Es oficial: el Gran Cinturón de Sargazos del Atlántico se ha convertido en un fenómeno oceánico sin precedentes, alimentado por nutrientes del Amazonas, fertilizantes y aguas residuales

Publicado el: 2 de enero de 2026 a las 21:09
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Manta de sargazo flotando en el océano Atlántico

El Gran Cinturón de Sargazos del Atlántico ya es una crisis marrón que se ve desde el espacio.

Quien haya viajado últimamente al Caribe o a la Riviera Maya sabe de qué hablamos. Playas cubiertas de una muralla marrón, olor a huevo podrido, turistas huyendo y máquinas trabajando sin descanso a primera hora de la mañana. Ahora ya es oficial, ese problema local se ha convertido en un fenómeno oceánico sin precedentes que recorre medio Atlántico.



En mayo de 2025 los satélites detectaron unos 37,5 millones de toneladas de sargazo extendidas en una banda de más de ocho mil ochocientos kilómetros, una franja de algas que cruza desde la costa occidental de África hasta el Golfo de México y que llega a ser casi el doble de ancha que Estados Unidos continental.

La comunidad científica ya le ha puesto nombre, el Gran Cinturón de Sargazos del Atlántico, y lo describe como una nueva estructura recurrente que aparece cada año desde 2011.



Qué es exactamente este cinturón flotante

El sargazo es un tipo de alga parda que flota libremente en la superficie. En condiciones normales se concentra en el Mar de los Sargazos, una zona del Atlántico Norte donde forma un auténtico bosque flotante que sirve de refugio a peces, invertebrados y tortugas marinas y que actúa como un importante sumidero de carbono, se estima que alrededor del siete por ciento de la bomba biológica de carbono del planeta.

Solo dos especies viven así toda su vida en alta mar, Sargassum natans y Sargassum fluitans. Sin embargo, los estudios muestran que el cinturón atlántico y el Mar de los Sargazos ya no son lo mismo. En el centro del Atlántico y en el Caribe dominan formas morfológicas distintas, como Sargassum natans tipo ocho, que además alberga una comunidad de fauna menos diversa.

En junio de 2018 ese cinturón alcanzó más de ocho mil ochocientos cincuenta kilómetros de longitud y superó los veinte millones de toneladas de biomasa, una señal clara de que no se trata de un episodio aislado sino de una nueva realidad oceánica.

Por qué se ha disparado, del Amazonas a los fertilizantes

La gran pregunta es por qué ahora. Un trabajo reciente del Instituto Oceanográfico Harbor Branch y otros centros ha analizado cuarenta años de datos, desde imágenes de satélite hasta muestras químicas de las algas. La conclusión apunta en una dirección incómoda, el sargazo está más cargado de nutrientes que hace décadas. Entre 1980 y 2020 las concentraciones de nitrógeno en las algas aumentaron en torno a la mitad y también subieron los niveles de fósforo.

Ese extra de alimento llega por varias vías. Por un lado, la escorrentía agrícola, los fertilizantes y otros productos químicos que arrastran los ríos hasta el mar. Por otro, las aguas residuales urbanas que todavía se vierten sin depurar de forma adecuada. A eso se suma el aporte del Amazonas y el Orinoco, cuyos caudales estacionales llevan al Atlántico enormes cantidades de nutrientes que alimentan los brotes de sargazo aguas abajo.

Varios estudios señalan además el papel de la atmósfera. El polvo del Sáhara aporta hierro y fósforo y un trabajo reciente apunta a un punto de inflexión alrededor de 2009, cuando cambios en los patrones de presión y viento sobre el Atlántico alteraron la mezcla vertical del océano y llevaron nutrientes de aguas profundas a la superficie donde el sargazo puede aprovecharlos.

En el fondo, el cinturón es el resultado de la suma, cambio climático, ríos más cargados de nutrientes, polvo sahariano y un océano que se calienta y se estratifica. No lo hemos creado desde cero, pero sí lo hemos superalimentado. Y eso se nota.

De refugio marino a pesadilla costera

En alta mar, el sargazo sigue siendo un hábitat clave. Allí sirve de guardería a peces pelágicos, acoge especies endémicas y ofrece refugio a las crías de al menos tres especies de tortugas del Atlántico durante sus primeros años de vida.

El problema empieza cuando esas masas llegan a la costa en cantidades descomunales. Al amontonarse en las playas, el sargazo se pudre y libera sulfuro de hidrógeno, el gas responsable del olor a huevo podrido, que puede irritar ojos y vías respiratorias e incluso provocar problemas neurológicos en exposiciones prolongadas.

Las alfombras densas bloquean la luz y estrangulan praderas marinas y arrecifes, consumen oxígeno al descomponerse y generan zonas muertas donde los peces no pueden sobrevivir. En algunos tramos del Caribe se han llegado a acumular decenas de miles de metros cúbicos por kilómetro de costa en un solo año.

Hay otro factor inquietante. El sargazo absorbe metales pesados y se han detectado niveles de arsénico que pueden suponer un problema para su uso como fertilizante, pienso o materia prima industrial, así como para el medio ambiente si se deposita sin control en vertederos o compostajes.

Todo esto tiene un coste muy real. Hoteles, municipios y gobiernos gastan millones cada verano en retirar algas, a menudo con maquinaria pesada que también daña las playas. En 2018 se estimó que solo en el Caribe algunos meses llegaron a recibir más de dos millones de toneladas en sus costas.

Qué se está haciendo y qué nos jugamos

Ante un fenómeno que ya se ve desde el espacio, la respuesta no puede ser solo recoger algas con palas. Universidades como la de Florida del Sur han desarrollado sistemas de vigilancia y boletines mensuales que estiman la cantidad de sargazo en diferentes regiones del Atlántico y el Caribe, una herramienta que ayuda a anticipar la presión sobre las costas.

En paralelo, el Sargassum Information Hub y otras plataformas agrupan datos en casi tiempo real y modelos de circulación para apoyar a administraciones y sectores económicos.

Los países más afectados empiezan también a coordinarse mejor. México y República Dominicana han propuesto una mesa conjunta para afrontar el problema de forma regional, mientras los científicos insisten en que sin reducir la contaminación por nutrientes, mejorar el tratamiento de aguas residuales y frenar la deforestación en cuencas clave seguiremos alimentando la marea marrón año tras año.

Para quien mira la playa solo ve algas y mal olor. Detrás hay un aviso claro sobre cómo estamos alterando el océano. El Gran Cinturón de Sargazos del Atlántico es al mismo tiempo síntoma y consecuencia de un modelo que vierte demasiados nutrientes y calienta demasiado rápido el agua que nos da de comer y regula el clima.

El reto ahora es doble. Conservar el bosque flotante donde toca y evitar que se convierta en un vertedero marrón en la orilla. Porque el cinturón no va a desaparecer de un año para otro, pero sí podemos decidir si sigue creciendo sin control o empieza, poco a poco, a perder fuerza.

El informe científico y de síntesis sobre el Gran Cinturón de Sargazos del Atlántico ha sido publicado en la Comisión del Mar de los Sargazos.

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ECOticias.com El periódico verde

Equipo editorial de ECOticias.com (El Periódico Verde), integrado por periodistas especializados en información ambiental: naturaleza y biodiversidad, energías renovables, emisiones de CO₂, cambio climático, sostenibilidad, gestión de residuos y reciclaje, alimentación ecológica y hábitos de vida saludable.

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