A bordo del Joides

Después de dos semanas intensas de trabajo, finalizando la recuperación de las últimas muestras en este sector del Golfo de Cádiz, con la costa portuguesa visible a intervalos, cuando la neblina lo permite, parece el momento de hacer una recapitulación, que además, paradójicamente inicie la serie de comentarios.

La expedición IODP 339, como aparece en la introducción, tiene dos claros objetivos, uno la reconstrucción climática de aproximadamente el último millón de años en secuencias sedimentarias marinas, y el segundo estudiar cómo se ha producido la comunicación entre el Atlántico y el Mediterráneo, después de un episodio de cierre entre ambas cuencas, y en qué medida este nuevo escenario dio lugar a variaciones de corrientes, así como la influencia de esas aguas mediterráneas en el Atlántico y por ende en la dinámica oceánica global.

Hasta la fecha disponíamos de información obtenida esencialmente mediante técnicas geofísicas, que, de manera similar a lo que es una ecografía, aportan imágenes del sustrato submarino. En otras ocasiones, los materiales y sus constituyentes se conocían parcialmente, al haberse extraído secuencias cortas, algunas decenas de metros. Con la posibilidad de emplear el Joides Resolution (JR) y su técnica de “coring”, las expectativas de resolver algunas de esas incógnitas comienzan a verse cercanas, al posibilitar extraer material de varios centenares de metros por debajo del nivel del mar.

Y esto es lo que el JR y la tripulación científica y de técnicos de apoyo ha comenzado a realizar. Alterando parcialmente el programa original, la primera semana de campaña, partiendo de las Azores, y con una meteorología perfecta para navegar y realizar las perforaciones, se recuperó el que ya se conoce entre los especialistas como “Shackleton site” (37º 34.29’N/10º 757’W), en honor a Nicholas Shackleton, uno de los patriarcas de la Paleoceanografía recientemente fallecido, que estudió esta misma región, en concreto las últimas decenas de miles de años.

Tras la recuperación  de en torno a 150 metros de sedimento por debajo del nivel del mar, a una profundidad de 2500 m, los científicos trabajando en dos turnos de 12 horas cada uno, (de 12 de la mañana a 12 de la noche y viceversa), han comenzado a aportar sus datos.  Se comprueba que se han alcanzado materiales del último millón de años, de forma continua (esto es que no falta registro), y se han analizado las propiedades físicas y químicas que permitirán tener las referencias para que estos mismos científicos, y un número que empleará el material posteriormente, lleven a cabo la identificación y valoración de los indicadores que permitan cómo fue evolucionando el clima: cuál era la temperatura del agua (superficial y profunda), su salinidad, la dinámica de las corrientes que afectaban la región, el viento, la actividad de los microorganismos del plancton, etc., esto es una fotografía de las condiciones del Atlántico oriental en fechas pretéritas.

Tras la realización de  esa perforación, aún ocupados con el análisis del material que había sido extraído, manteniendo el ritmo de trabajo, o acelerándolo en su caso, alcanzamos el segundo punto (36º 49.68’N/7º 45.33W), en aguas portuguesas, en pleno Golfo de Cádiz. En estos momentos se finaliza la extracción del último testigo para iniciar las labores de análisis del pozo con herramientas que, introducidas en el mismo, proporcionaran una valiosa información adicional a la que aporta el propio sedimento. Los datos preliminares nos permiten asegurar que hemos alcanzado el Mioceno, por debajo de los 5 millones de años, perforando materiales producidos por la dinámica de las aguas de salida del Mediterráneo, profundas, densas, muy saladas. En breve podremos decir algo más.

Mientras tanto, desde esta madrugada atareada, entre muestra y muestra que analizar al microscopio, al margen de la ciencia, nos queda algún minuto para contemplar alguno de estos amaneceres únicos del océano.

 

Jose Abel Flores. Universidad de Salamanca.

Dos meses de aventura en el Atlántico

Partieron de las Islas Azores el pasado 17 de noviembre de 2011 y llegarán a Lisboa justo dos meses después, el 17 de enero de 2012, tras haber navegado por aguas del sur de Portugal y el Golfo de Cádiz. Los investigadores de la Expedición Científica 339 del IODP (Integrated Ocean Drilling Program o Programa Integrado de Perforación Oceánica) viajan en el buque Joides Resolution, la embarcación oceanográfica más importante del mundo, con 145 metros de longitud, 21 de anchura y 62’5 de altura (incluyendo la torre de perforación). Su misión es obtener datos que nos permitan saber más de los cambios climáticos que han tenido lugar en el pasado, lo que ayudará a predecir los del futuro.

Imagen del Joides

Son más de 30 científicos pertenecientes a 13 países y la aportación española es muy notable. El jefe de campaña es Javier Hernández-Molina, profesor de la Universidad de Vigo. Por la Universidad de Salamanca viajan Francisco Javier Sierro y José Abel Flores, expertos en Micropaleontología; mientras el Instituto Andaluz de Ciencias de la Tierra (centro del CSIC y la Universidad de Granada) estará representado por Francisco Jiménez-Espejo. A ellos hay que sumar la participación de Estefanía Llave Barranco, del Instituto Geológico y Minero de España (IGME) en calidad de observadora de aguas nacionales. Todo ello completa una participación inédita de cinco científicos españoles a los que habría que sumar otros dos que trabajan en Francia y Japón y acuden bajo la bandera de estos países.

¿Qué les impulsa a pasar dos meses en un barco y no poder estar con sus familias ni siquiera en Navidad? ¿Cómo es la vida a bordo? ¿Qué trabajos desempeñan y con qué objetivo? ¿Para qué servirá? A lo largo de los próximos días algunos de ellos nos contarán en este blog algunas de estas cosas. Será el relato de un viaje importante en el aspecto científico y probablemente apasionante desde el punto de vista personal.

El Joides estará en primer lugar en el Golfo de Cádiz la Expedición Científica 339 pretende estudiar la relación entre el Mar Mediterráneo y el Océano Atlántico. Se sabe que el Estrecho de Gibraltar estuvo cerrado hace seis millones de años, pero no se conoce con exactitud cuándo volvió a abrirse. En cualquier caso, existe un gran desnivel en el paso de las aguas de un lugar a otro, una especie de cascada submarina de unos 1.000 metros que hace que las aguas mediterráneas vayan hacia el Atlántico, que provoca una gran erosión en los fondos marinos y la circulación de masas de agua a lo largo de una gran extensión por los fondos marinos. Los científicos se preguntan qué impacto pudo causar en el clima de hace millones de años la apertura del Estrecho, cómo se refleja esto en los sedimentos de los fondos marinos y la relación de todo ello con las placas tectónicas africana y europea.

Tras abandonar el Golfo de Cádiz, el Joides estudiará las aguas que se encuentran frente a la costa portuguesa, al Sur de Lisboa. Se trata de perforar para obtener una serie de testigos (cilindros con muchos metros de sedimentos) que sean referencia de evolución climática de los últimos cientos de miles de años. En esta zona se ha comprobado que la dinámica de las masas de agua profundas tienen una influencia clara de la Antártida, en lugar de estar controladas por el Ártico, como se pensaba, un descubrimiento que hace pocos años rompió el modelo climático que tenían lo científicos. Sin embargo, aquellos estudios se llevaron a cabo con una técnica que sólo permitía recuperar un testigo de unas decenas de metros, mientras que ahora se van a perforar cientos de metros para tener una gran cantidad de material y poder aplicar todas las técnicas de análisis con material más que suficiente.

 

DICYTINNOVAticias.com

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