Energías renovables: ¿son la solución a todo?

  • Para lograr la descarbonización no hay duda que será fundamental incrementar la producción de energías renovables, pero de forma paralela se deberán desarrollar soluciones de almacenamiento innovadoras y multiplicar el grado de eficiencia en el uso de dicha energía.

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Camino a la transición energética

Lo primero que se debe entender es qué, ‘transición energética’ no solo implica desarrollar fuentes eléctricas alternativas a los combustibles fósiles, como paneles solares, geotermia biomasa, hidráulica y/o turbinas eólicas. Los circuitos energéticos deben ser considerados en su conjunto y como parte esencial de la vida de los seres humanos.

Por eso es necesario reconsiderar todo el ciclo de vida de la energía, para poder realizar cambios que tiendan a la optimización del sistema completo, desde su forma de obtención, las infraestructuras de almacenamiento y distribución, hasta los diferentes tipos de consumo, y ¿por qué no? su tarificación y venta.

A día de hoy producir toda la energía que consume el mundo empleando fuentes renovables es una utopía, especialmente para aquellos países que aún están ‘presos’ del consumo de combustibles fósiles y/o de la producción nuclear. Lo que sí se puede, es seguir propugnando el cambio, innovar en los sectores que haga falta (desarrollo de materiales, almacenamientos, etc.) y mientras tanto, ser energéticamente eficientes.

¿Podemos almacenar la energía?

Si se logra un almacenamiento de la energía verde, seguramente se dará un paso de gigante hacia la necesaria transición energética. Y eso sucede porque las fuentes más versátiles que son el Sol y el viento, no son ni regulares ni continuas, por lo que hay momentos en que se produce más de los que se necesita y otros, en los que se deben recurrir a alternativas no sostenibles.

En la actualidad, tanto las empresas como los gobiernos de casi todos los países del mundo están invirtiendo unos colosales presupuestos, con el fin de mejorar la eficiencia de las fuentes de energías renovables y desarrollar todas las aplicaciones posibles, poniendo especial empeño en obtener sistemas de almacenamiento energéticos eficientes y rentables.

Las pilas de hidrógeno, cuyo subproducto es el agua, el almacenamiento por bombeo de algunas presas, ciertos sistemas de aire comprimido, los ladrillos cerámicos y/o las baterías, son todas formas de almacenar algún tipo de energía y son invaluables herramientas para maximizar nuestros niveles de eficiencia energética.

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La importancia de ser eficiente

Combinadas con la producción de energía renovable, estas medidas pueden llegar a desempeñar un rol crucial en la descarbonización a todos los niveles, pero no garantizan el paso final hacia la transición. Y esto sucede, porque en el ciclo de vida de la energía es fundamental la etapa final: la del consumo.

Actualmente el camino que recorre la energía hasta ser consumida tiene innumerables obstáculos: mala aislación, instalaciones obsoletas, redes poco eficientes y un largo etc. Por ello, solo una fracción de la energía producida se emplea de forma eficiente, lo que hace imprescindible una modernización de los equipos, la eliminación de pérdidas y un cambio drástico en los sistemas de producción.

El consumidor final, no importa de qué tipo sea (hogar, empresa, ente público) también debe ser eficiente a la hora de emplear la energía que compra: usando bombillas, electrodomésticos y aparatos eléctricos y electrónicos de probada eficiencia, empleándolos de forma coherente y responsable, aislando adecuadamente los espacios y mucho más.

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Dado que, a día de hoy consumimos de dos a tres veces más electricidad de lo que lo hacían las generaciones de mediados del siglo pasado, la modernización y la adaptación sistémicas son cada vez más perentorias. Pero también constituyen un formidable desafío, tanto técnico como económico. Y necesita consenso, colaboración, responsabilidad y una importantísima dosis de sentido común.

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