Los investigadores no se lo creen: un grupo de aves ha empezado a hacer algo que los científicos no han visto jamás

Publicado el: 15 de abril de 2026 a las 18:43
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Ave tropical tangara multicolor alimentándose en bosque nuboso de Perú.

En los bosques nubosos del norte de Perú, algunas aves tropicales están moviendo su calendario reproductivo de una forma que, hasta ahora, no se había medido con este nivel de detalle. Un estudio de campo de cinco años concluye que las especies que se alimentan de insectos pueden retrasar la cría casi medio año y hacerlo de forma distinta incluso entre montañas relativamente cercanas.

La clave parece estar en algo tan sencillo como imprevisible (la lluvia). Cuando cambian las precipitaciones, cambian los insectos y, detrás, cambian las decisiones de las aves para sacar adelante a sus polluelos. ¿Qué ocurre cuando el clima deja de ser “fiable” y el alimento aparece antes, después o a trompicones?



Cinco años en el bosque nuboso

La investigación la lideraron Felicity Newell e Ian Ausprey, hoy profesores en Texas A&M University, con Scott Robinson como coautor desde el Florida Museum of Natural History. Para entender cuándo y por qué anidan las aves tropicales, el equipo trabajó en ocho montañas de los Andes del norte de Perú, a lo largo de un territorio de más de 100 kilómetros.

No se limitaron a observar desde lejos. Usaron redes de niebla para capturar aves y buscar señales de reproducción reciente, como la “placa de incubación” en hembras o indicadores de preparación para el apareamiento en machos. Además, midieron flores, frutos, lluvia y biomasa de insectos para conectar clima, alimento y cría en un mismo análisis.



Al final del trabajo, habían capturado y liberado más de 8.000 aves, documentado cerca de 4.000 eventos reproductivos, recolectado 48.000 insectos y localizado 318 nidos. Es el tipo de cifra que, en ecología de campo, suele significar botas con barro, jornadas largas y mucha paciencia.

Cuando 100 kilómetros son medio año

Hasta ahora, la idea general era que, en los trópicos, la época de cría podía moverse unas semanas y, como mucho, alrededor de un mes. Ese “límite” venía de los datos disponibles y de décadas de observación naturalista, pero también de una realidad incómoda, en los trópicos hay menos series largas y comparables.

Este nuevo trabajo sugiere que esa variación se había subestimado, al menos en montañas tropicales con estaciones húmedas y secas bien marcadas. Y lo más llamativo es que no cambia solo una especie, cambian “trozos enteros” de la comunidad, según describen los autores.

La sorpresa llegó con las aves insectívoras. “No esperaba esta cantidad de variación”, reconoció Newell al ver que comunidades enteras podían desfasarse casi seis meses. En zonas separadas por unas 60 millas, una comunidad podía criar en mayo y otra en octubre, algo que no se había descrito tan cerca del ecuador.

El umbral que lo cambia todo

El patrón no es aleatorio. El equipo encontró que el “punto de giro” entre criar en una estación u otra se relacionaba de forma muy fuerte con la biomasa de insectos, hasta el punto de identificar un umbral medio de 43 miligramos por metro cuadrado. Por encima de ese valor, los insectívoros podían reproducirse cuando la estación seca iba terminando, pero por debajo la comunidad “daba la vuelta” y pasaba a criar al inicio de la temporada de lluvias.

Esto ayuda a entender por qué el calendario puede cambiar de golpe. En un análisis anterior con datos recogidos en la misma zona, el equipo observó descensos de alrededor del 50% en la biomasa de artrópodos tras periodos cortos tanto de sequía como de lluvias intensas. La biomasa, en cambio, tendía a ser mayor con precipitaciones intermedias, como si el ecosistema funcionara con un equilibrio tipo “ni muy seco ni muy empapado”.

Doble presión en los Andes

La lectura ambiental es clara, aunque conviene matizar. El estudio no afirma que todas las aves vayan a cambiar su reproducción de forma automática, pero sí sugiere que pueden existir umbrales y saltos bruscos cuando el alimento cae por debajo de ciertos niveles. Si las lluvias se vuelven más extremas o irregulares, los insectos podrían ser de los primeros en responder, y eso se notaría sobre todo en las especies que dependen de ellos.

Además, el clima no es la única presión. Los Andes tropicales son un “hotspot” de biodiversidad con más de 1.500 especies de aves, muchas muy especializadas y con rangos estrechos. En trabajos recientes en la región, la pérdida de bosque por expansión agrícola se ha asociado a caídas de hasta un 60% en el número de especies en un área y a descensos que pueden llegar al 93% al pasar de bosque a pastos abiertos.

Qué significa esto en la práctica

Puede sonar a curiosidad científica, pero tiene consecuencias reales. La reproducción es el momento de mayor gasto energético para las aves y el periodo en el que más dependen de que el alimento “esté ahí” justo a tiempo para alimentar a los polluelos. Si fallan los insectos, fallan los polluelos, y eso repercute en toda la red ecológica.

La parte esperanzadora es que hay margen de actuación local, incluso en paisajes ya transformados. En estudios de la zona, aumentar árboles en sistemas de silvopastoreo o mantener setos y hileras de vegetación se ha relacionado con mejoras medibles, con subidas del 18% al 20% en la riqueza de especies en tierras muy desarrolladas cuando se añadían árboles o elementos de vegetación por hectárea. No es magia, pero ayuda, y se nota.

El estudio se ha publicado en Global Change Biology.

Imagen autor

Adrián Villellas

Adrián Villellas es ingeniero informático y emprendedor en marketing digital y ad tech. Ha liderado proyectos de analítica, publicidad sostenible y nuevas soluciones de audiencia. Colabora además en iniciativas científicas ligadas a la astronomía y la observación espacial. Publica en medios de ciencia, tecnología y medioambiente, donde acerca temas complejos y avances innovadores a un público amplio.

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