La minería de metales como el paladio y el platino suele implicar minas a cielo abierto, consumo masivo de energía y residuos difíciles de gestionar. Ahora, un experimento realizado en la Estación Espacial Internacional apunta a una alternativa inesperada: dejar que hongos y bacterias trabajen directamente sobre rocas espaciales. En el proyecto BioAsteroid, un equipo internacional ha logrado que estos microorganismos liberen paladio y platino de fragmentos de meteorito en microgravedad.
Cómo funciona esta “biominería espacial”
¿Quiénes son estos nuevos “mineros”? El experimento utilizó la bacteria Sphingomonas desiccabilis y el hongo Penicillium simplicissimum, conocidos por su capacidad para disolver minerales. Las muestras de meteorito, de tipo L‑condrita, se alojaron en pequeños contenedores a bordo de la Estación Espacial Internacional mientras el astronauta Michael Scott Hopkins cuidaba del ensayo. En paralelo, el mismo montaje se repitió en un laboratorio terrestre para comparar los efectos de la gravedad normal con los de la microgravedad.
El equipo analizó 44 elementos presentes en la roca y comprobó que 18 de ellos podían extraerse con ayuda de los microbios. La autora principal, Rosa Santomartino, resume así el salto que supone el experimento: “Este es probablemente el primer experimento de este tipo en la Estación Espacial Internacional con un meteorito”. Su colega Alessandro Stirpe matiza que “no vemos diferencias enormes, pero sí algunas muy interesantes” cuando se comparan los datos del espacio con los de la Tierra.
Hongos que “muerden” el paladio y el platino
El truco está en los ácidos carboxílicos, unas moléculas que los microbios producen de forma natural y que actúan como pequeñas pinzas químicas. Se fijan a los metales de la roca y facilitan que se desprendan y pasen a la solución líquida. En microgravedad, el hongo Penicillium simplicissimum fue el más eficaz: en el experimento llegó a liberar en torno al 12 % del paladio presente en el meteorito y cerca del 0,3 % del platino, porcentajes claramente superiores a los obtenidos sin microorganismos.
Además, el estudio muestra algo clave para futuras misiones de larga duración. Sin microbios, la lixiviación puramente química pierde eficacia en microgravedad para varios elementos. Con hongos y bacterias, en cambio, la extracción se mantiene estable entre la Estación Espacial Internacional y la Tierra. En la práctica, esto significa que estos “mineros microscópicos” ayudarían a asegurar un suministro constante de ciertos metales aunque cambien las condiciones de gravedad.
¿Qué tiene que ver todo esto con el medio ambiente?
La biominería ya se utiliza en la Tierra para extraer metales sin recurrir a tantos reactivos tóxicos, como los cianuros que se emplean en algunas explotaciones. Este nuevo trabajo sugiere que la misma lógica podría aplicarse en asteroides ricos en metales, evitando abrir nuevas minas en ecosistemas frágiles y reduciendo parte de la presión sobre los yacimientos terrestres que alimentan móviles, ordenadores o coches eléctricos. Los propios autores apuntan a aplicaciones en economía circular, por ejemplo aprovechar mejor los residuos mineros en vez de generar nuevas escombreras.
Eso no significa que vayamos a “salvar el planeta” extrayendo platino en órbita a corto plazo. El estudio reconoce una alta variabilidad en los resultados y calcula que, con los rendimientos actuales, el valor económico del paladio extraído sería simbólico incluso en instalaciones muy grandes. La verdadera utilidad, por ahora, está en aprender a usar microbios para ganar autonomía en el espacio y en explorar técnicas de extracción menos agresivas tanto fuera como dentro de la Tierra.
El estudio completo se ha publicado en la revista científica npj Microgravity.







