Detectado humo de meteoros en las nubes

Las NLC son un misterio que data de fines del siglo XIX. Los observadores del cielo, en el Norte, las detectaron por primera vez en 1885, casi dos años después de la erupción del volcán Krakatoa (Indonesia).

Investigadores de la NASA han detectado partículas de humo de meteoros (el rastro que dejan al desintegrarse en la atmósfera) en las nubes más altas de la atmósfera, también conocidas como nubes noctilocuentes (NLC, por sus siglas en inglés).

   Las NLC son un misterio que data de fines del siglo XIX. Los observadores del cielo, en el Norte, las detectaron por primera vez en 1885, casi dos años después de la erupción del volcán Krakatoa (Indonesia). La ceniza del volcán provocó puestas de Sol tan espléndidas que la observación del cielo nocturno se convirtió en un pasatiempo en todo el mundo.

   Un observador en particular, el alemán T. W. Backhouse, a quien con frecuencia se le adjudica el descubrimiento de las NLC, notó que, al oscurecer, algunas noches, había tenues filamentos que emanaban un color azul eléctrico en el cielo. Los científicos de esa época pensaron que era algún tipo de manifestación del polvo volcánico.

   Finalmente, la ceniza del volcán Krakatoa se disipó y las puestas de Sol perdieron intensidad, pero extrañamente las nubes noctilucentes no desaparecieron. Por ello, los expertos siempre había barajado que detrás de este fenómeno había polvo espacial.

   Ahora, el trabajo de la NASA ha detectado que se trata de humo de meteoros. «Este trabajo avala la teoría que establece que el polvo de los meteoros es el agente que sirve de núcleo y es aquel alrededor del cual se forman las NLC», ha apuntado el investigador principal, James Russell.

   Este resultado se ha obtenido mediante el método del Ocultamiento Solar para Experimentos con Hielo (SOFIE), gracias al cual se ha descubierto que «aproximadamente el 3 por ciento de cada cristal de hielo en una nube noctilucente es meteorítico», ha explicado el investigador.

   En este sentido, los científicos han señalado que el Sistema Solar está plagado de meteoroides de todas las formas y tamaños (desde trozos de roca del tamaño de un asteroide hasta motas de polvo microscópico). Todos los días, la Tierra recoge toneladas del material, principalmente del de menor tamaño. «Cuando los meteoroides golpean la atmósfera terrestre y se queman, dejan detrás una bruma compuesta de pequeñas partículas suspendidas, a una altura de 70 a 100 kilómetros sobre la superficie de la Tierra», indican los expertos, que apuntan que «no es coincidencia alguna que las NLC se formen a 83 kilómetros de altura, directamente dentro de la zona de humo de los meteoros».

innovaticias.com – ep

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