El dique San Roque, principal reserva de agua para la ciudad de Córdoba y hoy asociado al agua verde y los malos olores, podría dejar de ser un problema crónico. Equipos de la Universidad Nacional de Córdoba, con apoyo de la Secretaría General de Ambiente y Economía Circular, buscan transformar las floraciones de algas en energía renovable mediante satélites, nanotecnología y biogás.
El embalse arrastra décadas de eutrofización, con exceso de nutrientes y floraciones de cianobacterias que encarecen la potabilización, dañan la fauna y limitan el uso recreativo. La mayor parte del área metropolitana cordobesa bebe de él, de modo que lo que ocurre en su superficie termina afectando al agua del grifo y al turismo.
La primera línea de trabajo mira el problema desde el espacio. El Instituto Gulich y la agencia Conae, junto al Instituto de Nanociencia y Nanotecnología de Cataluña, llevan quince años recopilando imágenes satelitales y afinando algoritmos que detectan clorofila y pigmentos de algas. Ese sistema funciona como un “GPS de las algas” y marca dónde se concentran los brotes más peligrosos.
Con esos mapas se prevé desplegar plataformas flotantes equipadas con nanocatalizadores que se activan con la luz del sol. Las nanopartículas degradan toxinas y materia orgánica y las convierten en compuestos inocuos, mientras dañan las células de las cianobacterias. Los materiales activos quedan fijados a las estructuras flotantes para evitar que se dispersen y no sumar un nuevo contaminante.
La segunda pata del plan se centra en lo que hoy se tira. Las algas y plantas acuáticas retiradas del embalse suelen quedar apiladas en la orilla, con impacto visual y malos olores que muchos visitantes reconocen al instante. El equipo que lidera la investigadora Anabella Ferral quiere cuantificar esa biomasa y probar su uso en biodigestores para producir biogás y otros bioinsumos. Si la estrategia prospera, lo que hoy asfixia el lago pasará a ser un recurso energético.
Detrás de estas iniciativas hay una red amplia de actores, desde la UNC y el Conicet hasta fundaciones y cámaras empresariales, con financiación de la Secretaría General de Ambiente y Economía Circular y gestión de la Secretaría de Ciencia y Tecnología de la universidad. Los expertos recuerdan que sin reducir vertidos urbanos y mejorar el saneamiento de la cuenca cualquier avance será parcial, por lo que estas tecnologías se plantean como complemento al Plan de Saneamiento del lago y no como sustituto de las obras de base.
El comunicado oficial sobre estos proyectos se ha publicado en la Universidad Nacional de Córdoba.

















