En abril de 2023, unos pescadores que faenaban mar adentro frente a Alicante capturaron por accidente un tiburón blanco juvenil de algo más de dos metros y cerca de 90 kilos. Ahora, un estudio del Instituto Español de Oceanografía (IEO-CSIC), en colaboración con la Universidad de Cádiz (UCA), confirma oficialmente el registro dentro de la Zona Económica Exclusiva de España. Se trata del tercer ejemplar verificado en aguas del mar Mediterráneo español en menos de once años y encaja en una larga historia de avistamientos esporádicos de esta especie.
La noticia despierta preguntas muy humanas. Quien veranea en la Costa Blanca quizá se pregunte si es seguro seguir bañándose, mientras que los científicos ven en este animal un indicador del estado real del mar y de sus grandes depredadores. ¿Qué nos está diciendo exactamente este tiburón sobre la salud del Mediterráneo español?
Vamos por partes. Qué se ha descubierto, cómo encaja en más de siglo y medio de registros y qué implica para las personas y para los ecosistemas marinos.
Un joven tiburón blanco frente a la Costa Blanca
La captura se produjo el 20 de abril de 2023 en mar abierto, a más de diez millas de la costa alicantina, dentro de aguas nacionales. El ejemplar medía en torno a dos metros diez y pesaba entre 80 y 90 kilos, por lo que se considera un individuo juvenil, muy lejos todavía de los más de seis metros y varias toneladas que puede alcanzar un adulto.
Tras subirlo a bordo y comprobar que no se trataba de una especie comercial, los pescadores avisaron al equipo científico con el que colaboran de forma habitual. El investigador José Carlos Báez fue quien tomó las fotografías y vídeos y coordinó los análisis genéticos que permitieron confirmar sin dudas que se trataba de un tiburón blanco.
A partir de ese aviso, los expertos no se limitaron a describir el nuevo caso. Aprovecharon para revisar de manera sistemática todos los registros directos e indirectos recopilados desde 1862, desde capturas documentadas hasta mordeduras en tortugas marinas y otros animales varados en la playa.
Una presencia rara, pero constante en el Mediterráneo español
Esa revisión histórica confirma más de sesenta citas de tiburón blanco en el Mediterráneo español entre mediados del siglo XIX y 2023. En el periodo comprendido entre 1986 y 2001 se registraron 62 ejemplares en aguas españolas y, aun así, los investigadores calculan que la presencia en aguas baleares ha caído más de un 73 por ciento en las últimas décadas.
El nuevo trabajo concluye que la presencia del gran depredador ha sido persistente, aunque extremadamente infrecuente. La mayoría de evidencias proceden de marcas de mordeduras en tortugas marinas y otros animales que encallan en la costa, y muchas de esas señales coinciden en el tiempo con la migración del atún rojo, una de las presas favoritas del tiburón blanco.
Que el ejemplar de Alicante fuera un juvenil es especialmente relevante, porque los individuos jóvenes ayudan a entender la estructura de edades de la población. Aun así, los autores insisten en que una sola captura no basta para asegurar que la especie esté criando frente a nuestro litoral y piden prudencia antes de sacar conclusiones sobre una posible recuperación.
¿Debemos preocuparnos en la playa?
Los datos acumulados en más de 160 años son claros. Solo se han documentado dos ataques de tiburón blanco a personas en aguas españolas, uno en Málaga en 1862, con resultado mortal, y otro en la década de los ochenta frente a Tarifa, cuando un animal mordió la tabla de un surfista y le causó heridas graves.
En todo este tiempo la especie no se considera una amenaza relevante para los bañistas. Se trata de un animal pelágico, que suele moverse mar adentro siguiendo bancos de atunes u otras presas y que rara vez se acerca a la orilla. En la práctica, el riesgo en una jornada de playa es muchísimo menor que el asociado a otras actividades cotidianas, aunque el cine haya fijado en nuestra mente una imagen muy distinta.
Así que, si no es un motivo para el pánico en la orilla, ¿por qué importa tanto este nuevo registro?
Un termómetro de la salud del Mediterráneo
El tiburón blanco ocupa la cúspide de la cadena alimentaria marina y su presencia indica que en el sistema todavía quedan presas grandes y suficientes para sostenerlo. Según la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) está catalogado como especie Vulnerable en la Lista Roja a escala global, y los estudios coinciden en que las poblaciones mediterráneas se encuentran entre las más amenazadas del planeta por la sobrepesca y las capturas accidentales.
Además se trata de un animal que crece despacio, alcanza la madurez tarde y puede vivir varias décadas, con una longitud generacional cercana a los 50 años. Esto hace que cualquier descenso en el número de ejemplares tarde mucho tiempo en corregirse y que cada registro bien documentado aporte información valiosa sobre la evolución de la especie.
Por eso los autores del estudio insisten en que este hallazgo probablemente refleja una mejora en los sistemas de seguimiento y en la comunicación entre pescadores y científicos más que un aumento claro de la población. Reclaman programas de monitoreo específicos a largo plazo y mantener la colaboración con el sector pesquero para poder detectar de forma temprana nuevas capturas incidentales y reducir el impacto sobre estos grandes depredadores.
Para la ciudadanía, el mensaje de fondo es otro. La presencia esporádica de un tiburón blanco en el Mediterráneo español no debería verse como el regreso de un monstruo de película, sino como una señal de que el mar aún conserva parte de su fauna más emblemática. La próxima vez que mires al horizonte desde la costa quizá no veas a este animal, pero su mera existencia recuerda que la salud del océano y la nuestra van de la mano.
El estudio científico que describe este nuevo registro de tiburón blanco y la revisión completa de sus observaciones en el Mediterráneo español ha sido publicado en la revista Acta Ichthyologica et Piscatoria.

















