Para quien pasa la primavera entre pañuelos, cualquier novedad sobre la rinitis alérgica llama la atención. Y no es para menos. Un equipo de la Universidad de Hiroshima acaba de poner sobre la mesa una pista curiosa, el té matcha podría ayudar a reducir los estornudos alérgicos al actuar sobre los circuitos nerviosos que disparan ese reflejo. Eso sí, hay un matiz importante desde el principio, el hallazgo se ha observado solo en ratones.
Lo más llamativo del hallazgo
El trabajo, publicado el 5 de marzo de 2026 en npj Science of Food, vio que el matcha reducía los estornudos en un modelo murino de rinitis alérgica. Lo interesante es que ese efecto no vino acompañado de cambios claros en varios marcadores inmunitarios clave, como la IgE, los mastocitos o las células T. En otras palabras, el matcha no pareció actuar por la vía clásica de la alergia.
Cómo hicieron el experimento
Los investigadores trabajaron con ratonas BALB/c de entre seis y ocho semanas, sensibilizadas con ovoalbúmina, un alérgeno habitual en este tipo de ensayos. Después les administraron extracto de matcha por vía intragástrica a una dosis de 250 miligramos por kilo, tres veces por semana durante cinco semanas, además de una dosis extra 30 minutos antes de cada exposición nasal al alérgeno. Con ese protocolo, el equipo observó una reducción significativa tanto de la respuesta inmediata de estornudo como de la hiperreactividad nasal posterior.
Qué pasa en el cerebro del estornudo
Para entender qué estaba ocurriendo, el grupo analizó la proteína c-Fos, una señal que se usa para medir activación neuronal. La buscaron en una región del tronco encefálico vinculada al reflejo del estornudo, el llamado núcleo trigeminal espinal caudal ventral. Allí encontraron uno de los datos más potentes del estudio, el tratamiento con matcha redujo casi hasta niveles basales la activación inducida por histamina. Según explicó el profesor Osamu Kaminuma, «los estudios en humanos sugieren que el té verde puede aliviar la rinitis alérgica, pero no está claro cómo funciona». Este trabajo empieza a señalar precisamente ese posible mecanismo.
Lo que significa y lo que no
¿Quiere decir esto que una taza de matcha puede sustituir el tratamiento habitual contra la alergia? No. El propio estudio insiste en que estamos ante un experimento en animales, con una dosis controlada de laboratorio y en condiciones muy concretas. Además, en las pruebas con histamina y sustancia P la mejoría fue en la dirección esperada, pero no siempre alcanzó significación estadística, y los autores reconocen que algunas observaciones parten de muestras pequeñas. Por eso hablan de un resultado prometedor, no de una solución cerrada.
Aun así, la idea tiene interés. En buena parte, la investigación sobre rinitis alérgica se ha centrado en las cascadas inmunes. Este trabajo, en cambio, abre la puerta a mirar también la vía neurológica que termina provocando el estornudo. En la práctica, eso podría servir para desarrollar opciones complementarias, no sustitutivas. De hecho, Kaminuma lo resume así, «el objetivo es una opción alimentaria respaldada por evidencia que complemente la atención estándar de los síntomas de la rinitis alérgica».
Los autores también dejan una advertencia que conviene no perder de vista. Todavía no se sabe qué componente concreto del matcha explica este posible efecto, ni si la respuesta sería la misma en personas expuestas al polen en la vida real. Ese es el siguiente paso. Confirmarlo en humanos, con estudios más amplios y mejor diseñados. Hasta entonces, el mensaje es claro, hay una pista interesante sobre la mesa, pero no una recomendación clínica nueva. No todavía.
El estudio ha sido publicado en NPI.


















