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El reto de la seguridad alimentaria
No es esta la única referencia a las vacas europeas que se va a realizar en este artículo. Una de las principales crisis alimentarias que se ha producido en Europa en los últimos años fue la conocida como crisis de las vacas locas
Enviado por: ECOticias.com / Red / Agencias, 21/06/2012, 11:39 h | (701) veces leída

El Premio Nobel de Economía Joseph Stiglitz escribió en 2006 esta frase haciendo referencia al hecho de que “una vaca europea recibe en promedio dos dólares diarios de subsidio”,-cantidad que se consideraba en ese momento  el umbral de la pobreza-,  sin embargo, “más de la mitad de las personas de los países en desarrollo viven con menos que eso”. Como conclusión,  afirmaba, “parece que es mejor ser vaca en Europa que pobre en un país en vías de desarrollo”.Las sangrantes diferencias entre los países del primer mundo y los demás quedan gráficamente plasmadas en la conocida expresión del economista estadounidense.

No es esta la única referencia a las vacas europeas que se va a realizar en este artículo. Una de las principales crisis alimentarias que se ha producido en Europa en los últimos años fue la conocida como crisis de las vacas locas, derivada de la  encefalopatía  espongiforme bovina. La gravedad de este problema y de sus consecuencias  determinó un importante impulso  en materia de seguridad alimentaria. Como veremos más adelante, en las sociedades desarrolladas, las vacas viven, efectivamente, mejor que los pobres en países en vías de desarrollo; sin embargo, no hay que olvidar que el buen cuidado y la adecuada  nutrición de las vacas en el primer mundo se vincula  a la seguridad alimentaria.

La idea de la seguridad alimentaria tiene una dimensión diferente en los países en vías de desarrollo que en los países desarrollados. En tanto que en los primeros la seguridad alimentaria va unida al concepto de subsistencia, y, en consecuencia, forma parte esencial de  las políticas de cooperación al desarrollo,  en los segundos se vincula especialmente a  la inocuidad,  calidad  y diversidad de los alimentos.

En 1996, se produce en Roma una Declaración  sobre la Seguridad Alimentaria Mundial y se formula un  Plan de Acción de la Cumbre Mundial sobre la Alimentación. En este contexto se aporta una importante definición de seguridad alimentaria: .“Existe seguridad alimentaria cuando todas las personas tienen en todo momento acceso físico y económico a suficientes alimentos inocuos y nutritivos para satisfacer sus necesidades alimenticias y sus preferencias en cuanto a los alimentos a fin de llevar una vida activa y sana.”  Esta definición combina las dos dimensiones de la seguridad alimentaria a las que se ha hecho referencia: la garantía del  acceso a los alimentos, en relación con el tercer mundo, y, en cierta medida también con el segundo, -países emergentes-, y el carácter inocuo, nutritivo y variado de los mismos, cuya garantía se proyecta fundamentalmente en la actualidad  en el  primer mundo. A continuación se va a hacer referencia  a la seguridad alimentaria en el ámbito de los países desarrollados, en concreto, en la Unión Europea y en España.

A golpe de crisis

La libre circulación de alimentos seguros y saludables resulta fundamental para  la salud y el bienestar de los ciudadanos, así como para garantizar sus intereses sociales y económicos. La globalización ha determinado que el mundo se esté convirtiendo en un gran mercado en el que participan muchos agentes (productores, transformadores, distribuidores, vendedores , consumidores), procedentes de diversos lugares y sometidos a distintas regulaciones. Las ventajas que esta nueva realidad aporta desde el punto de vista de la producción, el comercio, así como de la satisfacción de los propios consumidores, van acompañadas de nuevos riesgos, que demandan  un estricto control  de la seguridad alimentaria. En los últimos tiempos, los avances tecnológicos y científicos han permitido detectar una serie de crisis alimentarias que muestran cómo en relación con estos problemas no existen fronteras, así como su importancia para el desarrollo y evolución de la legislación en esta materia. La experiencia derivada de estas situaciones nos permite afirmar que la regulación en materia de seguridad alimentaria avanza a golpe de crisis.

En España la crisis más grave que se ha producido hasta el momento ha sido la derivada del consumo del aceite de colza desnaturalizado. El primer caso se produjo en 1981. Se produjeron más de 4.000 fallecimientos y un gran número de personas quedaron afectadas con graves secuelas. Se trataba de un aceite de bajo precio, por lo que la intoxicación afectó fundamentalmente  a las capas más desfavorecidas de la sociedad. El aceite, desnaturalizado con anilina, era en realidad para uso industrial y había sido comprado en Francia .

En 2001 se produjo una nueva crisis en relación con el aceite. En este caso se trató del hallazgo en aceite de orujo español  de  altos valores de benzopirenos, hasta 400 veces superiores a los tolerables. Los benzopirenos son sustancias potencialmente cancerígenas, pero lo cierto es que la rápida adopción de las medidas de inmovilización determinó el que no se produjeran víctimas, si bien las pérdidas fueron superiores a los 70 millones de euros. Sin embargo,  la crisis más grave en Europa ha sido la conocida como crisis de las vacas locas, con repercusiones a escala mundial. Tradicionalmente se afirma que en materia de seguridad alimentaria hay un antes y un después de esta crisis, que se inició en el Reino Unido. En 1996 se detectó el primer caso. En esta fecha los científicos comprobaron que la encelopatía espongiforme bovina podía transmitirse a las personas al ingerir carne contaminada con priones, causando una patología neurodegenerativa grave. El origen del problema fue la falta de control de las materias primas con las que se elaboraban los piensos animales. A partir de la crisis de las vacas locas  se puso de manifiesto la necesidad de que los controles en materia de seguridad alimentaria dejaran de ser fragmentarios. Se produce un cambio fundamental en materia de seguridad alimentaria, surge  el lema que titula este artículo, “ de la granja a la mesa”,  cuyos fundamentos determinan  un cambio copernicano en  el enfoque de esta cuestión. En este nuevo planteamiento aparece la trazabilidad como concepto clave que exige conocer todas las fases de producción, transformación y distribución de los alimentos, con el fin de poder garantizar un consumo seguro al permitir  detectar el momento del proceso en que, en su caso, se pueda plantear un  problema.  En este contexto se impulsa la creación de  la Agencia Europea de Seguridad Alimentaria (European Food  Safety Authority, EFSA) y de la Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición (AESAN) y se articula un sistema de alerta en red cuyos resultados no han sido del todo satisfactorios por el momento.

Otra crisis alimentaria que tuvo una gran repercusión en todo el mundo fue la producida por  la gripe aviar. Surgió en 1997 en Hong Kong, al transmitirse a  humanos que tenían mucho contacto con las aves, una enfermedad que hasta el momento solo se había propagado entre dichos animales. Esta crisis determinó el sacrificio de millones de aves, principalmente en el continente asiático, y  causó graves pérdidas en el sector. También en relación  con el pollo se produjo una importante crisis en 1999, con origen en Bélgica, como consecuencia de la aparición en el organismo de dichos animales de dioxinas, sustancias cancerígenas que se produjeron al reciclar grasas y aceites con los que se fabricaban, a su vez, piensos para aves que fueron vendidos por toda Europa. En España, en 2005, se produjo otra crisis relacionada con el pollo, en este caso debido al consumo de pollos precocinados contaminados, que produjo numerosos afectados y una víctima mortal. También en nuestro país son cíclicas las crisis producidas por la peste porcina que, si bien no afectan a la salud de las personas, obligan al sacrificio de los animales y causan importantes pérdidas en el sector. En 2009 se produjo un brote de gripe en México que causó una gran alarma por la gravedad y el número de afectados, que se atribuyó inicialmente al ganado porcino, pero que posteriormente se demostró que se trataba de una nueva cepa de la gripeA , el H1N1. La última crisis importante en nuestro ámbito se produjo en verano de 2011 como consecuencia del brote del síndrome urémico hemolítico inicialmente en Alemania. Se trataba de  brote epidémico causado por la infección  tóxica de un serotipo de la bacteria Escherichia coli, el O104:H4, perteneciente a los filos Escherichia coli enterohemorrágica (EHEC) que produjo la muerte de al menos 32 personas en Alemania y más de un millar de infectados.

La crisis del pepino

 Este brote provocó una crisis alimentaria conocida como crisis del pepino español. Tras una primera y equivocada  acusación  por parte de las autoridades de Alemania contra los pepinos procedentes de nuestro país como causantes de la epidemia, los análisis impuestos por la Comisión Europea demostraron que no había contaminación por E. coli en los cultivos españoles de pepinos en Almería, Granada y Málaga, y que la bacteria hallada en las muestras de pepinos importados eran de un tipo de E. coli distinto a la bacteria epidémica. Los agricultores andaluces demandaron una reforma de la normativa europea en esta materia alegando que era necesaria la implantación de  un  nuevo sistema de trazabilidad de los productos, dado que el existente, si bien  había demostrado su eficacia en relación con la  plantación, recolección, manipulado y envasado, no había dado resultados en relación con  el transporte y la posterior comercialización en destino. Estos argumentos se formularon porque, en el período de gestión de la crisis,  se llegó a afirmar que los pepinos españoles habían adquirido la bacteria durante el transporte o en los almacenes de destino en donde se depositaban para su posterior distribución. Sin embargo, al final se consideró que la causa de la epidemia habían sido unos germinados o brotes de soja cultivados en el norte de Alemania. En ese sentido se pronunció el Instituto Robert Koch de Berlín, que previamente había descartado situar el origen de la enfermedad en los pepinos españoles. Finalmente se  confirmó la sospecha inicial de que el origen de la bacteria en este caso estaba en las ensaladas que mayoritariamente habían consumido los afectados,  pero se dictaminó que el problema no estaba en los pepinos españoles sino en  los brotes de soja alemanes. La conclusión es que la crisis de la E. Coli ha puesto una vez más en entredicho la eficacia de los sistemas de control de los alimentos y ha lesionado la reputación de los negocios agroalimentarios.

Ana de Marcos
Profesora de Derecho Administrativo
Universidad Autónoma de Madrid

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