El satélite capta vapor de la central nuclear de Astravyets formando homogenitos

Publicado el: 31 de diciembre de 2025 a las 20:00
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En la mañana del 7 de octubre, el satélite europeo Sentinel 2 fotografió algo poco habitual sobre la central nuclear de Astravyets, en Bielorrusia. Una columna de vapor de agua que salía de las torres de refrigeración dibujó en altura un círculo de nubes muy definido, un auténtico “ojo” visible en un radio de unos veinte kilómetros. La imagen revelaba un tipo de nube con nombre propio en la clasificación oficial, las llamadas homogenitus, nubes creadas directamente por la actividad humana.

El satélite Sentinel-2 capta un fenómeno poco habitual

La escena llamó la atención de los aficionados a la meteorología en Lituania, país vecino y muy sensible a todo lo que ocurre en esa central ubicada a unos cuarenta kilómetros de Vilna. Desde tierra, la pluma blanca podía confundirse con humo. Desde el espacio, en cambio, se veía una columna casi recta que se ensanchaba arriba hasta formar ese “ojo de las nubes” tan geométrico.



Por qué el vapor de Astravyets formó un “ojo” de nubes

¿Qué estaba pasando exactamente en la atmósfera sobre Astravyets? Los meteorólogos locales explican que ese día el viento era muy débil en todas las capas de la atmósfera. El vapor de agua caliente subió como si fuera un pilar y, al enfriarse, generó nubes estratiformes en la parte alta de la pluma que adoptaron ese aspecto de iris y pupila. Sin la central también habría nubes, pero no ese patrón tan perfecto, de ahí que se consideren nubes artificiales ligadas al funcionamiento de la instalación.

El Centro de Protección Radiológica de Lituania tuvo que salir a tranquilizar a la población. Varios vecinos se habían inquietado al ver la pluma sobre el horizonte y pensaron en un posible incidente nuclear. El organismo recordó que lo que sale de las torres de refrigeración es vapor de agua que se genera al enfriar grandes volúmenes de agua caliente en el circuito de refrigeración. “Es vapor de agua que algunos residentes pueden confundir con humo” y este proceso normal “no supone un riesgo para la seguridad de la central ni para la población ni el medio ambiente”, señaló el centro.



Qué son las nubes homogenitus y cómo se originan

Detrás de este caso hay un concepto que suena muy técnico, pero describe algo que cualquiera puede ver al mirar al cielo. La Organización Meteorológica Mundial incluye desde 2017 una categoría especial de nubes, las homogenitus, reservada a aquellas que se originan claramente por acción humana. El ejemplo más conocido son las estelas de condensación de los aviones, pero el propio atlas oficial cita también las nubes generadas por las corrientes ascendentes sobre torres de refrigeración de grandes centrales.

En Astravyets la columna de vapor actuó como un núcleo donde se fue condensando la humedad de la masa de aire. Esa condensación modificó la estructura de las nubes que ya había en altura y reforzó el dibujo circular que se aprecia en la imagen del Sentinel 2. Para los meteorólogos es casi un laboratorio al aire libre, porque permite ver cómo una fuente puntual de vapor de agua altera el cielo mucho más allá de la propia chimenea.

Un recordatorio de cómo la actividad humana ya modifica el cielo

La central de Astravyets no es pequeña. Con dos reactores VVER 1200 y una potencia neta de unos 2 200 megavatios, en 2024 aportó cerca del 36 por ciento de toda la generación eléctrica del país y en torno al 15 por ciento del suministro energético total. Eso alivia la dependencia de combustibles fósiles y reduce emisiones de CO2 en el sistema eléctrico bielorruso, aunque la planta acumula años de polémica por su localización tan cercana a la frontera lituana y por diversos problemas de seguridad señalados por instituciones europeas.

Más allá del debate nuclear, la imagen del “ojo de nubes” encaja en una foto más amplia. Cada vez hay más ejemplos de nubes ligadas a lo que hacemos en la superficie. Las estelas persistentes de los aviones pueden expandirse y transformarse en mantos de cirros que modifican ligeramente el balance de radiación del planeta, un efecto que los científicos llevan años intentando cuantificar y que podría aportar una parte apreciable del impacto climático de la aviación.

Los estudios sobre plumas de torres de refrigeración apuntan a algo parecido, aunque a una escala mucho más local. El vapor añadido aumenta un poco la humedad y crea nubes visibles sobre todo en días fríos y calmados. El impacto se concentra en unos pocos kilómetros alrededor de la central y, en general, se considera pequeño, con efectos que pueden ser incluso positivos en ciertos momentos como menor riesgo de heladas o algo más de sombra en horas de sol intenso.

¿Y qué significa todo esto para quien solo ve una “nubecita” sobre una chimenea? Que el cielo ya no es un lienzo completamente natural. Entre las homogenitus de las centrales, las estelas de los aviones y las plumas de grandes industrias, la atmósfera empieza a reflejar de forma muy visible nuestro modelo energético y de transporte. La imagen de Astravyets no indica una fuga radiactiva, pero sí nos recuerda algo importante.

Nuestra huella llega también a las nubes. Y entenderlo ayuda a tomar decisiones más informadas sobre cómo queremos producir electricidad, movernos y, en definitiva, dibujar el cielo del futuro.

El comunicado oficial ha sido publicado en la página del municipio de Ukmergė.

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ECOticias.com El periódico verde

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