¿Qué pasa con los gases de efecto invernadero en los estanques? «Los modelos y predicciones del clima global se basan en una contabilidad precisa de las emisiones de gases de efecto invernadero y el almacenamiento de carbono». Esto lo dijo Meredith Holgerson, profesora asistente de ecología y biología evolutiva en Cornell y autora principal de los estudios. Nicholas Ray, investigador postdoctoral en el laboratorio de Holgerson, es coautor de ambos artículos.
Holgerson y sus colegas han estimado previamente que los estanques (de 5 hectáreas o menos y de los cuales podría haber mil millones en la Tierra) pueden contribuir con el 5% de las emisiones globales de metano a la atmósfera.
Pero sin mediciones precisas en muchos de estos cuerpos de agua, el número real podría ser hasta el doble de ese porcentaje. Al mismo tiempo, existen muy pocas estimaciones de las tasas de enterramiento de carbono en dichos estanques.
Un artículo recientemente publicado examina cuánto carbono se secuestra en 22 estanques experimentales de Cornell. Estos 50 estanques idénticos fueron construidos en 1964. Y proporcionaban entornos altamente controlados, con registros detallados de estudios anteriores. Estos datos permitieron a Holgerson y Ray evaluar cómo las actividades de gestión contribuyeron al almacenamiento de CO2.
¿Aportan o quitan?
Los investigadores examinaron las actividades de gestión anteriores. Y paralelamente tomaron núcleos de sedimentos y mediciones de su espesor en cada uno de los 22 estanques de estudio. Midieron la cantidad de carbono en el sedimento, extrapolaron esas mediciones al estanque en general y dividieron ese número por la edad del estanque.
De esta forma obtuvieron la cantidad de CO2 secuestrado anualmente por metro2. Y comprobaron que está en el mismo orden de magnitud que el que tienen los humedales y manglares. Pero es mayor que el de los lagos.
También descubrieron que las tasas de entierro de carbono estaban influenciadas por las plantas acuáticas (aquellas lo suficientemente grandes como para ser vistas). Pero también por los peces y por los altos niveles de nitrógeno en relación con el fósforo. Unos nutrientes que pueden no renovarse en un estanque estático y volverse limitados.
Los tipos y proporciones correctos de nutrientes agregados promueven el crecimiento de las plantas. Puesto que las mismas utilizan carbono para que sus células vegetales crezcan y se reproduzcan. Y se depositan en el fondo del estanque cuando las plantas mueren.
Secuestro de carbono
Aún hacen falta más datos sobre el secuestro de carbono orgánico en estanques naturales. Pero los investigadores extrapolaron sus hallazgos para estimar la tasa total de entierro de carbono en estanques naturales y artificiales a nivel mundial.
Concluyeron que los estanques naturales y artificiales secuestran entre el 65% y el 87% de la cantidad total que se estima almacenan todos los lagos. Lo que indica que los científicos están subestimando globalmente el secuestro de carbono en estanques y lagos.
El segundo estudio examinó las emisiones estacionales de gases de efecto invernadero (principalmente de dióxido de carbono y metano) de cuatro de los Estanques Experimentales de Cornell. Allí midieron las emisiones de GEI de los estanques aproximadamente cada dos semanas durante el período sin hielo en 2021.
«Las estimaciones globales de los balances de gases de efecto invernadero de los estanques son muy inciertas, en parte debido a la falta de mediciones temporales». Esto lo dijo Ray, autor principal del estudio.
Cambios estacionales
Los investigadores descubrieron que el metano (un gas de efecto invernadero de 21 a 77 veces más potente que el dióxido de carbono) representaba la mayor parte del gas emitido anualmente. Y que las emisiones de dióxido de carbono y metano variaban mucho según la estación.
Los estanques absorbieron dióxido de carbono durante los primeros meses del verano, cuando las plantas estaban creciendo. Y lo emitieron más adelante durante el resto del año, especialmente cuando las plantas se descompusieron.
El metano se emitió durante los meses cálidos, pero los cambios en las emisiones de una semana a otra fueron altos. Lo que apunta a la necesidad de muestreos frecuentes para una contabilidad precisa.
Los investigadores descubrieron que cuando el agua se estratificaba (una capa de agua cálida se situaba sobre las aguas frías del fondo), el metano se acumulaba y generaba emisiones generales más altas que cuando el agua se mezclaba con el viento o un enfriamiento repentino. Esto se debe a que los microorganismos en el lecho del estanque que producen metano requieren condiciones de bajo oxígeno que se ven alteradas por la mezcla.
«Si pudiéramos reducir esa cantidad de metano, potencialmente podríamos convertir estos estanques de emisores netos a sumideros netos, pero tenemos que controlar ese metano», dijo Holgerson.
Referencia: investigación financiada por el Instituto de Recursos Hídricos del Estado de Nueva York. Sus resultados se publicaron en Geophysical Research Letters.




















