Marruecos sigue en alerta por la langosta del desierto, un insecto capaz de arrasar cultivos en muy poco tiempo cuando se agrupa y se mueve en masa. En las últimas semanas, el país ha intensificado las labores de control y, según datos citados por EFE, ya se han tratado 39.042 hectáreas para frenar la plaga.
La clave ahora es evitar que la situación escale justo cuando la FAO avisa de que el brote se está desplazando hacia el norte y de que ya se han detectado ejemplares en Canarias, aunque de forma aislada. ¿Traducido a la vida real? Que lo que ocurra en el sur de Marruecos también puede acabar importándonos en España.
Qué está pasando en Marruecos
La FAO explica que, durante marzo, el brote continuó en el Sáhara Occidental y Marruecos, mientras avanzaba hacia el norte. La reproducción aumentó y se extendió a zonas al norte de Agadir y cerca de Errachidia, y se detectaron grupos y bandas de ninfas cerca de Guelmim en la segunda mitad del mes.
Desde Rabat, una fuente oficial trasladó a EFE un mensaje de control y de vigilancia activa. “La situación está completamente controlada” y, según esa misma fuente, se han movilizado recursos para tratar “con rapidez y respetando las normas ambientales” las áreas afectadas.
Detrás de este repunte hay un factor que se repite en casi todas las crisis de langosta. El entomólogo marroquí Mostafa Benramel lo resumió así, con palabras sencillas, al hablar de “lluvias excepcionales” que favorecen la vegetación y crean un escenario ideal para que estos insectos se agrupen y se reproduzcan.
Una plaga que se multiplica rápido
La langosta del desierto no impresiona solo por el número, también por la velocidad. La FAO recuerda que su ciclo va por fases y que, en condiciones favorables, puede crecer de forma explosiva entre generaciones.
Para hacerse una idea de escala, la FAO la define como “la plaga migratoria más destructiva del mundo”. Un solo kilómetro cuadrado de enjambre puede albergar hasta 80 millones de adultos y llegar a consumir en un día lo mismo que 35.000 personas. No es poca cosa.
Además, cuando se forman grupos móviles, no se quedan quietos. La FAO indica que pueden volar a favor del viento hasta 150 kilómetros en un día, lo que complica mucho la respuesta si la detección llega tarde.
Canarias entra en el mapa
En su actualización del 3 de abril, la FAO señala que en Canarias se reportaron “solo adultos aislados”. Es un matiz importante, porque no significa una invasión, pero sí confirma que algunos ejemplares han llegado.
En Lanzarote, por ejemplo, se notificó la aparición de cientos de ejemplares en algunos puntos, coincidiendo con un episodio de calima. El responsable de Medio Ambiente del Cabildo, Francisco Fabelo, lo dejó claro al hablar de vigilancia inmediata. “Los próximos dos días van a ser claves” para ver si se trata de adultos agotados que acaban muriendo o si hay señales de reproducción.
Aquí el detalle práctico es el que importa. Si lo que llega es puntual y no se reproduce, el episodio puede quedar en susto y seguimiento, como ya ocurrió en otros momentos. Si aparecen cópulas o juveniles, el escenario cambia, porque los individuos jóvenes suelen ser los más voraces, y ahí es cuando se mira a los cultivos con preocupación.
Pesticidas con lupa
Cuando se habla de tratar decenas de miles de hectáreas, la palabra “pesticidas” pesa. La propia FAO reconoce que en campañas contra la langosta se utilizan grandes cantidades y que eso puede implicar riesgos para la salud humana y el medio ambiente, de ahí que haya actualizado sus directrices para reforzar la seguridad y las precauciones ambientales.
La cuestión no es solo “fumigar o no fumigar”, porque el objetivo es proteger cosechas y pastos. En el fondo, se trata de cómo se hace y con qué herramientas. La FAO, por ejemplo, defiende el uso de biopesticidas “probados”, como Metarhizium acridum, que actúa sobre langostas y saltamontes y se plantea como opción en ecosistemas sensibles o cerca de agua y apicultura.
También hay decisiones de campo que marcan la diferencia. La FAO recuerda que el mejor momento para aplicar tratamientos suele ser cuando los insectos están posados en el suelo, temprano por la mañana o a última hora de la tarde. Eso reduce el “ir a ciegas” y mejora la eficacia.
Qué puede pasar ahora
El pronóstico inmediato de la FAO es prudente pero claro. Advierte de que grupos de adultos y pequeños enjambres podrían seguir moviéndose hacia el norte en Marruecos y Argelia, y que el aumento de la reproducción puede generar nuevas bandas de ninfas. Por eso insiste en mantener prospecciones y control sostenido para evitar nuevas infestaciones.
Este riesgo encaja con lo que la propia FAO ya apuntó en enero al hablar de un patrón más húmedo, con condiciones que podrían favorecer la cría primaveral en Marruecos y Argelia. Si el tiempo acompaña, el “reloj biológico” de la langosta va más deprisa.
Para el lector en España, especialmente en Canarias, la recomendación sensata es seguir los avisos locales y reportar avistamientos relevantes si se observan concentraciones. En Lanzarote, el Cabildo pidió precisamente esa colaboración ciudadana para poder reaccionar rápido si la situación cambia. Y eso se nota cuando toca actuar.
La última actualización oficial sobre este brote ha sido publicada en Locust Watch de la FAO.











