Júpiter resulta ser un poco más pequeño de lo que pensábamos. Lo suficiente como para que los astrónomos hablen de afinar las cifras y, en palabras del equipo que firma el estudio, de que “habrá que actualizar los libros de texto”.
Las nuevas mediciones, hechas con datos de la misión Juno de la agencia NASA, muestran que el gigante gaseoso es unos 8 kilómetros más estrecho en el ecuador y alrededor de 24 kilómetros más “bajo” de polo a polo respecto a las cifras que se usaban desde finales de los años setenta. Puede parecer poco en un planeta capaz de albergar más de mil Tierras en su interior, pero para la ciencia planetaria no es un simple detalle técnico.
Qué se ha descubierto exactamente
Hasta ahora, los valores “oficiales” del tamaño de Júpiter venían de las misiones Voyager y Pioneer, que sobrevolaron el planeta con la tecnología de la época y dejaron unas cifras aceptadas durante casi medio siglo. El nuevo trabajo, liderado por el Instituto Weizmann de Ciencias en Israel, combina las observaciones de trece pasadas de Juno con un método más fino para ver cómo se curva su señal de radio al atravesar la atmósfera del planeta.
El resultado es claro. El diámetro ecuatorial es unos 8 kilómetros menor que el valor clásico y el diámetro polar se reduce unos 24 kilómetros. Es decir, Júpiter está un poco más achatado de lo que se pensaba, con una diferencia algo mayor entre el tamaño de su ecuador y el de sus polos.
Cómo ha ayudado Juno a “medir” el gigante gaseoso
La clave ha sido aprovechar un tipo de experimento que hasta ahora se usaba poco en Júpiter, las llamadas radio ocultaciones. Cuando la nave Juno pasa por detrás del planeta visto desde la Tierra, su señal de radio tiene que atravesar las capas altas de la atmósfera joviana antes de llegar a nuestras antenas.
“Cuando la nave espacial pasa por detrás del planeta, su señal de radiocomunicación es bloqueada y desviada por la atmósfera de Júpiter. Esto permite una medición precisa del tamaño de Júpiter”, explica Scott J. Bolton, investigador principal de la misión Juno.
En la práctica, los científicos miden cuánto se retrasa y se dobla esa señal y, a partir de ahí, reconstruyen temperatura, densidad del gas y, finalmente, la forma exacta del planeta con una precisión de menos de un kilómetro. Es como cambiar un metro viejo por un láser moderno. El planeta no ha encogido, lo que se ha afinado es la cinta métrica.
Por qué importa que Júpiter sea un poco más “aplastado”
Puede que a quien mira el cielo desde su balcón le dé igual si el radio de Júpiter cambia unos kilómetros arriba o abajo. Sin embargo, para los modelos del interior del planeta es una pieza importante. El grado de achatamiento depende de cómo se reparte la masa en su interior y de cómo soplan los vientos a gran profundidad.
Con estas nuevas dimensiones, los modelos que combinan gravedad, rotación y atmósfera encajan mejor entre sí y permiten acotar mejor cuánta materia densa hay en el núcleo y hasta dónde llegan las potentes corrientes que vemos en las bandas de nubes. A cambio, los científicos pueden comparar con más seguridad a Júpiter con otros gigantes gaseosos, tanto del sistema solar como de fuera, esos exoplanetas a los que intentamos poner cara con telescopios cada vez más sensibles.
Júpiter como archivo de la historia del sistema solar
“Es probable que Júpiter fuera el primer planeta del sistema solar en formarse y, al estudiar lo que ocurre en su interior, nos acercamos a comprender cómo se formaron el sistema solar y planetas como el nuestro”, resume el profesor Yohai Kaspi, uno de los autores del trabajo. Para la ciencia planetaria, Júpiter es una especie de archivo histórico que guarda pistas sobre cómo se repartieron los materiales y el agua en los primeros millones de años.
Cuanto mejor conozcamos su tamaño real, su forma y su estructura interna, mejor podremos reconstruir ese pasado y entender por qué la Tierra terminó siendo un mundo habitable mientras otros cuerpos quedaron como fríos bloques de hielo o bolas de gas. No es poca cosa.
¿Y ahora qué pasa con los libros de texto?
En el corto plazo, nada dramático. Júpiter seguirá apareciendo como el gigante del sistema solar y nadie tendrá que reescribir por completo los manuales escolares. Pero, poco a poco, las tablas de datos, los modelos por ordenador y las infografías tendrán que incorporar estos nuevos números.
Para quien se acerca por primera vez a la astronomía, el mensaje de fondo es otro. La ciencia no es una lista cerrada de datos, es un proceso que va puliendo medidas y corrigiendo cifras a medida que llegan instrumentos mejores, como Juno en su órbita polar. Y eso se nota.
El estudio científico completo que redefine el tamaño y la forma de Júpiter ha sido publicado en la revista Nature Astronomy.







