Piden recuperar el río Guadiamar clave para salvar Doñana, y lo hacen en un momento en el que la presión sobre el mayor humedal de España ha dejado de ser una advertencia para convertirse en una urgencia respaldada por informes científicos, recomendaciones internacionales y una sentencia del Tribunal de Justicia de la Unión Europea.
La reclamación no es nueva, pero sí más contundente que nunca: sin la restauración integral del río Guadiamar —el principal aporte fluvial a la marisma— cualquier estrategia para recuperar Doñana queda incompleta, insuficiente y, en el peor de los casos, condenada al fracaso a medio plazo.
Piden recuperar el río Guadiamar clave para salvar Doñana con una restauración integral
Expertos y colectivos reclaman una restauración urgente del “río de Doñana” para cumplir con Europa y evitar el deterioro irreversible del humedal.
Un paseo por el río Guadiamar hoy revela un sistema fluvial fragmentado, moldeado por décadas de intervención humana. Los flujos naturales continuos han sido reemplazados por cauces alterados, tramos desconectados y tierras drenadas, lo que perturba gravemente la dinámica hidrológica.
Esta transformación afecta directamente a Doñana, que depende de un frágil equilibrio entre los aportes de aguas superficiales y subterráneas. Cuando el río Guadiamar no suministra agua adecuadamente, los humedales se reducen, la vegetación se debilita y las especies clave sufren un estrés ecológico cada vez mayor.
El río Guadiamar no es un elemento secundario dentro del ecosistema de Doñana. Es, en términos hidrológicos, uno de sus pilares históricos. Durante décadas, sus aportes de agua dulce han contribuido a mantener el equilibrio de la marisma, un sistema extremadamente sensible donde pequeñas alteraciones generan efectos en cadena sobre la biodiversidad.
Sin embargo, ese equilibrio se rompió progresivamente a lo largo del siglo XX, cuando transformaciones agrícolas, drenajes y modificaciones del cauce alteraron su conexión natural con Doñana. Hoy, uno de los puntos más críticos es el denominado Caño Guadiamar, un tramo de unos 8 kilómetros que permanece aislado, desconectado de su dinámica original y, por tanto, incapaz de cumplir su función ecológica.
Piden recuperar el río Guadiamar clave para salvar Doñana, porque sin esa reconexión, el sistema sigue funcionando con una pieza esencial fuera de lugar.
Un río fragmentado que ya no cumple su función en el equilibrio de Doñana
Recorrer hoy el río Guadiamar es entender físicamente lo que durante años han descrito los informes técnicos: un río dividido, intervenido y adaptado a usos humanos que han terminado por limitar su capacidad natural de alimentar la marisma. Donde antes existía un flujo continuo de agua, sedimentos y nutrientes, ahora aparecen tramos desconectados, canales modificados y zonas que fueron drenadas para uso agrícola, alterando profundamente la dinámica hidrológica.
Este cambio no es menor. Doñana depende de un delicado equilibrio entre aportes de agua superficial y subterránea, y cualquier alteración en ese sistema afecta directamente a sus lagunas, a la vegetación y, en consecuencia, a especies emblemáticas como el lince ibérico o las aves migratorias. Cuando el río Guadiamar deja de aportar agua en condiciones adecuadas, lo que se resiente no es solo el río, sino todo el ecosistema que depende de él.
Una obra compleja que implica rehacer décadas de transformación del territorio
La solución que plantean científicos y colectivos no es sencilla ni rápida. Recuperar el Guadiamar implica intervenir sobre un territorio profundamente transformado durante décadas. Significa, en la práctica, revertir parte de esas modificaciones: devolver al río zonas que fueron drenadas, restaurar su cauce natural y garantizar que el agua que llega a Doñana lo haga en condiciones óptimas.
Esto requiere lo que los expertos denominan una obra de bioingeniería de gran escala, un tipo de intervención que no solo reconstruye físicamente el entorno, sino que intenta restablecer procesos naturales. El coste económico de una actuación así puede ser elevado, pero el coste de no hacerlo, advierten, podría ser mucho mayor si el deterioro del humedal continúa avanzando.
Piden recuperar el río Guadiamar clave para salvar Doñana, porque en este caso no se trata de mejorar un sistema, sino de evitar su degradación progresiva.
Europa ya ha advertido a España: el tiempo de actuar se está agotando
El contexto en el que se produce esta reclamación es especialmente relevante. En junio de 2021, el Tribunal de Justicia de la Unión Europea condenó a España por la insuficiente protección de los acuíferos y zonas protegidas de Doñana, una sentencia que no solo señalaba problemas existentes, sino que exigía medidas concretas.
A esto se suman las recomendaciones reiteradas de organismos internacionales como UNESCO y RAMSAR, que han advertido en varias misiones de que la situación del espacio natural requiere actuaciones urgentes, especialmente en lo relativo a la calidad del agua y a la recuperación de aportes hídricos.
En ese contexto, la restauración del río Guadiamar deja de ser una opción técnica para convertirse en una obligación política y ambiental. No se trata solo de mejorar Doñana, sino de cumplir compromisos internacionales y evitar sanciones futuras.
Un proyecto pendiente desde hace décadas que vuelve al centro del debate
La recuperación del Guadiamar no es una idea nueva. Ya en 1999 fue declarada actuación de interés general, y más tarde se incorporó al proyecto Doñana 2005, que planteaba una restauración integral del sistema hídrico del entorno.
Sin embargo, el paso del tiempo ha demostrado que muchas de esas actuaciones quedaron incompletas o no alcanzaron el impacto esperado. Hoy, más de dos décadas después, el proyecto vuelve al centro del debate, pero con una diferencia clave: el margen de actuación es menor y la urgencia mayor.
Piden recuperar el río Guadiamar clave para salvar Doñana, no como una mejora futura, sino como una intervención imprescindible en el presente.
La restauración del río como pieza clave para el futuro del humedal
La situación actual de Doñana es el resultado de múltiples factores acumulados: sobreexplotación de acuíferos, cambios en el uso del suelo, presión agrícola y alteraciones hidrológicas. En ese contexto, la recuperación del Guadiamar se plantea como una de las pocas actuaciones capaces de generar un impacto estructural positivo.
Restaurar el río no significa únicamente recuperar un cauce, sino reactivar procesos naturales que afectan a todo el sistema: mejorar la calidad del agua, recuperar la dinámica de inundación y favorecer la regeneración de hábitats. Es, en definitiva, devolver al ecosistema una de sus funciones básicas.
Restaurar el Guadiamar requeriría revertir años de cambios territoriales. Los expertos proponen una ingeniería ecológica a gran escala para recuperar los flujos naturales, reconectar las llanuras aluviales y garantizar que el agua llegue a Doñana en condiciones ambientales adecuadas.
La urgencia aumenta ante la presión europea y las advertencias reiteradas. Lo que antes era un proyecto de restauración se considera ahora una acción esencial para prevenir una mayor degradación y cumplir con los compromisos ambientales ya adquiridos.

















