Los nutricionistas expertos coinciden: los 10 alimentos que contienen cantidades muy elevadas de sal y casi nadie lo sabe

Publicado el 23 de septiembre de 2026 a las 09:47
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Tabla de madera con embutidos, quesos curados y pan

El pan del desayuno, una sopa preparada o una ensalada con salsa pueden aportar una cantidad de sal que pasa desapercibida. La Organización Mundial de la Salud (OMS) recomienda que los adultos consuman menos de 5 gramos al día, contando tanto la sal añadida como la que ya llevan los alimentos.

Apartar el salero ayuda, pero también conviene revisar la cesta de la compra. La Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición (AESAN) recuerda que el aporte depende de cuánto comemos y que puede variar entre marcas de un mismo producto. Ahí está la clave para elegir mejor.

Por qué importa la suma

El sodio es necesario para el funcionamiento del organismo, pero consumirlo en exceso eleva la presión arterial y aumenta el riesgo de enfermedades cardiovasculares. Los 5 gramos de sal equivalen aproximadamente a 2000 miligramos de sodio, dos cantidades que no conviene confundir al leer información nutricional.

La ficha de la OMS, actualizada el 11 de mayo de 2026, sitúa el consumo medio mundial de los adultos en unos 11 gramos de sal diarios, según datos de 2021. Es más del doble de lo recomendado. Esa media describe un problema colectivo, aunque no permite saber cuánto consume una persona concreta.

Pan y cereales

El pan puede aportar bastante sal por la frecuencia con la que lo comemos, incluso cuando su sabor no resulta especialmente salado. Las tostadas de la mañana, el bocadillo y las rebanadas de la cena se van sumando. Importan tanto la receta como la cantidad.

Con los cereales del desayuno ocurre algo parecido, y el sabor dulce puede hacer que la sal pase inadvertida. Su contenido cambia según el producto, así que merece la pena comparar opciones. El servicio público de salud británico (NHS) incluye ambos alimentos entre las fuentes cotidianas que conviene revisar.


Quesos y embutidos

El queso aporta proteínas y calcio, pero algunas variedades también contienen bastante sal. No todos los quesos tienen la misma composición, por lo que conviene mirar la etiqueta y ajustar la porción. Una cantidad pequeña para acompañar un plato no equivale a varias raciones repartidas durante el día.

El jamón, el salchichón o las salchichas son otros productos que pueden elevar el total. El NHS aconseja reducir las carnes procesadas saladas y propone alternativas como pollo sin procesar o verduras para los bocadillos. También cuenta lo que añadimos después, como queso o salsas.

Sopas, salsas y encurtidos

Las sopas preparadas merecen una mirada a la información nutricional antes de calentarlas. Algunas contienen bastante sal, y el tamaño del cuenco determina cuánto acabamos tomando. Conviene comprobar si las cifras del envase corresponden al producto listo para consumir.

Las salsas también suman, aunque se utilicen a cucharadas. La salsa de soja, el kétchup o la mostaza pueden aportar cantidades importantes, según su composición y la ración. Elegir versiones con menos sal y servir una cantidad menor ayuda a reducir ese aporte.

Los encurtidos, como los pepinillos, y las aceitunas en salmuera son otro punto que revisar. Pueden aportar mucha sal, aunque se presenten como un pequeño aperitivo. Si acompañan una comida que ya lleva embutido, queso y pan, todos esos aportes se acumulan.

Frutos secos y ensaladas

En los frutos secos hay que distinguir el alimento de lo que se le añade. Las versiones saladas o con ciertos condimentos pueden incrementar el consumo de sodio. AESAN recomienda elegir frutos secos sin sal, grasas ni azúcares añadidos, una opción sencilla para el tentempié.

¿Y una ensalada? El queso, las aceitunas y los aliños pueden sumar sal a una base de verduras frescas. Pedir la salsa aparte permite controlar mejor cuánto se utiliza, una medida que también recomienda AESAN para los platos servidos fuera de casa.

La ración cambia las cuentas

La tabla nutricional expresa la sal por 100 gramos o 100 mililitros, una referencia útil para comparar productos similares. Después hay que trasladar esa cifra a lo que realmente vamos a comer. Una ración indicada en el envase puede ser menor que la que servimos en casa.

Un ejemplo hipotético permite verlo con claridad. Si una sopa indicase 0,8 gramos de sal por 100 mililitros, un cuenco de 300 mililitros aportaría 2,4 gramos. Eso supone casi la mitad del límite diario recomendado por la OMS, antes de contar el resto del menú.

Comparar etiquetas y reducir poco a poco la sal añadida permite acostumbrarse a sabores menos salados sin cambiar toda la alimentación de golpe.

La información oficial sobre la reducción de la ingesta de sodio ha sido publicada por la Organización Mundial de la Salud, cuya ficha se actualizó el 11 de mayo de 2026.

ECOticias.com El periódico verde

Equipo editorial de ECOticias.com (El Periódico Verde), integrado por periodistas especializados en información ambiental: naturaleza y biodiversidad, energías renovables, emisiones de CO₂, cambio climático, sostenibilidad, gestión de residuos y reciclaje, alimentación ecológica y hábitos de vida saludable.

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