En algunas lagunas de Tahití, pocos días después de la luna llena, el mar amanece con una bruma blanquecina que, durante años, se interpretó como un prodigio local. Hoy, ese velo se lee de otra manera. Es la huella del desove de los corales. Y, por primera vez, una movilización internacional de buceadores, guías y científicos ha logrado seguir ese mismo episodio biológico en puntos separados por océanos enteros, con una precisión que roza el minuto.
El protagonista es el coral Porites rus, una especie constructora de arrecifes cuya reproducción parece responder a un patrón común a gran escala. La coordinación ha partido de la asociación polinesia Tama no te Tairoto (Niños de la laguna), que organizó una observación mundial los días 18 y 19 de enero de 2025 dentro del proyecto Connected by the Reef (Te Firi A’au).
Un desove a escala planetaria medido al minuto
El balance divulgado por IFRECOR (Iniciativa Francesa para los Arrecifes de Coral) describe “la mayor observación mundial” del desove de Porites rus, con más de 400 observadores procedentes de 21 países y evidencias de sincronización a lo largo de más de 18.000 kilómetros. En paralelo, otras plataformas vinculadas a la Década del Océano de la ONU elevan el alcance geográfico y hablan de participantes repartidos en más de 30 países, lo que sugiere una campaña con capas de participación y registros heterogéneos.
La clave no es solo el mapa, sino el reloj. Un manuscrito difundido en 2025 en bioRxiv sostiene que el conjunto de datos permite predecir meses, días y hora del desove “con precisión de minuto” en diferentes ubicaciones y profundidades del hemisferio sur. Esa regularidad refuerza una hipótesis de trabajo que interesa tanto a ecólogos como a gestores del litoral. La reproducción del coral no sería un fenómeno puramente caprichoso ni estrictamente local, sino un evento que se alinea con señales ambientales compartidas.
En términos mecanísticos, la literatura divulgativa de referencia coincide en los grandes disparadores. La Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA) explica que, una vez al año, muchas colonias liberan huevos y esperma de forma simultánea guiadas por el ciclo lunar y la temperatura del agua, una sincronía que aumenta las probabilidades de fecundación. La novedad en el caso de Porites rus es la escala y la consistencia temporal observada entre regiones muy distantes.
Ciencia ciudadana para vigilar un ecosistema en estrés
El operativo se ha apoyado en una aplicación móvil creada por Tama no te Tairoto, disponible en los principales repositorios, pensada para estandarizar observaciones y añadir metadatos como hora, condiciones y ubicación. Según IFRECOR, el despliegue de enero de 2025 permitió observar el fenómeno en simultáneo entre hemisferios, algo que hasta ahora era difícil por la fragmentación de datos y la dependencia de campañas científicas puntuales.
La lógica es sencilla y, a la vez, ambiciosa. En ecología de arrecifes, el problema no suele ser la falta de hipótesis, sino la falta de series temporales comparables. La ciencia ciudadana reduce esa brecha cuando existe protocolo, formación mínima y verificación. En este caso, el proyecto se presentó desde el inicio como un intento de confirmar la sincronización global del desove de Porites rus, un rasgo que, de consolidarse, abre vías de monitorización de bajo coste en múltiples países.
El enfoque también conecta con una lectura social del arrecife. La experiencia de ver el desove cambia la percepción del coral como “roca” y lo devuelve a su condición de organismo vivo, con ventanas reproductivas estrechas y vulnerables a perturbaciones humanas. Esa dimensión no aparece en los modelos, pero sí determina decisiones locales sobre fondeos, buceo recreativo o actividades costeras.
Por qué ese reloj puede importar ante el calentamiento del mar
La pregunta de fondo es qué se gana con medir con tanta finura el calendario reproductivo. En un océano que se calienta, el estrés térmico y la acidificación aumentan la mortalidad y reducen la capacidad de recuperación de los arrecifes. NOAA subraya que la sincronía y la diversidad genética asociada a estos eventos elevan las opciones de que parte de la descendencia resista temperaturas extremas o enfermedades.
Desde la perspectiva climática, el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) ha advertido en distintos informes y documentos de referencia que el blanqueamiento severo y recurrente es una de las mayores amenazas para los arrecifes, con proyecciones que apuntan a condiciones de blanqueamiento anual severo en muchas regiones bajo escenarios de calentamiento continuado.
En ese contexto, un “reloj reproductivo” estable puede convertirse en indicador, pero también en termómetro. Si el desove se adelanta, se retrasa o pierde sincronía, el cambio podría anticipar degradación antes de que el blanqueamiento sea visible a simple vista. La utilidad práctica, por tanto, no es solo científica. Es de gestión ambiental.
La cobertura mediática ambiental en España ha insistido además en factores que pueden interferir con estos ciclos. Ecoticias ha recogido, por ejemplo, estudios sobre cómo la contaminación lumínica puede alterar conductas en corales y otros organismos marinos, un vector especialmente relevante en litorales urbanizados. El mismo medio resume cada año la importancia ecológica de los arrecifes y su dependencia de equilibrios finos de luz y temperatura. Y también ha difundido análisis sobre puntos de no retorno y riesgos de colapso de estos ecosistemas en escenarios de cambio climático.
La historia que empieza en una laguna polinesia y acaba conectando arrecifes de varios océanos funciona, así, como un recordatorio doble. Hay mecanismos biológicos de una precisión todavía difícil de explicar, y hay una carrera contra el tiempo para que esa precisión no se rompa. La innovación aquí no es un satélite nuevo, sino una red humana capaz de observar el mar con disciplina, compararlo y convertir una escena efímera en información accionable.


















