¿Podemos plastificar el CO2 para salvarnos?

  • Las regulaciones más estrictas sobre el uso de combustibles fósiles están impulsando a la ciencia a encontrar nuevas formas de producir un material que es clave para la vida moderna tal y como la conocemos: el plástico.

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Bioplásticos

Una de las pocas alternativas con las que contamos a día de hoy son los bioplásticos, que resultan respetuosos con el medio ambiente, pero se producen a costa de un gran consumo energético, por lo que son mayor fuente de emisiones de CO2. Además, no se biodegradan por ‘arte de magia’, sino que para acelerar el proceso y que sea eficiente se deben emplear compostadores industriales, que suman más energía y emisiones a la ecuación final.

Por ello desde el punto de vista ambiental, los bioplásticos no son la mejor alternativa a los plásticos, puesto que, entre el transporte, la producción, la recogida y el procesamiento final, la cadena de los bioplásticos suele tener una huella de carbono tel, que a veces puede ser hasta más alta que la de los plásticos tradicionales.

La plaga del plástico

El plástico es un gran problema ambiental: alrededor de 7.300 millones de toneladas de plástico cubren la tierra y llenan los mares, ya que los hay por todos lados. Pero también es omnipresente en el buen sentido, porque es un material que ha revolucionado la vida en el siglo XX y ha dado lugar a infinidad de avances científicos, médicos, culturales, etc.

Los investigadores han encontrado formas de convertir el CO2 en objetos cotidianos hechos de plástico, con el fin de reducir la cantidad de combustibles fósiles que utilizamos para producirlo. Su objetivo es emplear las emisiones de carbono, para reducir aún más los gases de efecto invernadero.

Colchones

Los científicos han creado colchones hechos de plástico a partir de CO2 utilizando sofisticados catalizadores, que son sustancias que aceleran la velocidad de una reacción química sin ser utilizadas en el proceso. Esto ha dado lugar a una familia de productos químicos con los que se fabrica poliuretano, el material que se encuentra en colchones, cojines, ropa de cama y hasta en el aislamiento de refrigeradores.

Dado que cada año se fabrican más de 15 millones de toneladas de poliuretano en todo el mundo, emplear CO2 como materia prima podría tener un impacto significativo en la reducción de las emisiones de carbono.

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Adiós al etileno

Uno de los objetivos más ambiciosos que hay respecto al empleo del CO2 es el de emplearlo para producir etileno, ya que aproximadamente la mitad del plástico que se produce en el mundo está hecha en base a esta materia prima, lo que lo convierte en una de las más importantes del mundo.

Si bien se cree que llevará años conseguir un plástico de estireno a partir del CO2, que sea rentable además de práctico, ya hay un grupo de científicos empeñado en desarrollar catalizadores para crear etileno, a partir de la combinación de agua, dióxido de carbono y electricidad. Y según ellos, conseguirán su objetivo antes de que se acabe la actual fuente de plásticos: el petróleo.

Más productos

Hay otra empresa que también produce poliuretano a partir del dióxido de carbono, pero su objetivo es fabricar productos de un tipo de polímeros que tienen la elasticidad del caucho, que se emplearán como recubrimiento, elastómeros y selladores. Se espera que su calidad sea aún mayor que la de los plásticos convencionales.

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Otros científicos están desarrollando policarbonatos, que se utilizan para envases reutilizables (vasos, platos, cubiertos y hasta biberones), combinando CO2 con azúcares, por ejemplo, con xilosa. Esta solución a base de glúcidos sería más segura de usar que los productos actuales que emplean BPA, un químico altamente contaminante.

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