Antinutrientes: evitar su exceso ayuda a tener una vida sana

“Tener una vida sana implica una serie de factores, uno de los que más destaca es la alimentación, de donde provienen los nutrientes necesarios para el buen funcionamiento del sistema corporal. El problema es que muchos alimentos contienen antinutrientes, que en exceso pueden ser nocivos.”

¿Qué son y dónde están?

Se les llama antinutrientes a algunos compuestos naturales presentes en una variedad de alimentos, especialmente en los granos y las legumbres, que son capaces de interferir con la absorción de minerales, vitaminas y otros nutrientes.

Estos antinutrientes pueden afectar a las enzimas digestivas, que son clave para que los nutrientes sean absorbidos de la manera más adecuada. Los antinutrientes pueden encontrarse en las raíces, las hojas y los frutos de algunas plantas, aunque en niveles mucho más bajos, que por lo general resultan más beneficiosos que dañinos.

 

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Muchos tipos diferentes de alimentos contienen antinutrientes como el ácido fítico, las lectinas y las saponinas, que pueden unirse con las vitaminas y los minerales, haciéndolos inabsorbibles y que están presentes en muchas semillas.

Para las plantas, la presencia de estos elementos funciona, en gran medida, como mecanismo de defensa. Sus antinutrientes les ayudan a repeler insectos, hongos y otros depredadores, con el fin de que las semillas puedan sobrevivir y germinar.

 

Lo más importante es saber que no todos los antinutrientes son perjudiciales para la salud de los seres humanos y que es posible controlar la ingesta, de los que sí los son. Lo fundamental es la mesura, comer una dieta equilibrada y sana, puede hacer la diferencia.

Un ejemplo son los polifenoles y los flavonoides (presentes en el vino, té, café y algunos vegetales), dos grupos de antinutrientes que, si bien hasta cierto punto, pueden inhibir la absorción de ciertos minerales, si se consumen en las dosis adecuadas, pueden ser beneficiosos.

 

Lo que sí es importante tener en cuenta es que, cada persona es un mundo y que dependiendo de la sensibilidad que tenga un individuo a lo que ingiere, hasta los antinutrientes saludables en dosis muy altas, pueden inhibir la digestión de: hierro, cobre, zinc, vitamina B1, proteínas y almidones de origen vegetal.

 

¿Cómo reducir su consumo?

A la hora de consumir semillas, destaca el hecho de que al brotar o germinar, el contenido de antinutrientes nocivos disminuye. Lo mismo sucede cuando se fermentan los alimentos, para producir probióticos.

Ello implica que, el remojar, germinar y fermentar las semillas, unas prácticas simples y que solo están limitadas por el tiempo de germinación, hacen que las mismas resulten mucho más fáciles de digerir y que se acceda al perfil nutricional completo, que ofrecen dichos alimentos.

 

Las investigaciones realizadas demuestran que, los granos enteros tienen menores contenidos de aminoácidos, su disponibilidad de proteínas y almidón es más baja y contienen más antinutrientes, que las semillas que se han germinado.

En el caso de las semillas sin dudas lo mejor es comer sus brotes y en el de la mayoría de los vegetales, es mejor cocerlos previamente a su ingestión; estos simples pasos aumentan la absorción de vitamina B12, de oligoelementos y minerales beneficiosos facilita su digestión, disminuye el riesgo de reacciones alérgicas y libera más vitaminas, aminoácidos y fibra.

 

Estos procedimientos no implican que los brotes, y los vegetales una vez cocidos, pierdan por completo los antinutrientes que contienen, pero su porcentaje será significativamente menor, ante la opción de comerlos enteros y crudos.

 

REDACCION/ECOTICIAS.COM

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