En cuanto estalla una crisis en Oriente Medio, el mapa energético vuelve a ponerse nervioso. El ataque a infraestructuras de gas en el Golfo y el cierre del estrecho de Ormuz han empujado el precio del gas en Europa hasta un 30% al alza, con efecto directo sobre la factura y sobre todo lo que depende del transporte y la industria.
En medio de esa tensión, un dato llama la atención por lo concreto. Ember calcula que la electricidad generada por la solar y la eólica ya instaladas ha evitado desde el inicio del conflicto el equivalente a unos 330 TWh de generación con gas, lo que se traduce en un ahorro potencial superior a 40.000 millones de dólares. Y España, con un 56% de generación eléctrica renovable, está menos expuesta a la montaña rusa del gas que otros vecinos europeos.
Cuando manda el gas, sube todo
El problema no es solo que el gas sea caro, es que en muchas horas marca el precio de toda la electricidad. En los primeros diez días de guerra, la electricidad generada a partir de gas se encareció un 50% en la Unión Europea, y ese tirón se contagia al mercado porque el sistema paga a todas las tecnologías al precio de la última que entra para cubrir la demanda.
Dicho de forma sencilla, es como si en el supermercado el producto más caro de la cesta fijara el ticket de todo. Si hay muchas renovables entrando antes (por ser más baratas), el gas entra menos horas y su «capricho» pesa menos. En la práctica, eso se nota cuando miras la factura de la luz y ves menos picos inesperados.
Aun así, cuando el gas se dispara, Europa lo paga dos veces, en el mercado eléctrico y en las importaciones. Solo en esos primeros diez días, los Veintisiete desembolsaron unos 2.500 millones de euros adicionales por compras de gas, según los cálculos recogidos por Ember.
Un récord que se mide en gigavatios
El informe de Ember pone cifras a una tendencia que lleva años acelerando. En 2025 el mundo instaló 814 GW de nueva capacidad solar y eólica, un 17% más que en 2024, y la potencia conjunta de ambas tecnologías superó los 4.174 GW.
Aquí va la traducción útil. Un gigavatio (GW) es mucha potencia, pero lo importante es lo que acaba produciendo a lo largo del año. En 2025 la solar aportó la mayor parte del crecimiento (647 GW nuevos) y la eólica pegó un salto del 47% (167 GW), hasta rondar los 2.900 GW solares y los 1.300 GW eólicos acumulados a final de año.
Y hay otra cifra que ayuda a aterrizarlo. Esa capacidad añadida en 2025 tiene un potencial de generación anual estimado de 1.046 TWh, suficiente para desplazar más de una séptima parte de la generación mundial con gas, y además recorta CO2. A precios actuales, esa electricidad podría evitar importaciones de gas por unos 138.000 millones de dólares al año.
España nota menos la montaña rusa
No todos los países viven la crisis energética con la misma intensidad, y ahí España tiene ventaja. En nuestro país, las renovables ya representan el 56% de la generación eléctrica, y el gas ha marcado el precio solo un 15% de las horas en lo que llevamos de 2026. En Italia, ese porcentaje sube hasta el 89%, según otro análisis de Ember.
¿Qué significa esto en la práctica para un hogar o una pyme? Que hay muchas más horas en las que la electricidad se apoya en tecnologías que no dependen del precio del combustible importado. Es una diferencia pequeña cuando todo va bien, pero enorme cuando los mercados se ponen tensos.
Eso no convierte a España en una burbuja. El gas sigue siendo necesario en picos de demanda, y el resto de la economía (transporte, fertilizantes, logística) sigue sufriendo cuando suben petróleo y gas. Por eso el debate ya no es solo «poner placas», sino reducir dependencia en todo lo que se pueda electrificar.
El petróleo se cuela por la movilidad
La factura no termina en el contador eléctrico. La Comisión Europea recuerda que el gas y el petróleo siguen dominando la calefacción, la industria y el transporte, lo que deja a hogares y empresas expuestos a fuertes fluctuaciones. Entre el 27 de febrero y el 20 de marzo de 2026, Bruselas calcula que el crudo subió un 51% y el gas natural un 85%.
De hecho, la respuesta política ya suena a medidas de emergencia. La Comisión plantea opciones como «al menos un día de teletrabajo obligatorio a la semana» cuando sea posible y abaratar el transporte público (incluso hacerlo gratuito para algunos colectivos), dentro de un paquete para amortiguar el golpe en la ciudadanía.
La lectura ecológica aquí es clara, aunque no siempre se diga así. Cada kilómetro que se mueve en un tren o en un vehículo eléctrico cargado con una red cada vez más renovable es un poco menos de petróleo importado. Y cuando el petróleo se usa como arma económica, esa diferencia deja de ser teórica.
El siguiente paso es la red y las baterías
Ahora bien, la expansión renovable no funciona sola. Para que la solar y la eólica sean un verdadero «escudo», hace falta red, almacenamiento y flexibilidad (baterías, interconexiones, gestión de la demanda y eficiencia). Si no, se corre el riesgo de tener mucha energía barata en unas horas y seguir dependiendo del gas en otras.
En Ember lo resumen sin rodeos. Kingsmill Bond advierte que la escalada en Oriente Medio «recuerda los riesgos» de depender de petróleo y gas importados, y defiende que «solar, eólica y baterías» ofrecen una vía más rápida y barata hacia la seguridad energética. Leonard Heberer añade que la velocidad de la solar «no tiene precedentes» y que, junto a la eólica, va camino de ser la columna vertebral del suministro eléctrico mundial.
También Bruselas vuelve a poner el foco en lo estructural. La Comisión destaca que los países con alta proporción de renovables y nuclear suelen tener precios de la electricidad por debajo de la media europea, y avisa de que las decisiones de hoy marcarán si la próxima crisis se afronta con fragilidad o con fortaleza.
El comunicado sobre este récord global y su efecto «colchón» frente a la crisis del gas ha sido publicado en Ember.









