Hay bosques que parecen vivir dentro de una nube. En muchas montañas de Sudamérica, la niebla no es solo paisaje, es parte del motor que mantiene húmeda la vida en altura.
Un estudio científico avisa de que, si el calentamiento global sigue alto, el espacio climáticamente adecuado para estos bosques podría desplomarse de aquí a 2070. El golpe no se quedaría en la biodiversidad, porque también afectaría a la regulación del agua para millones de personas que viven río abajo.
Bosques hechos de niebla
Los bosques nubosos (o montanos) se caracterizan por una idea fácil de visualizar. Pasan con frecuencia «sumergidos» en nubes bajas, con humedad constante en el aire y en el suelo.
Esa condición crea un refugio para especies muy sensibles a los cambios. El trabajo recuerda que concentran endemismos y que albergan unas 1.946 especies de distribución restringida, alrededor del 8% de los mamíferos, aves, anfibios y helechos arborescentes a escala global.
En el mapa sudamericano, los grandes núcleos aparecen en tres zonas. Los Andes, la Mata Atlántica de Brasil y las tierras altas de Guayana son las principales áreas donde este bosque sigue teniendo «casa».
Una fábrica natural de agua
Cuando pensamos en agua, solemos imaginar embalses, tuberías y grifos. Pero en la montaña el agua también se «fabrica» en silencio, porque la vegetación intercepta niebla, reduce parte de la evaporación y alimenta arroyos que acaban río abajo.
Los autores señalan que estos ecosistemas tienen un comportamiento hidrológico distinto al de la mayoría de bosques. Por eso su pérdida tiende a traducirse en menos regulación del caudal y más vulnerabilidad durante la estación seca, justo cuando más se nota la falta de agua.
Los números de 2070
El estudio, publicado en «Journal for Nature Conservation», compara dos trayectorias climáticas. Una con recortes fuertes de emisiones (RCP 2.6) y otra con emisiones altas (RCP 8.5), usando un conjunto de ocho modelos que combinan aprendizaje automático y regresión.
Hoy, la superficie climáticamente adecuada para bosques nubosos en Sudamérica se estima en unos 172.460 km². En el escenario de menor calentamiento, esa zona bajaría a alrededor de 151.355 km², una pérdida neta cercana al 12%.
El escenario de altas emisiones es el que concentra la alerta. Para 2070, el área adecuada podría caer hasta unos 15.285 km², una contracción de alrededor del 91%, con bosques cada vez más fragmentados y aislados.
Más calor y menos niebla
¿Y por qué un par de grados cambian tanto la película? Una clave es que el calor tiende a elevar la base de las nubes y a reducir la frecuencia con la que el bosque queda envuelto en niebla, algo que también se asocia a la pérdida de hábitat y a la conversión forestal en zonas cercanas.
Los autores ponen cifras medias a ese calentamiento en sus escenarios. Hablan de aumentos de temperatura en torno a 1,8 °C y 3,9 °C para Sudamérica, y de 2,7 °C y 4,3 °C para el área que hoy podría albergar bosque nuboso, según el escenario considerado.
En la práctica, esto empuja a muchas especies cuesta arriba. El problema es que la montaña se acaba y los fragmentos se quedan como islas pequeñas, más expuestas al estrés hídrico y al aislamiento.
El golpe para la gente río abajo
El trabajo también aterriza el riesgo en personas. Calcula que unos 19,5 millones de habitantes están hoy a menos de 5 km de ríos influenciados por bosques nubosos situados aguas arriba, una forma de medir quién se beneficia de esa regulación.
Con el escenario de menores emisiones, unos 5 millones podrían perder esos beneficios actuales sobre su suministro de agua. Con altas emisiones, la estimación sube a cerca de 16 millones, alrededor del 83% de quienes hoy se benefician.
No hablamos solo de abrir el grifo y que salga menos. Los autores apuntan a una pérdida de rendimiento, calidad y capacidad de regulación del agua, sobre todo en la estación seca, porque los usos del suelo alternativos suelen ofrecer menos «servicios» hidrológicos. No es poca cosa.
Protección y decisiones
Hay otro dato incómodo en el mismo artículo. Solo alrededor de un tercio de los bosques nubosos cae dentro de áreas protegidas existentes, incluso considerando condiciones actuales y futuras.Y además está la fragmentación. Si el bosque se reduce a parches pequeños y aislados, mantener poblaciones sanas de muchas especies se vuelve mucho más difícil, y la presión humana puede colarse incluso dentro de figuras de protección si no hay gestión real.
La lectura principal de los autores es directa. Para que estos «bosques esponja» sigan existiendo, hace falta combinar reducción de emisiones con conservación y restauración en el territorio, porque el clima y el cambio de uso del suelo empujan en la misma dirección.
El estudio ha sido publicado en Journal for Nature Conservation.













