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3 malentendidos sobre calidad del aire y ciudades. La situación en Barcelona y Madrid

El clima y la geografía influyen, y mucho; pero no son el principal elemento que explica por qué hoy la contaminación asociada al tráfico de vehículos es un problema de salud pública mayúsculo.
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Fecha de publicació: 26/11/2013, 09:30 h | (498) veces leída

Este 21 de noviembre con motivo del Día Mundial del Aire Puro, publicamos un análisis de Oriol Lladó sobre la calidad del aire de las ciudades más pobladas del estado español: Barcelona y Madrid. A pesar de sus diferencias geográficas y climatológicas, hay algo en común entre ambas ciudades y es que ninguna de las dos ha resuelto, de momento, la problemática de la calidad del aire. Y también algo que comparten con el resto de ciudades, pueblos y comunidades: los malentendidos que existen cuando se habla de calidad de aire.

Hay tres malentendidos básicos cuando hablamos de ciudad y contaminación:

1. Que sólo es una cuestión de clima y geografía, que nosotros podemos hacer poco. Falso. El clima y la geografía influyen, y mucho; pero no son el principal elemento que explica por qué hoy la contaminación asociada al tráfico de vehículos es un problema de salud pública mayúsculo. Por ejemplo, el hecho de que Barcelona esté situada en las faldas de la sierra de Collserola dificulta que el viento pueda ventilar la ciudad y combinado con determinados fenómenos meteorológicos (anticiclones y viento) provoca escenarios especialmente complicados. Pero donde se puede actuar es en el modelo de ciudad (que determina densidades, volúmenes, usos) y, en especial, con las políticas públicas (restricciones de vehículos, fiscalidad, inversiones en transporte público, limitaciones de velocidad, carriles VAO, etc.). La mejora del aire en nuestras ciudades depende de nosotros, no es una fatalidad que se tiene que aceptar resignadamente.

2. Que cuando hablamos de emisiones sólo hablamos de lucha contra el cambio climático. Hay conceptos que van de la mano en nuestros medios de comunicación. Hablar de las emisiones de gases de los vehículos equivale, casi automáticamente, a hablar sobre el cambio climático. Las emisiones no sólo son perjudiciales en los escenarios de futuro a medio y largo plazo del planeta, sino que tienen efectos en clave de presente, ahora y aquí, en las ciudades donde vivimos. Hablar de las emisiones de determinados vehículos no es sólo hablar de la salud del planeta, sino de nuestra salud.

3. Que las políticas de movilidad nos complican el día a día. Las políticas más avanzadas de gestión de la movilidad en nuestras ciudades no significan un retorno al pasado, una caza de brujas contra el vehículo privado. Todo lo contrario, y los datos lo avalan, una gestión de la movilidad inteligente implica, si tiene éxito, una mejora de la competitividad, para empezar con menos atascos y retenciones y con un aumento de la calidad de vida con efectos perceptibles en salud pública (menos afecciones respiratorias) y bienestar general (disminución de la polución sonora)

. La apuesta por un mejor transporte público y el desarrollo de la electromovilidad permiten asegurar que los tiempos de trayecto dentro de la ciudad no sólo no se vean afectados, sino que pueden llegar a mejorar. 4. ¿Dónde estamos? La situación de Barcelona y Madrid Madrid y Barcelona comparten una importante densidad en cuanto al modelo urbanístico y una utilización intensiva del vehículo privado y con un preocupante porcentaje de coches diesel (los más contaminantes) en sus calles. Ambas han recibido reiterados avisos sobre su mala calidad de aire.

Un informe reciente de Ecologistas en Acción es muy crítico respeto la calidad del aire en el estado español y cita los casos de Madrid y Barcelona, las dos ciudades más pobladas. Poner la lupa de nuestra atención sobre su asfalto es útil para tratar de ver en qué situación nos encontramos actualmente en el país.¿Es posible comparar la situación de estas dos ciudades? Sólo parcialmente. Ambas tienen estrategias diferentes y sistemas de auditoría que dificultan una comparación clara, y unas características geográficas previas bastante diferenciadas. Lo que sí que podemos decir, sin embargo, es que en ambos casos el de la calidad del aire es un problema no resuelto. La situación geográfica de Barcelona le complica las cosas, cómo hemos visto: la montaña de Collserola dificulta que los vientos norteños puedan ‘ventilar’ adecuadamente la ciudad y eso aumenta el impacto de la contaminación, especialmente cuando hace más calor y hay anticiclones.

Por otro lado, el diseño del Ensanche, con calles relativamente estrechas y con edificios altos y que, además, soportan un elevado tránsito, genera elevadas concentraciones de contaminantes en el mismo centro de la ciudad. Hay que decir, además, que Barcelona es la ciudad con mayor densidad de vehículos por Km2 en todo Europa (6.100 frente a los 1.500 en ciudades como París y Berlín). La apuesta por el transporte público -destacables los últimos cambios en la red ortogonal de autobuses con el objetivo de hacer ganar competitividad al mercado-, la inversión en electromovilidad y vehículos híbridos y determinadas reformas (a estas alturas en curso en General Mitre o próximamente en Les Glòries) van encaminadas a reducir los contaminantes y a cumplir con las directivas europeas. Estas medidas están enmarcadas en el Plan de movilidad 2013-2018.

Hay otras medidas encima de la mesa, como la restricción del tránsito mediante peaje o una disminución de la velocidad, que no se han llegado a impulsar o que se han impulsado parcialmente por falta de consenso político. Habrá que ver si las diferentes políticas contempladas consiguen el objetivo de situar la concentración de contaminantes en los límites establecidos por la UE. El caso de Madrid es diferente. Su situación geográfica y diseño urbanístico no genera un escenario tan adverso de partida. Aun así, comparte con Barcelona la existencia de grandes vías de acceso rodado para entrar y salir de la ciudad y un tránsito bastante intensivo y sufre una situación de más débil voluntad política a la hora de encarar el tema.

Los índices de contaminación de la ciudad de Madrid han bajado desde 2008 —un fenómeno similar también se ha dado en Barcelona— debido a la reducción del tráfico y a un menor consumo de combustibles -atribuible a la crisis, según algunos expertos. La calidad del aire, sin embargo, sigue incumpliendo los valores límite. Cinco de las seis zonas en que está dividida la capital “registran la superación de valores límite legales o valores recomendados por la OMS para alguno de los contaminantes”.

Entre las recomendaciones de Ecologistas en Acción está la de poner en marcha un plan de movilidad peatonal, incorporar vehículos de transporte público eléctricos, segregar los carriles bus del resto del viario, disuadir sobre el uso del coche, fijar sistemas de peaje de acceso al centro que penalicen los vehículos más contaminantes y hacer cumplir el límite de velocidad de 50 km/h en la ciudad.

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