Una simple cena podría exponerle a la misma sustancia química cancerígena que el humo del tabaco

Publicado el: 20 de enero de 2026 a las 15:32
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Utensilios de cocina negros de plástico sobre mesa de madera (espátula, cucharón y pala ranurada)

Cocina, plásticos negros y gas: qué dicen ahora los estudios sobre los riesgos químicos en casa. En pocos meses hemos pasado de ver titulares que pedían tirar todas las espátulas de plástico negro a la basura a otro aviso menos vistoso pero quizá más serio sobre las cocinas de gas. La pregunta que queda en el aire es sencilla. Qué riesgo real hay en una cocina normal de casa.

Utensilios de plástico negro: menos alarma, mismo problema de fondo

Todo empezó con un estudio en la revista Chemosphere que analizó 203 productos de plástico negro para el hogar, muchos fabricados con plástico reciclado. El trabajo encontró retardantes de llama en el 85 por ciento de los objetos estudiados, sobre todo el compuesto BDE 209, un contaminante persistente que procede a menudo de residuos electrónicos como carcasas de ordenadores o televisores.



El estudio calculó que una persona que cocina con un utensilio muy contaminado podría ingerir unos 34 700 nanogramos diarios de BDE 209. El problema es que los autores cometieron un error matemático al comparar esa cifra con la dosis de referencia considerada segura por la Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos y subestimaron ese valor en un factor de diez.

Tras la corrección, la conclusión numérica cambia de forma importante. La ingesta estimada desde el utensilio se sitúa alrededor de diez veces por debajo del límite seguro de referencia para un adulto. Es decir, el riesgo por sí solo de una espátula de plástico negro en buen estado parece bajo en términos toxicológicos según los parámetros de la propia EPA.



Aun así, el estudio mantiene un mensaje incómodo. La presencia de BDE 209 y otros retardantes de llama en utensilios de cocina y juguetes deja claro que plásticos procedentes de residuos electrónicos, que llevan aditivos peligrosos, están entrando en la cadena del reciclaje sin el control suficiente. Los autores insisten en que el problema de fondo no es un solo cubierto, sino una economía circular que recicla también químicos que queríamos dejar atrás.

Qué puede hacer un hogar normal con esta información. Los expertos citados en los reportajes que revisan el estudio recomiendan no entrar en pánico ni vaciar cajones, pero sí aplicar cierto principio de precaución. Priorizar utensilios de acero inoxidable, madera o silicona cuando toque renovarlos, y retirar plásticos muy rayados o quemados, es una forma razonable de reducir exposición sin generar más residuos de golpe.

Cocinas de gas y benceno: una preocupación que va más allá del titular

Mientras se rebajaba la alarma sobre las espátulas, otro trabajo centrado en las cocinas de gas ponía números a algo que muchas personas intuyen cuando huelen el humo en una cocina cerrada. La combustión de gas y propano emite benceno, un compuesto orgánico volátil clasificado como carcinógeno para humanos por la Agencia Internacional para la Investigación sobre el Cáncer y por la EPA estadounidense.

El nuevo estudio, publicado en Journal of Hazardous Materials, combina mediciones reales en viviendas con un modelo de calidad de aire interior para estimar concentraciones de benceno en distintos tipos de casas en Estados Unidos. Se centra en el cinco por ciento de cocinas que más benceno emiten, unos 6,3 millones de personas, y simula escenarios con poco, medio y mucho uso de la cocina, con y sin ventilación.

En escenarios de uso medio y alto de la cocina de gas sin ventilación adecuada, las concentraciones de benceno en el interior superan con frecuencia las guías de salud usadas por la Organización Mundial de la Salud para evaluar el riesgo de cáncer a lo largo de la vida. El trabajo estima que la probabilidad adicional de desarrollar cáncer por esta exposición es hasta 1,85 veces mayor en niños que en adultos, por su menor peso corporal y su fisiología.

El modelo también muestra que el problema no se queda en la cocina. Después de una o dos horas de cocinado, el benceno se reparte por el salón y los dormitorios. En apartamentos pequeños sin ventilación, las concentraciones medias en el dormitorio pueden superar durante horas el valor de referencia de ocho horas que usa la autoridad ambiental de California para efectos no cancerígenos.

La parte buena es que las medidas de ventilación funcionan en gran medida. Abrir todas las ventanas durante el día reduce las concentraciones de benceno entre un 95 y un 99 por ciento en comparación con una vivienda cerrada. Una campana extractora que expulsa el aire al exterior con una eficacia de captura igual o superior al 75 por ciento también recorta de forma notable la exposición, aunque no siempre por debajo de los valores de riesgo para los hogares más contaminados.

Qué significa todo esto para tu cocina

Entonces, hace falta cambiarlo todo ya. En la práctica, los datos apuntan a algo más matizado. En el caso del plástico negro, el error de cálculo ha rebajado el miedo inmediato por un solo utensilio, pero ha destapado un fallo en el control de los flujos de reciclaje y la presencia de retardantes de llama en productos que tocan alimentos. En el caso del gas, el mensaje es más claro. Cocinar mucho con gas en espacios pequeños y mal ventilados añade un riesgo evitable, sobre todo para los niños que respiran ese aire todas las noches.

Para un hogar medio, los pasos razonables pasan por ventilar bien siempre que se cocine, usar la campana extractora que saque el aire al exterior y, cuando llegue el momento de renovar la cocina, valorar seriamente opciones eléctricas o de inducción que no emiten benceno ni dióxido de nitrógeno en el interior de la vivienda. Al mismo tiempo, merece la pena aprovechar los recambios de menaje para reducir poco a poco la presencia de plásticos reciclados opacos que no ofrecen información clara sobre sus aditivos.

Los estudios científicos en los que se basa esta información se han publicado en la revista Journal of Hazardous Materials.

Imagen autor

Adrián Villellas

Adrián Villellas es ingeniero informático y emprendedor en marketing digital y ad tech. Ha liderado proyectos de analítica, publicidad sostenible y nuevas soluciones de audiencia. Colabora además en iniciativas científicas ligadas a la astronomía y la observación espacial. Publica en medios de ciencia, tecnología y medioambiente, donde acerca temas complejos y avances innovadores a un público amplio.

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