Tecnología verde para detectar puntos de fuga de CO2 en el fondo del océano

El nuevo modelo podría usarse para guiar las estrategias de muestreo durante el monitoreo de rutina de los sitios de almacenamiento y para estimar los impactos de las emisiones de CO2 en el medio marino local.

Inyectar dióxido de carbono (CO2) en las profundidades del fondo marino podría ser una estrategia importante para mitigar el cambio climático, según algunos expertos. Pero los científicos necesitan una forma confiable de analizar estos puntos para detectar fugas de gases de efecto invernadero.

Ahora, los investigadores que informan en ‘Environmental Science & Technology’, la revista de la Sociedad Química Americana, han estudiado las fuentes naturales de liberación de CO2 en la costa de Italia, utilizando lo que aprendieron para desarrollar modelos que podrían aplicarse a futuros lugares de almacenamiento.

La compañía multinacional de energía Equinor dispone de una instalación de captura y almacenamiento de CO2 que inyecta aproximadamente 1 megatón por año de gas de efecto invernadero en un acuífero de arenisca en alta mar en las profundidades de las aguas noruegas.

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El almacenamiento bajo el mar del gas presenta menos riesgo para los seres humanos en caso de fuga accidental en comparación con el almacenamiento en tierra, porque el océano actúa como un amortiguador para el CO2 que se expulsaría. En cambio, el gas filtrado puede disolverse en el agua del océano, disminuyendo el pH y dañando potencialmente el ecosistema marino local.

Actualmente, los científicos carecen de un método establecido para identificar y cuantificar múltiples fugas de CO2 distribuidas en una región del fondo del océano.

Por lo tanto, el investigador Jonas Gros y sus colegas del Centro Helmholtz de Investigación Oceánica Kiel, en Alemania, investigaron los cambios de pH cerca del CO2 natural que se filtra en las cercanías de Panarea, una pequeña isla frente a la costa del norte de Sicilia, en Italia.

Los investigadores utilizaron buzos e instrumentos basados en barcos para recolectar muestras de gas y agua de columnas de CO2 submarinas. El equipo utilizó estos datos para validar un modelo virtual que desarrollaron para predecir los cambios de pH en el agua como resultado de la fuga de gas.

Esta simulación indicó que más del 79 por ciento del CO2 se disolvió a 4 metros del fondo marino. El equipo descubrió que el modelo podía predecir un patrón de variación de pH en las aguas que rodeaban el sitio de fuga que era similar a los datos reales recopilados por sensores remolcados bajo el agua.

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