nadie lejos de la sección de frutas y verduras del súper.

Qué han hecho exactamente los investigadores

El equipo creó un índice de carga de pesticidas para 44 tipos de frutas y verduras usando los análisis del Programa de Datos de Plaguicidas del Departamento de Agricultura estadounidense. En esas muestras, ya lavadas o peladas como haría un consumidor en casa, detectaron 178 pesticidas diferentes y tuvieron en cuenta varios factores, como cuántos pesticidas aparecían, con qué frecuencia, en qué concentración y qué toxicidad reconocida tenía cada uno según la EPA de Estados Unidos y la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria.



Con esa clasificación calcularon, para 1837 personas de la gran encuesta de salud NHANES, una puntuación de exposición en función de lo que habían comido el día anterior. No pesa lo mismo una ración de espinacas que una de maíz dulce, porque el índice suma más puntos a los alimentos más contaminados. En la práctica, es como traducir la lista de la compra a una especie de termómetro de pesticidas.

Qué encontraron en la orina

Después compararon esa puntuación con los niveles de 17 biomarcadores de pesticidas en orina, incluidos insecticidas organofosforados, piretroides y neonicotinoides. Son compuestos que otros trabajos han relacionado con problemas de desarrollo neurológico, alteraciones hormonales, efectos respiratorios y mayor riesgo de algunos cánceres, sobre todo cuando la exposición se acumula a lo largo del tiempo.

El resultado más prudente es que, cuando se mira el conjunto de la dieta, la relación no se ve tan clara. Pero al sacar las patatas de la ecuación, que enmascaraban parte del efecto por un pesticida específico que no se midió en orina, la foto cambia. En ese escenario, una mayor puntuación de exposición se asocia con niveles más altos de pesticidas en la orina y el grupo con más exposición presenta, de media, una clasificación de biomarcadores alrededor de un 17 por ciento más alta que el grupo con menos exposición.

Según el propio artículo, una sola ración de un alimento muy cargado, como las espinacas, puede aumentar la puntuación de exposición varias centenas de puntos, mientras que una ración de un producto de carga media, como la zanahoria, la eleva mucho menos. Comer más raciones del grupo “sucio” se traduce en biomarcadores más altos de organofosforados, piretroides y neonicotinoides. En cambio, sumar raciones del grupo “limpio” apenas mueve la aguja.bY eso se nota en el laboratorio.

Qué significa para tu cesta de la compra

La principal conclusión práctica es bastante directa. Lo que ponemos en el plato se refleja, en buena parte, en lo que aparece en la orina. “Encontramos que consumir distintos tipos de frutas y verduras cambia los niveles de pesticidas en consecuencia” resume la autora principal, Alexis Temkin, vicepresidenta de ciencia en EWG.

Linda Birnbaum, exdirectora del Instituto Nacional de Ciencias de la Salud Ambiental de Estados Unidos, lo explica de otra forma. Señala que, conociendo lo que come la gente, se puede anticipar quién tendrá más probabilidades de mostrar niveles elevados en las pruebas de orina, sin necesidad de medir a todo el mundo una y otra vez. Esa información, recuerda, es especialmente importante para niños y mujeres embarazadas, que son más vulnerables a los tóxicos ambientales.

¿Qué se puede hacer entonces sin disparar el presupuesto del súper? Los expertos recomiendan mantener o incluso aumentar la cantidad total de frutas y verduras, pero ajustando algunas elecciones. Siempre que sea posible, tiene sentido priorizar productos ecológicos en los alimentos del grupo “Dirty Dozen”, y cuando eso no sea viable, optar más a menudo por los de la lista “Clean Fifteen”, que casi siempre aparecen sin residuos detectables o con niveles muy bajos.

También ayuda lavar bien todos los vegetales bajo el grifo, frotando la superficie y retirando las hojas externas, aunque el estudio recuerda que muchos residuos persisten incluso después del lavado. Otra estrategia sencilla es variar. No tomar siempre las mismas frutas o verduras muy tratadas, sino alternarlas con opciones de baja carga, de temporada y, si es posible, de proximidad.

El propio trabajo subraya que la dieta es un factor modificable de exposición. Cambiar algunos hábitos de compra o pasar a versiones ecológicas de los productos con más residuos puede reducir de forma rápida los niveles de pesticidas en orina, tal y como ya han visto otros ensayos dietéticos en los que se sustituyeron alimentos convencionales por ecológicos durante unos días.

En el fondo, este estudio no pretende alarmar, sino ofrecer una herramienta para entender mejor las mezclas de químicos que acompañan a nuestra alimentación diaria y que todavía se evalúan pieza a pieza, pesticida a pesticida.

El estudio completo ha sido publicado en la revista International Journal of Hygiene and Environmental Health.

Imagen autor

Adrián Villellas

Adrián Villellas es ingeniero informático y emprendedor en marketing digital y ad tech. Ha liderado proyectos de analítica, publicidad sostenible y nuevas soluciones de audiencia. Colabora además en iniciativas científicas ligadas a la astronomía y la observación espacial. Publica en medios de ciencia, tecnología y medioambiente, donde acerca temas complejos y avances innovadores a un público amplio.

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