Las semillas de olivo llegan a la Bóveda del Fin del Mundo, el gran santuario global construido en el Ártico para preservar cultivos esenciales ante catástrofes o el cambio climático.
Las universidades de Granada y Córdoba han enviado 2.000 semillas dentro del proyecto europeo GEN4OLIVE para asegurar la diversidad genética del olivar y reforzar su resiliencia futura.
El olivo es un cultivo profundamente ligado a la historia y la cultura del Mediterráneo. Sus semillas no solo representan una especie agrícola de gran valor económico, sino también un legado milenario asociado a tradiciones, gastronomía y modos de vida.
La preservación de su diversidad genética resulta esencial para garantizar su adaptación a nuevas condiciones ambientales, especialmente ante el aumento de temperaturas, la escasez hídrica y la aparición de plagas emergentes.
Las semillas de olivo llegan a la Bóveda del Fin del Mundo como seguro global
Las universidades de Granada y Córdoba se han sumado al proyecto europeo Horizonte GEN4OLIVE, que busca asegurar recursos genéticos de las especies frente al cambio climático, aportando semillas a la ‘Bóveda del Fin del Mundo’, espacio de Noruega que ha recibido 2.000 de olivos silvestres.
Los dos centros andaluces han participado en esta operación de salvaguarda de especies para blindar la supervivencia del olivo, la de Córdoba con semillas de las variedades cultivadas de mayor relevancia y la de Granada con olivo silvestre.
La Universidad de Granada ha seleccionado 2.000 semillas de cuatro linajes de silvestres recolectadas en diversas regiones de España que ya se encuentran en la Bóveda Global de Semillas de Svalbard (Noruega), conocida mundialmente como la Cámara del Fin del Mundo.
Un búnker bajo el hielo a 1.000 kilómetros del Polo Norte
Esta bóveda es un gigantesco banco de semillas construido a solo 1.000 kilómetros del Polo Norte y bajo el permafrost de una montaña helada, con el fin de preservar las plantas que sirven de alimento a la humanidad para que puedan ser recuperadas tras catástrofes naturales, conflictos bélicos, o los efectos del cambio climático.
Se trata de un búnker de alta seguridad donde actualmente se conservan unos 1.300 millones de muestras de unas 7.000 especies vegetales de todo el planeta y, ahora también, el olivo.
Desde el pasado viernes, este espacio tiene una «copia de seguridad global» de las semillas de olivo, lo que garantiza su continuidad en caso de que un banco de germoplasma nacional sufra un desastre.
La riqueza genética acumulada durante milenios
En el caso de la aportación de la UGR, el material silvestre alberga una riqueza biológica incalculable acumulada durante cientos de miles de años y que puede ser crítica para potenciar la diversidad genética y resiliencia del cultivo.
«Conservar la diversidad silvestre es invertir en resiliencia de cara al futuro«, ha explicado el equipo de Rafael Rubio de Casas.
El trabajo para enviar estas semillas comenzó en 2021 para recolectar las semillas en la península, Canarias y otras regiones del Mediterráneo, un trabajo hecho a mano y previo a un procesado en laboratorio.
GEN4OLIVE y la protección del olivar europeo
En el caso de la aportación de la UGR, el material silvestre alberga una riqueza biológica incalculable acumulada durante cientos de miles de años y que puede ser crítica para potenciar la diversidad genética y resiliencia del cultivo.
Tras extraer y deshidratar las semillas, estas se sometieron a una serie de experimentos destinados a esclarecer sus condiciones óptimas de conservación y germinación y comprobar que son «ortodoxas«, lo que las hace viables después de ser deshidratadas y mantenidas a temperaturas de 18 grados bajo cero.
Así, la llegada del olivo a Svalbard simboliza un compromiso colectivo con la protección de la biodiversidad y con el futuro de la alimentación mundial. Seguir leyendo en NATURALEZA.


















