Si asesinaron al célebre Cecil ¿qué les espera a los demás?

Si asesinaron al célebre Cecil ¿qué les espera a los demás?

“Cecil, un famoso león africano mil veces fotografiado por los turistas, vivía en libertad en el Parque Nacional de Hwange en Zimbabue portando un collar de GPS. Un cazador estadounidense con permiso para matar con arco y flecha lo abatió para quedarse con su cabeza y su piel por 50 mil euros.”

¿Tiene precio una vida?


No solo los animalistas, sino la opinión pública mundial están azorados e indignados, desde que se conociera la noticia del vil asesinato del que fue objeto el león Cecil, la “estrella” del Parque Nacional de Hwange a quien los visitantes solían fotografiar con asiduidad.

Las primeras noticias eran confusas e inexactas: que si el cazador era un furtivo, que si era español (en realidad fue un dentista estadounidense), que si estaba acompañado por uno, dos y hasta tres guías. Lo cierto es que el animal está muerto y su cabeza y su piel adornan alguna estancia por una cifra irrisoria, comparada con la preciosa e irremplazable vida de un animal, que a pesar de ser mundialmente conocido vivía en libertad.

No solo los animalistas, sino la opinión pública mundial están azorados e indignados, desde que se conociera la noticia del vil asesinato del que fue objeto el león Cecil, la “estrella” del Parque Nacional de Hwange a quien los visitantes solían fotografiar con asiduidad.

“Cría fama”

España ostenta el no muy honroso segundo puesto en importación anual de cabezas de león desde África con 443, según datos del único país que posee un censo “oficial” de las cazas en su territorio que es Pretoria y tras los EEUU que se llevan la palma con 2492. Pero el continente negro es muy grande y los destinos de los cazadores son muy variados, por lo que esas cifras se deben tomar únicamente como referencia.

La triste fama se ve acrecentada por varios incidentes aciagamente notorios, como el del rey Juan Carlos en Botswana, los safaris que se sabe fueron “regalos” en ciertas tramas de corrupción y la tradición cinegética que nos distingue desde tiempos inmemoriales. Pero también otros países de la Unión Europea como Alemania o Italia la tienen y están muy por detrás en las estadísticas.

Una muerte evitable


Desde enero del corriente año, la Unión Europea ha prohibido de forma terminante que ninguno de los países que la integran importe este tipo de trofeos, si el cazador no posee un permiso especial. Desde las organizaciones de animalista se le ha exigido a Bruselas que publique el listado de licencias otorgadas, con el fin de ejercer un contralor serio sobre tales eventos.

Sudáfrica permite la caza de leones en su territorio, pero únicamente los que están en cautiverio que son unos 8000 y se encuentran en espacios especiales; los 3000 que viven en estado salvaje son intocables. También es factible conseguir permisos de caza de estos felinos en Mozambique, Tanzania o Zambia. En cambio la ley los protege y persigue a los cazadores en Botswana y en Kenya.

Pero más allá de que existan granjas de cría, leyes protectoras y permisos especiales, es público y notorio el hecho de que Cecil tenía un collar GPS que monitorizaba sus movimientos (que se encontró roto a un lado de su cadáver) y que estaba dentro de un Parque Nacional donde se prohíbe cazar, que se supone es el lugar más seguro para un animal de esas características.

Además, en toda África existe una lucha enconada contra los furtivos, cazadores expertos atraídos por grandes cantidades de dinero que son capaces de cobrarse la pieza que sea, a cambio de suculentos pagos. Se ha hablado mucho del tema: pobreza extrema que lleva a actos de esta naturaleza, falta de educación y conocimientos de las consecuencias de la desaparición de los especímenes salvajes y sobre todo personas con dinero y sin escrúpulos, que no vacilan en explotar este lucrativo “negocio”.

Cazador cazado


Tras las primeras versiones vagas y difusas, se supo por boca de uno de los guías de la expedición, que Walter J. Palmer, un dentista de Minesotta fue quien cazó al infortunado animal, primero atrayéndole con un cebo (un animal muerto) fuera de los límites del Parque, para después dispararle una flecha y dejarle agonizar, hasta que tras su muerte pudo finalmente quitarle la piel y la cabeza y llevárselas a su casa como recuerdo.

Según las últimas informaciones este señor ha dicho estar arrepentido de haber matado a Cecil y culpa de todo el incidente a los guías, pues según explica, él no supo hasta que no se acercó al cuerpo del león, que éste tenía collar. Alega haber estado convencido en todo momento de haber hecho las cosas “legalmente”.

En resumen, todo salió mal: fallaron los controles humanos, falló el sentido común, primó el ansia de trofeos y cien excusas más. Pero lo cierto es que Cecil representa uno más en la lista de muertos por diversión, en manos de personas con dinero que valoran la vida de un animal en cifras y se aprovechan de la necesidad de los africanos y de un tinglado no siempre muy “legal” que se ha montado en torno a la caza.

El llamado “león más bello de Zimbabue” ya no está para salir en las fotos, pero queda mucho por hacer, porque unos pocos miles de “Cecils” aun disfrutan de la libertad en las sabanas de África, ignorantes de que en algún lugar del mundo, alguien prepara su bolsillo y sus armas para segar sus vidas. Y nadie se enterará de ello, porque no son “famosos”, sino uno más de los pobladores naturales del lugar.

Comparte esta noticia!

Una leona hace de MAMA a una cría de antílope y no es broma

Una leona hace de MAMA a una cría de antílope y no es broma

El maltrato animal subvencionado y aplaudido por la Comunidad Valenciana

El maltrato animal subvencionado y aplaudido por la Comunidad Valenciana