Will Smith tiene la ‘culpa’: descubren una nueva especie de anaconda desconocida para la ciencia de 6,3 metros de largo y 500 kilos de peso mientras grababan un documental en el Amazonas

Publicado el: 18 de junio de 2026 a las 18:52
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Anaconda verde del norte (Eunectes akayima) sobre ramas junto a un río del Amazonas ecuatoriano.

En el Amazonas ecuatoriano, una expedición ligada al documental Pole to Pole with Will Smith acabó dejando una noticia mayor que cualquier escena de aventura. Lo que parecía una anaconda verde más, enorme y difícil de manejar, forma parte del linaje que un equipo internacional propone reconocer como anaconda verde del norte.

Conviene poner el freno antes de quedarse solo con la cifra viral. El ejemplar medido con seguridad por el equipo llegó a 6,3 metros, mientras que los relatos Waorani hablan de otros individuos de más de 7,5 metros y unos 500 kilos. Es decir, hay un gigante confirmado y hay pistas locales de otros todavía mayores. No es poca cosa.



Una especie oculta

La nueva serpiente ha sido denominada anaconda verde del norte, Eunectes akayima, por el equipo que publicó el estudio. Fue estudiada en la región de Bameno, dentro del territorio Baihuaeri Waorani, en el Amazonas de Ecuador, durante una expedición científica liderada por el profesor Bryan Fry, de la Universidad de Queensland.

Los investigadores no estaban simplemente buscando una serpiente grande para televisión. El trabajo mezclaba toma de muestras, genética y observación de un depredador que puede servir como señal de alarma del estado de los ríos y humedales. Los Waorani tuvieron un papel clave, hasta el punto de aparecer como coautores del artículo científico.



La coincidencia con Will Smith no fue un adorno. La serie de National Geographic se estrenó en enero de 2026 y sigue al actor junto a científicos, exploradores y guías locales por varios de los entornos más extremos del planeta. En la parte amazónica, el equipo tomó una muestra de escama de una hembra de unos 4,9 a 5,2 metros para estudiar lo que estaba ocurriendo en el ecosistema.

Qué reveló el ADN

El estudio publicado en Diversity analizó datos genéticos de anacondas de nueve países. Ahí apareció la sorpresa, dentro de lo que se conocía como Eunectes murinus había dos linajes profundos y separados. Uno corresponde a la anaconda verde del sur y el otro a la anaconda verde del norte propuesta por los autores.

La diferencia genética ronda el 5,5 por ciento. Fry lo resumió con una comparación muy clara, humanos y chimpancés difieren alrededor de un 2 por ciento. La separación entre ambas anacondas se habría producido hace casi 10 millones de años.

¿Se nota a simple vista? En buena parte, no. Ese es precisamente el punto. Pueden parecer casi idénticas para un observador normal, e incluso para muchos expertos, pero el ADN cuenta otra historia.

Cuidado con los 7,5 metros

La frase de la anaconda de 7,5 metros engancha, claro. Pero hay que contarla bien. La medida confirmada por el equipo es la hembra de 6,3 metros, mientras que los más de 7,5 metros proceden de informes locales y de un ejemplar que no fue medido directamente por los científicos.

Eso no vuelve inútiles esos testimonios. En una selva donde muchas especies pasan años sin ser vistas por la ciencia occidental, el conocimiento indígena puede abrir caminos que un laboratorio no encuentra solo. Pero desde el periodismo conviene separar el animal medido de los relatos de campo.

También hay otro matiz. Las hembras de este linaje son las que alcanzan los tamaños más enormes, mientras que los machos son mucho más pequeños. La descripción taxonómica actualizada señala que los machos no superan los 3,5 metros, y que las hembras suelen pasar de los 4 metros y pueden superar los 6.

La contaminación entra en juego

La noticia no va solo de una serpiente gigantesca. Va también de agua, petróleo, metales pesados y cadenas alimentarias. Las anacondas, al estar arriba en el ecosistema, pueden servir como una especie de termómetro viviente de lo que entra en los ríos.

Fry explicó que hembras y machos comen distinto. Las hembras se alimentan más de animales como ciervos, mientras que los machos consumen más peces depredadores y caimanes. Si hay contaminación, ese detalle importa mucho, porque los tóxicos suben peldaño a peldaño por la cadena alimentaria.

Según Fry, las concentraciones de cadmio y plomo fueron más de un 1000 por ciento superiores en machos que en hembras. El dato apunta a un problema que no se ve en una foto bonita del Amazonas. Lo que se vierte río arriba puede acabar en el cuerpo de los animales, y también en la comida de las comunidades que viven allí.

Un nombre con debate

El hallazgo no significa automáticamente que todo esté cerrado. Varios especialistas han discutido la validez del nombre Eunectes akayima y han pedido más muestreo y más marcadores nucleares para delimitar mejor las especies dentro del género Eunectes. Dicho de forma sencilla, el ADN mitocondrial muestra una separación fuerte, pero la taxonomía exige más piezas encajadas.

El propio equipo publicó después una descripción más detallada para corregir errores de nomenclatura, aclarar puntos del Código Internacional de Nomenclatura Zoológica y defender el uso del nombre indígena akayima. Esta parte puede sonar técnica, pero importa. Un nombre científico mal fijado puede complicar leyes, conservación y bases de datos.

Aun así, la señal de fondo sigue ahí. Hay poblaciones de anacondas verdes del norte y del sur con una historia evolutiva más compleja de lo que se pensaba. Para protegerlas bien, primero hay que saber qué estamos mirando.

La lección del Amazonas

Hay algo muy llamativo en esta historia. Uno de los animales más famosos del planeta seguía guardando un secreto delante de nuestros ojos. No era una criatura diminuta en una hoja, sino una de las serpientes más grandes del mundo.

Por eso el hallazgo pesa más de lo que parece. Habla de biodiversidad oculta, de ciencia de campo, de colaboración indígena y de una Amazonía que todavía guarda respuestas, pero que también está perdiendo tiempo. La Universidad de Queensland advierte de amenazas como deforestación, incendios, sequía, cambio climático, fragmentación del hábitat y contaminación asociada a actividades extractivas.

En el fondo, esta anaconda funciona como una brújula. Si el gran depredador empieza a acumular metales o pierde hábitat, el problema no es solo de la serpiente. Es una señal de que el ecosistema entero está recibiendo golpes.

El estudio principal que presenta el hallazgo ha sido publicado en la revista científica Diversity.

Imagen autor

Javier F.

Periodista, licenciado en la Universidad Nebrija, diez años en Onda Cero, y ahora en proyectos profesionales como Freelance. Especializado en contenido SEO y Discover

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